Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra, Aragón, 1856

Carlos de Haes

Haes, Carlos de

Bruselas, 1826 - Madrid, 1898

Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra, Aragón, 1856

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo : "C. Haes / 1856"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.

Óleo sobre lienzo

81,8 x 112,8 cm

CTB.1997.45

Historia de la obra

  • Colección privada, 1990.

  • Colección Sr. D. José Alcázar Silvela, 1997.

  • Colección CarmenThyssen-Bornemisza.

1858

Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, n. 69, p. 40.

1990

Tres grandes maestros del paisaje decimonónico español: Jenaro Pérez Villaamil, Carlos de Haes, Aureliano de Beruete, Madrid, Centro Cultural Conde Duque, n. 37, pp. 256-257.

1997

Capolavori dalla Collezione di Carmen Thyssen-Bornemisza: 60º anniversario dell'apertura della Pinacotecca di Villa Favorita, Lugano, Villa Favorita, n. 49, p. 140.

1997

Del vedutismo a las primeras vanguardias. Obras maestras de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao, n. 15, p. 90.

1998 - 1999

Masterworks from the Carmen Thyssen-Bornemisza Collection, Tokio, Tokyo Metropolitan Art Museum; Takaoka, Takaoka Art Museum; Nagoya, Matsuzaka Art Museum; Sendai, Miyagi Museum of Art, n. 27, p. 72.

1999

Aspectos de la tradición paisajística en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Málaga, Salas de Exposiciones del Palacio Episcopal, n. 62, p. 200.

1999 - 2000

Naturalezas pintadas de Brueghel a Van Gogh. Pintura naturalista en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 53, p. 154.

2000

Carlos de Haes, Pamplona, Centro de Cultura Castillo de Maya, p. 90.

2000

De Corot a Monet. Los orígenes de la pintura moderna en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Museo del Siglo XIX, p. 34.

2001

Landschaften von Brueghel bis Kandinsky. Die Ausstellung zu Ehren des Sammlers Hans Heinrich Baron Thyssen-Bornemisza, Bonn, Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland, n. 48, p. 132.

2002

Carlos de Haes (1826-1898), Santander, Fundación Marcelino Botín; Madrid, Fundación Carlos de Amberes, n. 3, p. 194.

2008

Encrucijada de Culturas, Zaragoza, La Lonja, n. 245, p. 398, lám. pp. 5 (detalle), 398.

  • -Pantorba, Bernardino de: Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España. Chicharro, E. 2a.ed. Madrid, Jesús Ramón García-Rama, 1980 , p. 73.

  • -Del vedutismo a las primeras vanguardias: obras maestras de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 1997, n. 15, p. 90. [Ficha de José Luis Díez].

  • -Carlos de Haes, 1826-1898. Díez, José Luis (comisario). [Cat. exp.]. Santander, Fundación Marcelino Botín, 2002, p. 194, lám. c.

  • -Encrucijada de Culturas. Iglesias, Carmen (dir.). [Cat. exp. Zaragoza, La Lonja]. Zaragoza, Ibercaja, 2008, n. 245, pp. 398-399. [Ficha de Juan Ángel López Manzanares].

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 288-289 (Ficha José Luis Díez).

Informe del experto

A la caída de una serena tarde estival, un pastor apacienta su rebaño de cabras en las abruptas orillas del río Piedra, cuyo accidentado curso, que transcurre entre profundas hoces, se pierde una frondosa arboleda de monte bajo.

Este espléndido paisaje es, sin duda, uno de los mejores ejemplos conocidos de la producción primera de Carlos de Haes, poco después de fijar definitivamente su residencia en España.

Premiado con una primera medalla en la Exposición Nacional de 1858, donde presentó también otra vista tomada desde el mismo monasterio, además de los cuadros titulados Un molino en Beaufort (Prusia) y Ruinas junto a Hasselt (Bélgica), el lienzo está fechado, sin embargo, dos años antes.

Efectivamente, en el verano de 1856 Haes fue invitado por su gran amigo, el escritor Federico Muntadas, a pasar unos días en las fincas que éste poseía en los alrededores del Monasterio de Piedra (Zaragoza), uno de los parajes naturales más bellos de Aragón, cuyas vistas, cascadas y rincones cautivaron de inmediato al artista, pasando allí todo ese verano haciendo apuntes y cuadros que luego expuso ese mismo otoño con gran éxito en Madrid. Desde entonces, esta zona sería uno de los lugares predilectos de Haes por la variedad y riqueza de sus paisajes, que le ofrecían la posibilidad de captar las facetas más diversas de su cambiante orografía en gran cantidad de estudios del natural, hoy conservados en su práctica totalidad entre el Museo del Prado y el Museo Jaime Morera de Lérida.

Por otra parte, el presente lienzo testimonia magníficamente el paulatino abandono de los postulados románticos en que se formó este artista, de los que no obstante todavía quedan residuos en cierta grandiosidad panorámica con que está concebido el paisaje y en la disposición, extremadamente equilibrada y en orden, de montes y vegetación, sin que falte el detalle pintoresco del rebaño, que subraya la sensación apacible y bucólica que pretende transmitir el paisaje, con espléndidos resultados.

Sin embargo, la captación de la luz crepuscular de un sol muy bajo, que proyecta grandes zonas en sombra, marcando contraluces de gran efecto, demuestran ya la agudísima sensibilidad de Haes en la observación directa de la naturaleza; aspecto que constituye la innovación fundamental introducida por este pintor en las enseñanzas del paisaje en España en la segunda mitad del pasado siglo.

Junto a ello, la maestría técnica del artista se hace patente en esta vista, de una belleza tranquila y en calma, resuelta a base de ricos empastes y un dibujo riguroso, con los que construye sus diferentes volúmenes, definidos con una precisión que se volverá más libre en su producción madura, utilizando una paleta muy sobria, de tierras y ocres, herencia de la escuela paisajística centroeuropea, en la que Haes realizó su primer aprendizaje, con la que, no obstante, logra desplegar una infinita gama tonal, de delicadísimos y muy variados matices, en la espesa vegetación de arbustos y arboleda, tan característica de este paraje aragonés.

José Luis Díez