Desnudo del clavel

Ricard Canals i Llambí

Canals i Llambí, Ricard

1876, Barcelona - 1931, Barcelona

Desnudo del clavel, 1916

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el reverso.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

70,5 x 60 cm

CTB.1996.92

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 28 de noviembre de 1995. lote 520.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1976

Ricardo Canals, Barcelona, Museo de Arte Moderno, n. 54.

Informe del experto

Si el Noucentisme fue “inventado” en 1906, por Eugenio d’Ors, no sería hasta alrededor de 1910 cuando se darían los primeros ejemplos plásticos con una cierta personalidad propia y ya bien alejados de los aires decadentes del Art Nouveau. Fue a partir entonces que se iría imponiendo, cada vez con más fuerza, el clasicismo como el camino a seguir para el nuevo arte. En 1910, Joaquín Torres-García había asumido la madurez de su primer estilo, basado, por un lado, en el neoclasicismo simbolista de Puvis de Chavannes, y, del otro, en la tradición grecorromana del Mediterráneo, unido a un cierto arcaicismo. El mismo año, Joaquim Sunyer –que había sido colega de Canals, en el París del Bateau Lavoir–, después de probar suerte en París y Madrid, con obras de tema español, se decantaba claramente por lo bucólico y meridional, siguiendo de cerca la producción coetánea de André Derain bajo el influjo de Cézanne y con el cubismo de Picasso y Braque de telón de fondo, aunque lejano. Este cambio de estilo aparecía con obras de aquel momento: Mediterrània de la propia Colección Carmen Thyssen y Pastoral, unos lienzos imprescindibles en la eclosión plástica del Noucentisme.

En ese mismo 1910 se funda la asociación Les Arts i els Artistes, con D’Ors y el poeta Josep Carner como colaboradores, el pintor Iu Pascual como alma mater, y el impulso decidido del filósofo Francesc Pujols y del marchante y promotor artístico Santiago Segura i Burguès, propietario de las Galeries Laietanes. Les Arts i els Artistes se convertiría inmediatamente en la principal plataforma del arte catalán durante el primer tercio del siglo XX y desde ella se sentaron las bases de la pintura catalana de los años diez y veinte y, quizá en menor escala, también de la escultura. Ricard Canals fue elegido presidente de la asociación, hecho que denota el gran prestigio que tenía en Barcelona. También se situó muy cercano a Les Arts i els Artistes el empresario Lluis Plandiura, sin duda el coleccionista más importante de la época. De hecho, Plandiura decidió recopilar lo más granado de la pintura catalana, del cambio de siglo a los años veinte; y fue precisamente Francesc Pujols, junto con el pintor, dibujante y grabador, Xavier Nogués, el principal asesor de su colección que, en 1932 adquiría la Junta de Museus barcelonesa y con ello pasaría sería una de las bases más sólidas del Museu d’Art Modern englobado en el Museu Nacional d’Art de Catalunya. Plandiura fue el principal coleccionista de Canals y, para poner un broche de oro a su selección, encargó al pintor su retrato que éste dejó sin terminar a raíz de su muerte, en 1931.

Ni Les Arts i els Artistes ni la Col·lecció Plandiura fueron la esencia del Noucentisme como estilo, pero si representaron a la perfección la pintura catalana en tiempos de este movimiento, muy bien definido a nivel ideológico i programático pero mucho más disperso a nivel estético, más allá de una iconografía compartida: las figuras femeninas –vestidas o desnudas– en actitud placida, las maternidades, la vida idealizada y bucólica del campo, el paisaje mediterráneo, de orografía suave y bien labrado, a pleno sol, contrapuesto al crepúsculo y la noche y a las montañas agrestes de corte romántico del siglo XIX i el Modernisme. Canals practicó todas esas modalidades temáticas del Noucentisme sin llegar a militar en sus filas.

Desnudo del clavel encaja muy bien en el conjunto de Plandiura, incluso el marco original es muy parecido a los modelos que usaba siempre el célebre coleccionista, y es posible que, si no le llegó a pertenecer, el propietario estuviera muy cercano a su círculo. El cuadro se insiere a la perfección en el momento de retorno al clasicismo del Noucentisme, que precedió al rappel a l’ordre que haría furor poco después, a finales de los años diez y mediados veinte en toda Europa. Una mirada a Ingres i Rafael que encabezaba Picasso y era seguido de forma puntual por muchos artistas de las primeras vanguardias. Pero esta obra de Canals también se integra estupendamente en el estilo propio del artista barcelonés, con la figura como tema central de su obra, y un tratamiento sutil entre lo suelto y académico. Sobre un fondo medio abstracto de cromatismo delicado y algo cézanniano, aparece la figura, nítida y despejada, erótica y perfectamente modelada como una escultura; el hecho curioso de tener los ojos velados acusan precisamente este último aspecto. El volumen contundente se desdibuja en la mano, quizás para recordarnos que se trata de una pintura. Esa mano que aguanta el clavel, convertida en este caso concreto en una atrevida gaucherie, simplemente abocetada y suelta, en contraposición al resto de la figura de tratamiento clasicista y perfecto. Y a la vez, en un cuadro obviamente erótico como éste, en el que el desnudo es mostrado exultante, pero sólo de cintura para arriba, la mano y la flor remiten de forma subliminal al sexo.

Josep Casamartina i Parassols