Vista de París, 1935

Josep Amat i Pagès

Amat i Pagès, Josep

1901, Barcelona - 1991, Barcelona

Vista de París, 1935

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en ángulo inferior derecho: "Amat/ París 35"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

60 x 73 cm

CTB.2001.10

Historia de la obra

  • Dolors Junyent. Galería d’Art, Barcelona, 1998.

  • Feriarte, Madrid, 21-29 de noviembre de 1998.

  • Subastas Castellana 150, Madrid, 15 de marzo de 2001. lote 418.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1936

Josep Amat, Barcelona, La Pinacoteca.

2002

Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, n. 3, p. 24, lám. p. 25.

2002 - 2003

Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, n. 8, p. 86, lám. p. 87.

2003

De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna dins la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya, pp. 62, 64, lám. p. 63, detalle p. 65.

2004

Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, n. 24, p. 88.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 54, p. 154, lám.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, pp. 92 y 94, lám. p. 93, det. p. 95.

2012 - 2013

Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, n. 50, pp. 154, 156, lám. p. 155, det. p. 157.

2016

Josep Amat. París. Centre d´ètudes catalans de la Université París-Sorbonne. Del 3 de noviembre al 1 de diciembre de 2016. p. 6.

  • -Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, 2002, n. 3, p. 24, lám. p. 25.[Cat. Exp.]

  • Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, 2002, n. 8, p. 86, lám. p. 87.[Cat. Exp.]

  • -De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna en la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Tomàs Llorens (ed.) [Cat. exp. Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2003]. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza – Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2003, pp. 62, 64, lám. p. 63, detalle p. 65 [Ficha de Josep Amat Girbau].

  • Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, 2004, n. 24, p. 88.[Cat. Exp.]

  • Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 54, p. 154, lám. [Cat. Exp.]

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2011, pp. 92 y 94, lám. p. 93, det. p. 95.[Cat. Exp.]

  • Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, 2012, n. 50, pp. 154, 156, lám. p. 155, det. p. 157. [Cat. Exp.]

     

  • -Josep Amat. París. Centre d´ètudes catalans de la Université París-Sorbonne, 2016,  p. 6. (Cat. Exp.).

Informe del experto

En la obra de Amat, la temática parisina tiene una relevancia especial desde 1933, año de su primer viaje a París, que llevó acabo animado por su prometida, Isabel Girbau, a la cual había conocido en Sant Feliu de Guíxols aquel mismo año.

París, que en aquella época era un referente obligado del mundo artístico, cautivó al pintor desde aquel primer viaje, no sólo por el ambiente artístico donde se introdujo fácilmente, sino porque sintonizó inmediatamente con su luz, su paisaje urbano y la ordenada arquitectura de sus edificios, así como también por las diferentes tonalidades de los elementos que le dan vida: autobuses urbanos, vagones del metro al cruzar el Sena o las diferentes barcazas que navegan por él. Todo ello hizo que regresara al año siguiente, y también en 1935, año al que pertenece esta vista del Sena.

Amat llevó a cabo estos viajes en otoño, la época del año en la  que, junto con la de invierno, más le atraía la luz de la ciudad. Estas estancias en París, aparte de lo que él mismo explicaba, están detalladamente documentadas a través de las frecuentes cartas que escribía a quien, unos meses después, se convertiría en su esposa. Siempre procuraba que las habitaciones de las pensiones o hoteles donde se alojaba dispusieran de una ventana sobre el Sena, así aprovechaba los días de sus estancias todo lo que podía: tenía varios lienzos en curso simultáneamente a fin de poder trabajar tanto en la luz de la mañana como de la tarde, tanto los días de cielo sereno como de cielo lluvioso. A veces, en una misma estancia, cambiaba de habitación para poder tener nuevos puntos de vista. Tampoco necesitaba hacer grandes desplazamientos para ir a pintar; las vistas desde su ventana o desde los alrededores del margen del Sena ya le proporcionaban temáticas que, a pesar de su proximidad, eran lo bastante variadas o se diferenciaban por las-tonalidades cromáticas de media mañana, primera hora de la tarde o más hacia el atardecer. Raramente pintaba las primeras horas de la mañana: el desayuno y los preparativos de los colores y la paleta siempre le suelen llevar un tiempo apreciable.

