Atardecer en la cala, Deià, Mallorca, 1944

Josep Puigdengolas i Barrella

Puigdengolas Barrella, Josep

1906, Barcelona - 1987, Barcelona

Atardecer en la cala, Deià, Mallorca, 1944

© José Puigdengolas, VEGAP, Madrid, 2018

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Puigdengolas".
Titulado, fechado y firmado en el reverso.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

85 x 100,5 cm

CTB.1996.156

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 2 de mayo de 1996. lote 506.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 116-117 y 175-176.

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 116-117 y 175-176.[Cat. Exp.]  [ Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Puigdengolas celebra su primera exposición en 1928, con solo 22 años. Su formación artística la lleva a cabo entre Barcelona y Florencia, siendo también discípulo de Eliseu Meifrèn y Joaquim Mir. Cuando pinta Atardecer en la cala De(1944) su trayectoria profesional está consolidada, habiendo optado por un lenguaje artístico que huye de la vanguardia. En este paisaje se puede analizar cómo el artista ha creado ya su propio registro compositivo y cromático, en el que resulta fácil recorrer las influencias de los que han sido sus maestros. La sensibilidad y la capacidad de innovación que traslada Meifrèn y la pincelada y el diálogo de contrastes cromáticos de Mir, han sido asimilados de manera introspectiva por Puigdengolas y plasmados con una personalidad propia, que es lo que le da carácter a esta obra.

Mallorca será, juntamente con la Cerdanya, uno de sus lugares predilectos y en los que tuvo estudio. La interpretación que hace de la cala Deià al atardecer, no está solo pintada con una visión analítica de la incidencia de la luz en la transformación del paisaje, sino que en ella traslada una mirada subjetiva de sentimientos compartidos en lo que podría ser una síntesis del paisaje del medirerráneo balear y también el de la Costa Brava. Los pinos cercanos al mar y las rocas graníticas, con la característica tonalidad anaranjada que se potencia aún más con la luz del atardecer, representan un paraje idílico.

A pesar de no ser una pintura realista, la impresión de la atmósfera velada por la calima acumulada del día, el movimiento del mar contenido en los límites de las rocas y la piel del agua desvelada en la herida blanca de la ola, ponen de manifiesto la gran sensibilidad de Puigdengolas y su capacidad artística para hacer aflorar todas estas percepciones desde el paisaje pintado. Con un trazo vibrante, vivo, pero a la vez sereno y paciente, como el pino con el que enmarca la parte izquierda de la obra y con el que juega a impulsar la mirada del espectador hacia un horizonte infinito, a pesar de no verse.

Pilar Giró