Perros corriendo en el prado
Gauguin, Paul
París, 1848 - Atuona, Islas Marquesas, 1903
Perros corriendo en el prado, 1888 (Couse de chiens dans la prairie)
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: ''P. Gauguin 88''.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Ubicación: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Óleo sobre lienzo
92 x 72,5 cm
CTB.1999.31
Historia de la obra
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Boussod et Valadon, París, c. noviembre de 1888
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Dupuis, París, 12 de noviembre de 1888
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Hôtel Drouot, lote 24 , París, 23 de febrero de 1891. Venta Paul Gauguin; n. 25 del proceso verbal, 400 francos
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M. Jean, París
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Galerie Bernheim-Jeune, París, 7 de mayo de 1923
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Howard Young Galleries, Nueva York, 21 de junio de 1923
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Galerie Tanner, Zúrich, c. 1927
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Reid & Lefevre, Londres, 1934
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Lord Hollenden, Londres, 1935
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Henri Potez, París
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Drouot-Montaigne, lote 17, París, 19 de marzo de 1996
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Sotheby’s, lote 14, Londres, 28 de junio de 1999
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
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-Huret, J.: »P. G. Devant ses tableaux». En L’Écho de Paris. 23 feb. 1891, p. 2.
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-Huyghe, R.: Le Carnet de Paul Gauguin. París, 1952, p. 325.
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-Gauguin y los orígenes del simbolismo, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza – Sala de las Alhajas [Cat. Exp.], 2004, n. 27, p. 137.
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-Solana, Guillermo: Paisajes en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Londres, Scala, 2006, p. 81, lám. p. 80, det. p. 81.
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-Alarcó, P. y Borobia, M. (eds.): Guía de la colección. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2012, p. 274, lám.
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-Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen [Cat. Exp.], 2013, p. 68, lám. p. 69.
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Informe del experto
En 1888, Gauguin pasa una segunda temporada en Pont-Aven, entre enero y octubre, alojándose en la pensión de Marie-Jeanne Gloanec. Durante esa etapa, pinta una treintena de cuadros: paisajes que le inspiran Pont-Aven y sus alrededores. Se trata de escenas rurales en las que el artista plasma la actividad de los campesinos.
A principios de marzo, Gauguin le escribe a Émile Schuffenecker: «A usted le gusta París; a mí me atrae el campo. Me gusta Bretaña. Allí encuentro lo salvaje, lo primitivo. Cuando mis zuecos resuenan sobre este suelo de granito, oigo el tono sordo, mate y potente que persigo en pintura».
Gauguin pintó este cuadro en las inmediaciones de Pont-Aven, pues iba a todas partes a pie, por lo que siempre sus cuadros están ejecutados en un radio muy limitado.
La pradera es típica de la zona, se extiende en medio de un paisaje ondulado, marcado por la presencia en el centro de un bosquete de olmos. Estos árboles señalan la presencia de un curso de agua que en el cuadro no se ve: seguramente la escena se sitúa aguas arriba de Pont-Aven, donde el río se estrecha para convertirse en un simple arroyo.
La casa que se ve al fondo a la derecha presenta dos chimeneas con aguilón, características de las casas bretonas, pero la tercera chimenea, mucho más alta, es la de una fábrica.
La pradera está en flor, su aspecto es primaveral, y en primer término la anima la presencia de dos perros, procedimiento habitual de Gauguin, muy aficionado a colocar algún perro en sus composiciones, ya fueran campos o playas, paisajes de Bretaña o de Tahití.
A la derecha, entre los perros del primer término y la casa situada más atrás, se distingue una silueta de mujer que se inclina sobre la vegetación como si estuviera recogiendo algo, y cuya cofia dibuja una mancha blanca en la hierba.
Este cuadro de factura impresionista recuerda a Monet: la pintura está aplicada en finas capas mediante toques sutiles.
El lienzo fue ejecutado hacia mayo, antes de la visita de Émile Bernard en agosto, que supuso una revolución pictórica para ambos artistas. Emile Bernard pintó en aquellos meses Bretonas en la pradera y Gauguin le contestó con La visión del sermón, ambas obras maestras del sintetismo.
Aquí, la construcción sigue siendo clásica, con una perspectiva ascendente que guía la mirada hacia la línea de los chopos, que prolongan a la izquierda el collado y a la derecha el edificio. Los colores son realistas y el tema campestre evoca todavía a Camille Pissarro, primer maestro de Gauguin; la carrera de los perros es totalmente secundaria, aunque la obra haya tomado su título de ella.
Contrariamente a lo que ocurrió con muchos otros cuadros, Théo van Gogh consiguió vender éste enseguida, en noviembre de 1888, a un coleccionista de París.
Catherine Puget