Paisaje con una vacada en un río
Haes, Carlos de
Bruselas, 1826 - Madrid, 1898
Paisaje con una vacada en un río, 1859
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: "C. de Haes, 1859"
Etiqueta de la Junta de Incautación: "9000 / Corpas /11 "
Inscripción de inventario, a tinta, en el marco: "5"
Colección Carmen Thyssen-Bormemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.
Óleo sobre lienzo
82,3 x 115,4 cm
CTB.1995.41
Historia de la obra
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Colección Marqués de Corpas, 1936.
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Colección privada, Madrid.
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J.A. Giménez-A. Galeria de Arte y Antigüedades, Feriarte, 26 de noviembre de 1995.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-De Canaletto a Kandinsky. Obras maestras de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza Museo Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 1996, n. 50, p. 144 [Ficha de José Luis Díez].
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-Carlos de Haes, 1826-1898. Díez, José Luis (comisario). [Cat. exp.]. Santander, Fundación Marcelino Botín, 2002, p. 204, lám. c.
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-Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2012, n. 21, p. 108, lám. p. 109.
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-Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 290-291 (Ficha José Luis Díez).
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-“Influencers” en el arte. De Van Goyen al “Pop Art”. Museu Carmen Thyssen Andorra.[Cat. Exp. Museu Carmen Thyssen Andorra], Andorra, 2019, p. 34, 35, 116 y 117. [Ficha de José Luis Díez]
Informe del experto
En el remanso de un río de aguas tranquilas y limpias se acercan a beber varias vacas, que pastan por los alrededores, al pie de una sierra montañosa, que se vislumbra en la lejanía.
Este atractivo paisaje es un muy bello testimonio de la producción juvenil del gran maestro Carlos de Haes, en la que se dejan ver todavía importantes residuos de su formación académica tardorromántica. En efecto, la disposición ordenada y en perfecto equilibrio de los diferentes elementos que conforman el paisaje, bañados por una luz dorada de atardecer, infunden la sensación serena y bucólica de una naturaleza en perfecta armonía, aunque compuesta artificialmente en el estudio del artista, seguramente a partir de apuntes tomados del natural, con una técnica precisa y minuciosa, atenta al detalle. Sin embargo, tanto en el tratamiento de los animales como los reflejos del agua, los matices de la vegetación o el celaje, se adivina la observación directa del paisaje que marcaría la producción madura del artista, permitiéndose incluso en algunos fragmentos cierta soltura de ejecución, espontánea y jugosa, aunque todavía atenuada por un acabado general de superficies lisas y delicadas transparencias, demostrando ya, no obstante, su agudísima sensibilidad en la captación de los infinitos matices de la luz crepuscular en el paisaje, de la que haría gala en toda su obra.
Por otra parte, el cuadro prueba la decisiva influencia que en esta primera etapa de la producción de Haes tuvo el paisaje flamenco y holandés, no sólo contemporáneo sino, fundamentalmente, el de los grandes maestros barrocos del género, que el pintor había podido estudiar detenidamente en su viaje por Europa en esos años. En efecto, la importancia concedida al cielo, que ocupa toda la mitad superior del lienzo, el predominio de los colores terrosos y ocres o el protagonismo de grandes masas de arboleda, dispuestas en distintos planos en conjunción con las líneas de fuga, para dar profundidad panorámica al paisaje hasta perderse en la lejanía de las montañas lamidas por las nubes, son recursos que proceden del paisaje flamenco y holandés del siglo XVII, muy bien aprovechados por Haes en este momento, y visibles en otros paisajes semejantes, como el tituladoPaisaje con río, firmado en 1858 y de formato prácticamente idéntico a éste.
Pintado en efecto al poco de regresar a España de este viaje, pudiera incluso tratarse del cuadro que con el título Un país (Bélgica) presentó Carlos de Haes a la Exposición Nacional de 1860 junto al titulado Un país. Recuerdos de Andalucía, costa del Mediterráneo, junto a Torremolinos, que guarda el Museo del Prado y que presenta planteamientos estéticos muy similares, ya que ambos conservan sus marcos originales, de igual diseño.
José Luis Díez