Jinete a caballo

Frederick Remington

Remington, Frederick

Canton, Nueva York, 1861 - Ridgefield, Connecticut, 1909

Jinete a caballo (The bronco buster), 1895 (Reprod.)

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en la peana "Frederic Remington"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Bronce

85 cm

EDEC95.2

Historia de la obra

  • Sala Retiro Subastas, Madrid. Lote 113. Mayo 1995.

     

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2016

La ilusión del "Far West". Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guixols. Colección Carmen Thyssen y Museo Thyssen-Bornemisza (no figura en el catalogo).

Informe del experto

En la última década del siglo XIX, Charles Russell y Frederic Remington contribuyeron en gran medida a poner de moda las aventuras del Oeste, protagonizadas casi siempre por un cowboy y un soldado de caballería, convirtiendo al antes «noble salvaje» en enemigo acérrimo de la voluntad patriótica.

Ciertos empeños empresariales, ganaderos y mineros lleva­ron a Remington en 1881 a Montana. Durante unos años estuvo completamente integrado en el Old West, siendo testigo de las batallas finales entre las tropas estadounidenses y las tribus. A partir de esas experiencias y de una buena dosis de imaginación, produciría después alrededor de 3.000 pinturas y dibujos, 22 esculturas, una novela, una obra de teatro para Broadway y más de 100 artículos y cuentos.

Sus primeros trabajos fueron ilustraciones para publicaciones populares pero sus posteriores pinturas nunca llegaron a per­der del todo ese tono de novela gráfica. Señal de fuego apache [1] es una de las muchas obras que Remington dedicó a esta tribu -la más célebre en aquel momento gracias a las corre­rías de Gerónimo- y una de las más de 70 pinturas que realizó entre 1900 y su prematura muerte, en 1909, con escenas noc­turnas, que le granjearían el respeto de la crítica. El artista visitó varias veces la reserva de San Carlos en Arizona para pintar a los apache, pero su mirada no es realista sino que está contaminada por los miedos populares a los «salvajes»; así se refiere a ellos en más de una ocasión en sus textos.

A partir de 1894, tras haber aprendido los rudimentos del mo­delado junto al escultor Frederick W. Ruckstull, amplió su reper­torio sobre el Oeste con un conjunto de esculturas, sumamente dinámicas, fundidas en bronce. Una de las más conocidas es El trampero [2], que describió como uno de los «los viejos tramperos iroqueses -canadienses, quería decir- que siguieron a las compañías de comercio de pieles a las Montañas Rocosas en los años treinta y cuarenta». Es también muy paradigmática La señal del búfalo [3] en la que un indio agita en el aire la piel del animal que acaba de cazar.

Los bronces de Remington se vendieron muy bien: de su primera escultura, Bronco Buster, se hizo una edición de 275 ejemplares que estaban destinados al coleccionismo particular. Solo hizo una escultura a tamaño natural, El cowboy, que está hoy en el parque Fairmount de Filadelfia. Las  obras de Remington habitualmente presentan a un hombre sobre un caballo, un tema muy abun­dante en la producción del artista, que sentía tanto apego por los caballos que mandó que su epitafio rezase: He knew the horse.

 Miguel Ángel Blanco

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[1] Frederic Remington. Señal de fuego apache. c. 1904. Óleo sobre lienzo. 102 x 68,5 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Nº INV. 722 (1981.57).

[2] Frederic Remington. El trampero. The Mountain Man, 1903. Bronce pavonado. 71 x 49 cm. Colección Carmen Thyssen-Bormenisza (Nº INV. CTB.2014.182).

[3] Frederic Remington. La señal del búfalo, 1902. Bronce pavonado. 91 x  62 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza (Nº INV. CTB.2014.183).