Valle del Artuby. c. 1924

Josep de Togores i Llach

Togores i Llach, Josep de

Barcelona, 1893 - 1970

Valle del Artuby, c. 1924

© Josep De Togores i Llach, VEGAP, Madrid, 2017

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "Togores"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

46 x 65 cm

CTB.1995.89

Historia de la obra

  • Galerie Simon, París. inv. n. 8477, foto 8640.

  • Galerie Louise Leiris, París.

  • Sala Gaspar, Barcelona.

  • Colección privada.

  • Edmund Peel y Asociados, Madrid.

  • Colección privada.

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, 30 de mayo de 1995. lote 108.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1926

Josep Togores, pintures-dibuixos, Barcelona, Sala Parés.

1997 - 1998

El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, n. 33, p. 102, lám. p. 103.

1998

Togores. Clasicismo y renovación (obra de 1914 a 1931), Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya; Châteauroux, Musée de Châteauroux, n. 37, p. 131.

2003

De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna dins la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya, pp. 52, 54, lám. p. 53, detalle p. 55.

2003

El paisatge en la pintura catalana del canvi de segle (1870-1935). Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Manresa (Barcelona), Sala d'Exposicions del Centre Cultural el Casino, n. 16, pp. 58-60, lám. p. 57, detalle p. 59.

2004

Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, n. 37, pp. 116-118.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 64, p. 176, lám.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, pp. 154 y 156, lám. p. 155, det. p. 157.

2012 - 2013

Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, n. 46, pp. 146-147, lám. p. 147.

  • -Deutsche Kunst und Dekoration. Darmstadt, A. Koch, 1897-1932, (1926).

  • -El paisatgisme catalá; del naturalisme al noucentisme en la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 33, p. 102. [Ficha de Josep Casamartina].

  • -Casamartina, J. y Debray, C.: Togores, du réalisme magique au surréalisme. París, 1998, n. 34, p. 147, lám.

  • -De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna dins la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2003, pp. 52, 54, lám. p. 53, detalle p. 55.

  • -El paisatge en la pintura catalana del canvi de segle (1870-1935). Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Manresa (Barcelona), Sala d’Exposicions del Centre Cultural el Casino, 2003, n. 16, pp. 58-60, lám. p. 57, detalle p. 59.

  • -Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, 2004, n. 37, pp. 116-118. Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 64, p. 176, lám.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2011,  pp. 154 y 156, lám. p. 155, det. p. 157.

  • -Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, 2012, n. 46, pp. 146-147, lám. p. 147.

Informe del experto

Josep de Togores es reconocido por sus magníficos cuadros de figura, especialmente los que pintó en la década de los años veinte para el que entonces era su marchante, Daniel-Henry Kahnweiler. Como tantos otros artistas de su generación, mostró una actitud reticente en relación con el Impresionismo, especialmente con respecto a sus posteriores derivaciones hacia el paisajismo plein air que, de hecho, no dejaban de ser la vulgarización del movimiento, y que en Cataluña proliferaron sobre todo a partir de los años veinte. No obstante, Togores siempre sintió una fuerte admiración por los impresionistas que habían estado más de acuerdo con el clasicismo: Cézanne y Renoir, así como en cierta medida Seurat. Pero esta actitud generalizada de reserva no le impidió pintar unos paisajes espléndidos, algunos de los cuales pueden contarse entre lo mejor de su producción. Estas obras representan la antítesis del plenairismo; son obras bien estructuradas, expresamente arbitrarias, hechas en el taller, que toman como modelo la realidad, pero no para imitarla, ni siquiera para captar su esencia, sino como punto de partida para realizar una composición estudiada y abstracta, en dos dimensiones, tal como era propio de los pintores cubistas. Por este motivo, los paisajes de Togores, en general, no fueron debidamente comprendidos en Cataluña ya que tenían muy poco que ver con la tradición vernácula del paisajismo rural.