Esta obra es una de las vistas realizadas desde una de las ventanas del Hotel Europa, en el Quai des Grands-Agustins, donde se aloja la temporada del viaje a París de 1935, viaje que, como se desprende de las cartas que enviaba, inició el 11 de octubre para volver a mediados de noviembre. En una carta enviada a su prometida el 30 de octubre, le explica que empieza este lienzo, que hacía días que sólo pintaba desde la ventana, y textualmente dice que «éste es con sol, pero con sol espléndido, algo extraño en este país. Me he puesto a pintar cerca de las ocho; hacía muchos días que no pintaba tan a gusto. No hacía frío, sin mirones, los eternos mirones [… ] además sin frío, ¡otro enemigo mio!’. Para protegerse del frío y especialmente del viento, que es lo que más le molestaba, y de la gente que solía pararse a mirar cómo pintaba (los badocs, «mirones», tal como los conocía él), intentaba buscar lugares protegidos detrás de alguna pared, y amplios para no entorpecer el paso. La habitación de un hotel también le protegía de la gente, el viento y el frío, pero le obligaba a trabajar con un espacio más restringido, lo cual solía incomodarlo.

El tema de esta vista, como explica en la carta citada, es «espléndido, los árboles amarillos por los fríos pasados, un cielo espléndido y una luz de otoño de París». En la carta destaca la aparición del amarillo (groc) en las hojas de los árboles, ya que, en otra, se hace referencia a otra vista hecha desde la ventana unos días después de su llegada, en la que destaca el color verde tan intenso de los árboles. Solía completar estas explicaciones con un. pequeño dibujo marginal al texto. En el de esta obra, a pesar de ser muy esquemático, se reconocen perfectamente las barcazas del río y el puente de Saint Michelle, algún autobús urbano y el soporte publicitario de la acera.

También comenta que por la tarde se ha encapotado el cielo, y que eso le obligará a no poder continuarlo hasta que vuelva a hacer un buen día porque para él la luz es muy importante y que prevé cada lienzo con una luz muy determinada.

Esta obra figuró en la exposición llevada a cabo, a la vuelta del viaje citado, en La Pinacoteca, del 11 al 24 de enero de 1936. Dicha exposición constaba de veintidós pinturas, doce de las cuales eran las realizadas en París, y obtuvo un notable éxito de crítica.

En una reseña publicada en La Vanguardia se recoqe claramente cómo la pintura del joven artista describe los diferentes paisajes: «Si queremos investigar los medios de que se vale para obtener esta fuerza plástica veremos que su técnica es aparentemente de una pasmosa simplicidad.

La pasta que aplica en el lienzo es abundante, fluida y distribuida con un repertorio mínimo de pinceladas. No detalla nada. Son pinceladas anchas, grasas. No ha de corregirlas nunca. La suma de ellas no es una yuxtaposición, sino una fusión perfecta. Su instinto tanto como la educación de su retina, le hacen encontrar entre los colores diversos una relación tan justa, que nos parece que era la única posible. Y con esta simplicidad de ejecución obtiene, no sólo la impresión de los volúmenes y de las distancias, sino algo más esencial: la impresión del aire y de su efecto físico» Más elogiosa es todavía la crítica publicada en /’Humanitat, que concluye con una predicción: «del joven pintor, podemos pronosticar sin miedo a equivocarnos como una de las futuras glorias de la pintura catalana».

Esta atracción de Amat por viajar a París, tanto para pintar como para visitar exposiciones y museos y para reunirse con otros pintores, la interrumpió primero la Guerra Civil y posteriormente la Segunda Guerra Mundial, con lo que ya no pudo volver hasta 1949, año en que permaneció una estancia más larga, ahora acompañado de su esposa Isabel.

Más tarde todavía llevó a cabo otras estancias, ya más cortas, siendo la última en la primavera de 1978 a fin de evitar los fríos del invierno, cuando pintó el Sena a pie de calle, con el mismo entusiasmo con el que lo inició cuarenta y tres años antes.

Esta obra es un excelente exponente de una visión jovial y luminosa de París, que contrasta con otras más melancólicas y poéticas de un París frío y cubierto de niebla, o lluvioso; ahora bien, a pesar de las grandes diferencias de las tonalidades de la paleta, siempre se reconoce en ella el estilo propio que le caracteriza.

Josep Amat Girbau