Escena de playa

Josep Puigdengolas i Barrella

Puigdengolas Barrella, Josep

1906, Barcelona - 1987, Barcelona

Escena de playa, 1952

© José Puigdengolas, VEGAP, Madrid, 2018

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Puigdengolas"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

88 x 116 cm

CTB.1988.27

Historia de la obra

  • Sotheby’s, Londres, 22 de junio de 1988. lote 293.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2015

Días de verano. De Sorolla a Hopper, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 28, pp. 92-93, lám.

  • -Días de verano. De Sorolla a Hopper. Moreno, Lourdes (ed.)[Cat. exp. Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2015, n. 28, pp. 92-93, lám.

Informe del experto

Puigdengolas  había pintado muchos años en Mallorca. A los 19 años empezó a pintar allí con Enrique Galwey.  Más tarde, entabló relación con otros pintores;  Mir, Anglada Camarasa,  Meifrén , Llorens Artigas , Junyer i Vidal, entre otros. El paisaje Mallorquín, ocupa un lugar destacado en su obra, se identificó totalmente con él y pintó más de 30 años en la isla. A principio de los años 50, decidió vender la casa que tenía en LLucalcari dando por terminada una etapa, y buscó nuevos retos. Un acto que demuestra una valentía del pintor, que no quiso repetirse en temas y luces que ya dominaba.

Emprendió una nueva etapa pictórica en la costa brava, que en aquellos años  era paradisíaca. La eclosión del turismo y la construcción aún no le habían sustraído el encanto primigenio.

En el año 52, se instaló en el hotel Rovira de Tossa de Mar. Encontró nuevos temas que le interesaron para pintar. Descubrió una luz diferente y se entusiasmó con esas calas, como la  Giverola que deja  plasmada en esta obra.

Esta escena de playa, pintada del natural, es de una intensidad de color sorprendente. El contraste del color del mar con la luz del sol en la arena con las rocas al fondo magistralmente plasmadas, dejan  un escenario para los bañistas pintados de forma sintética insinuados con unas pinceladas poco definidas que dejan intuir la escena;  unos a plena luz y otros bajo la sombra del cañizo del chiringuito. La sabiduría del maestro, se aprecia en la diferente forma de tratar cada elemento, como esos dos árboles de la derecha dibujados con una delicada precisión sobre el mar y las rocas.

Este cuadro recoge un momento de visión y de emoción extraordinaria, haciendo inconfundible la atmósfera del lugar y no pudiendo confundirlas con las de otros parajes, ni con obras de otro pintor.

Gloria Muñoz