El valle del Artuby fue pintado en Comps, en el verano de 1924. Dejar París por un tiempo animó mucho al pintor, que empezaba a sufrir graves crisis de identidad que estuvieron a punto de hacerle abandonar la pintura, justo cuando se empezaba a consolidar su fama internacional. A pesar de encontrarse en un momento de crisis, la estancia en Comps resultó fructífera; allí pintó, además de una serie de paisajes, el célebre Tres desnudos del Museu d’Art Modern de Barcelona y el desaparecido Pastores peleándose, de la antigua colección del marchante de Düsseldorf Alex Vömel; el primer cuadro representa, de alguna forma, la clausura de la etapa dorada de Togores, la de su clasicismo inmerso en el rappel a l’ordre cocteauniano; el segundo es una de sus mejores obras de este momento de transición en busca de nuevos caminos. En una carta a su amigo el pintor Valentín de Zubiaurre, Togores le explicaba: «He pasado un verano muy hermoso y trabajando mucho. Primero estaba al confín del departamento del Var con el de los Alpes Marítimos. Es un paisaje impresionante. Luego en septiembre fui a la orilla del mar en la Madràgue de Saint Cyr sur Mer, un paisaje muy parecido al de la Cataluña española. Por fin en octubre, al lado de Saint Raphael en un pueblo encantador, Agay, donde la naturaleza, como el mar, no conoce el invierno, siempre verde y siempre joven. Es un país muy distinguido, gracioso, perfumado». Los paisajes de esa época reflejan este momento de cobijo en medio de las crisis atormentadas de entonces, un sentimiento que se muestra en el entusiasmo por la apreciación de los suaves paisajes de la región del Var; El valle del Artuby es, probablemente, el más logrado y complejo de toda la serie.

Tras la apariencia de una estructura libre y casual se esconde una composición mucho más estricta, a base de diagonales cruzadas, en una clara referencia al Cubismo y a Cézanne. El cuadro está pintado con una fluidez extraordinaria y tiene una gran frescura, pero a la vez está muy pensado: una ambivalencia que Togores buscaba lograr en sus realizaciones. Los colores en ningún momento pretenden ser fieles a la realidad; se mueven en una gama sutil que va del gris plateado al verde esmeralda con ligeros toques de cadmio. La rapidez de ejecución seguramente tiene que ver con las obras de Vlaminck de la época. El punteado de los árboles puede recordar al de Marià Pidelaserra, pero también es una clara referencia al punteado de los cuadros cubistas de Picasso, Braque y Juan Gris de los años 1911-1915 que, de hecho, se vuelven mucho más evidentes en los cuadros de figuras replegadas en ellas mismas, en posturas complicadas, que paralelamente pintó Togores entre 1924 y 1925. La recuperación del Cubismo fue un actitud que compartieron, a mediados de los años veinte, otros autores como el propio Picasso o bien André Masson, pero de una forma más ortodoxa que Togores. Otro aspecto interesante de El valle del Artuby es el encuadre desde un punto de vista tan elevado, casi a vuelo de pájaro, que junto con su buscado primitivismo guarda una gran afinidad con los paisajes de Pidelaserra del Llobregat y de Mallorca pintados alrededor de 1914, unas de las obras más interesantes y originales del paisajismo catalán.

A Kahnweiler le gustó El valle del Artuby y por ello lo seleccionó entre las obras que ilustrarían el número que la prestigiosa revista alemana Deutsche Kunst und Dekoration dedicó a Togores en septiembre de 1926. Asimismo, es muy probable que, con el título ligeramente cambiado, se hubiera expuesto en la muestra individual de Togores celebrada en Barcelona en diciembre de 1926 en la Sala Parés. Al crítico de arte y pintor paisajista Rafael Benet no le gustaron estas obras: «No vale pintar paisajes en los que no puedan vivir ni los pájaros ni los hombres. La arquitectura pura deben hacerla los arquitectos: si es que existe un arte que pueda considerarse puro del todo». De hecho, la reacción de Benet estaba propiciada por la entrevista que Sebastià Gasch había hecho a Togores, donde, entre otras declaraciones polémicas, el pintor había afirmado que ya no sentía el paisaje tanto como la figura, y que consideraba este género como un arte menor. La estructuración de raíz cubista de los inicios se había ido diluyendo para dejar paso a una soltura y un despojamiento que cada vez se aproximaba más al mundo naïf, del que tampoco estaban ausentes los paisajes de Derain de comienzos de los años veinte e, incluso, los de algunos de los pintores italianos del entorno de Valori Plastici. Paralelamente, Togores había ido experimentando un cierto desencanto hacia el paisaje y, a excepción de algunas tentativas con éxito llevadas a cabo en Prats de Molló, dejó de pintarlos casi a partir de 1927. Pero las montañas y los prados tiernos y sinuosos, los árboles sensuales y los cielos opacos siguieron presentes en los fondos de algunas de sus mejores obras posteriores.

Josep Casamartina