Patio del pueblo
Llimona i Bruguera, Joan
1860, Barcelona - 1926, Barcelona
Patio del pueblo, 1924
Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "Llimona"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
37 x 46 cm
CTB.1995.156
Historia de la obra
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Maragall Subastas de Arte, Barcelona, 4 de mayo de 1995. lote 86.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-Triadó, Joan-Ramon (et. alt.): La pintura catalana. Els protagonistes dels segles XIX i XX. Barcelona, Skira-Carroggio, 1994, p. 33.
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-El paisatgisme català; del naturalisme al noucentisme en la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 14, p. 64 [Ficha de Josep Bracons i Clapés].
Informe del experto
El tema del «rincón de pueblo», como otros afines, encuentra las raíces del romanticismo, aunque en la pintura catalana empieza a aflorar con fuerza con el realismo y el naturalismo, que lo desarrollaron como un pretexto para exaltar las cosas sencillas y los aspectos más prosaicos de la realidad.
Pero aquello que en origen tenía sentido como fórmula antirretórica y anticonvencional evoluciona hacia la apoteosis de la anécdota o del pintoresquismo para acabar dando lugar a vibrantes efectismos o a efusiones líricas de carácter juego floralesco.
A ello se opuso el pesimismo de los modernistas y los posmodernistas catalanes, su exaltación de la vacío y de la marginalidad, pero también un cierto ruralismo que retomó la imagen de los «rincones de pueblo» como expresión de la Cataluña más «autentica»
Este ruralismo es bien patente en la obra de Joan Llimona y en la de otros miembros destacados del Círculo Artístico de Sant Lluc. No obstante, también fue uno de ellos, Pere Tomé Esquius, quien a principios de este siglo dio al tema un nuevo enfoque desde la perspectiva de la corriente estética conocida como novecentismo mediante sus evocaciones de los «dulces lugares de Cataluña»
En el trasfondo conceptual de la obra que se comenta, se percibe el poso de las lecciones de Josep Torras i Bages a los artistas de San Lluc, a los que se siente como «amantes del perito indígena que preferentemente buscamos la expresión de la belleza plástica en la naturaleza, en la historia, en las costumbres y en la piedad de nuestro país y de nuestra gente». En sus famosas conferencias, el consejero del Círculo y futuro obispo de Vic insistía en que a los artistas les corresponde la recreación de la belleza de la naturaleza, ponía un énfasis particular en un cierto franciscanismo, recordando cómo Francisco de Asis había enseñado a apreciar la belleza de las cosas más sencillas: «La estela inspiradora del arte, la luz resplandeciente que descubre el aspecto divino de las cosas, hasta de las más insignificantes…. Que os muestra la visión divina de todas las cosas tal cual la tenía il Poverello d’Asis»₁.
Todo ello es patente en esta nota, resuelta con toques rápidos de pincel, que representa el exterior de una masía, la típica casa rural catalana, bañado por la inconfundible luz amarilla de las últimas horas del día. Muy probablemente corresponde a los últimos años de actividad del artista, durante los cuales pintó a menudo las cercanías del pueblo de Vilassar, cerca de Barcelona
Josep Bracons i Clapé
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(1) Los fragmentos entre comillas pertenecen a Josep Torras i Bages, Ley del arte, Vic 1905, pág. 40.