La señal del búfalo
Remington, Frederick
Canton, Nueva York, 1861 - Ridgefield, Connecticut, 1909
La señal del búfalo, 1902 (Reprod.)
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Bronce pavonado
91 x 62 cm
CTB.2014.183
Historia de la obra
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Fernando Durán Subastas, Madrid. Subasta 398, Lote 908. 29 de octubre de 2014.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-La ilusión del Lejano Oeste. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, 2015 (Cat. Exp.). Cat. 49, Pág. 117 (imagen)
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-La Ilusión del Lejano Oeste. Museo Carmen Thyssen Málaga, 2016 (Cat. Exp.), Cat. 49, p. 117 (imagen).
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– Arte Americano en la Colección Thyssen. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza [Cat. Exp. Com.: Alarcó, P.; Campo Rosillo, A.], Ed. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, 2021. Cat. 155, p. 254.
Informe del experto
En la última década del siglo XIX, Charles Russell y Frederic Remington contribuyeron en gran medida a poner de moda las aventuras del Oeste, protagonizadas casi siempre por un cowboy y un soldado de caballería, convirtiendo al antes «noble salvaje» en enemigo acérrimo de la voluntad patriótica.
Ciertos empeños empresariales, ganaderos y mineros llevaron a Remington en 1881 a Montana. Durante unos años estuvo completamente integrado en el Old West, siendo testigo de las batallas finales entre las tropas estadounidenses y las tribus. A partir de esas experiencias y de una buena dosis de imaginación, produciría después alrededor de 3.000 pinturas y dibujos, 22 esculturas, una novela, una obra de teatro para Broadway y más de 100 artículos y cuentos.
Sus primeros trabajos fueron ilustraciones para publicaciones populares pero sus posteriores pinturas nunca llegaron a perder del todo ese tono de novela gráfica. Señal de fuego apache [1] es una de las muchas obras que Remington dedicó a esta tribu -la más célebre en aquel momento gracias a las correrías de Gerónimo- y una de las más de 70 pinturas que realizó entre 1900 y su prematura muerte, en 1909, con escenas nocturnas, que le granjearían el respeto de la crítica. El artista visitó varias veces la reserva de San Carlos en Arizona para pintar a los apache, pero su mirada no es realista sino que está contaminada por los miedos populares a los «salvajes»; así se refiere a ellos en más de una ocasión en sus textos.
A partir de 1894, tras haber aprendido los rudimentos del modelado junto al escultor Frederick W. Ruckstull, amplió su repertorio sobre el Oeste con un conjunto de esculturas, sumamente dinámicas, fundidas en bronce. Una de las más conocidas es El trampero [2], que describió como uno de los «los viejos tramperos iroqueses -canadienses, quería decir- que siguieron a las compañías de comercio de pieles a las Montañas Rocosas en los años treinta y cuarenta». Es también muy paradigmática La señal del búfalo [3] en la que un indio agita en el aire la piel del animal que acaba de cazar.
Los bronces de Remington se vendieron muy bien: de su primera escultura, Bronco Buster, se hizo una edición de 275 ejemplares que estaban destinados al coleccionismo particular. Solo hizo una escultura a tamaño natural, El cowboy, que está hoy en el parque Fairmount de Filadelfia. Las obras de Remington habitualmente presentan a un hombre sobre un caballo, un tema muy abundante en la producción del artista, que sentía tanto apego por los caballos que mandó que su epitafio rezase: He knew the horse.
Miguel Ángel Blanco
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[1] Frederic Remington. Señal de fuego apache. c. 1904. Óleo sobre lienzo. 102 x 68,5 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Nº INV. 722 (1981.57).
[2] Frederic Remington. El trampero. The Mountain Man, 1903. Bronce pavonado. 71 x 49 cm. Colección Carmen Thyssen-Bormenisza (Nº INV. CTB.2014.182).
[3] Frederic Remington. La señal del búfalo, 1902. Bronce pavonado. 91 x 62 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza (Nº INV. CTB.2014.183).