Tormenta en Castilla

Benjamín Palencia

Palencia, Benjamín

Barrax, Albacete, 1894 - Madrid, 1980

Tormenta en Castilla, 1943

© Benjamin Palencia, VEGAP, Madrid, 2016

Firmado en la trasera: "B. Palencia / 1943".
Titulado en el bastidor: "Tormenta en Castilla"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

95 x 85 cm

CTB.1999.41

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, Subastas 336, Lote 261, abril de 1999.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1950

XXV Biennale Internazionale d'Arte, n. 72, no repr. (titulado "Crepuscolo a Castiglia"

1999

Exposición 30 Aniversario (1969-1999), Madrid, Durán. Subastas de Arte, p. 85.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 166, lám. p. 167.

  • -Álvarez, J. L.; Quesada, L.; y Durán, S: Exposición 30 Aniversario (1969-1999). [Cat. exp.]. Madrid, Duran, Subastas de Arte, 1999, pp. 84-85, lám. c.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 166, lám. p. 167 [ficha de Ines Vallejo].

Informe del experto

Tras la Guerra Civil, Benjamín Palencia comienza a trabajar un paisaje sobrio y áspero de gran expresividad que dista enormemente de su obra anterior. En la década de 1920, el pintor se había asentado en Madrid, donde había conocido a Juan Ramón Jiménez, quien lo introdujo en la intelectualidad del momento. En este entorno, Palencia se interesó por la pintura pura cercana al gusto del poeta y trabajó en dibujos alla ingresca propios de la sensibilidad del nuevo clasicismo. En 1926 se instala en París, relacionándose con los pintores españoles afincados en la capital francesa a los que había conocido anteriormente en Madrid. Su obra se engloba entonces dentro del neocubismo propugnado por E. Tériade en el que el pintor cultiva bodegones y paisajes. El interés por la naturaleza lo llevaría a formar, al regreso de su estancia parisina y junto al escultor Alberto Sánchez, la llamada Escuela de Vallecas. Esta iniciativa, que nació en los paseos que pintor y escultor daban por el entonces entorno rural del distrito de Vallecas, pretendía revitalizar el arte español a través del reconocimiento estético de la naturaleza. Benjamin Palencia era, por tanto, defensor del arte nuevo, entendiendo por este la producción  realizada alrededor de los movimientos de vanguardia europeos dentro de nuestras fronteras.

La Guerra Civil supondría un corte abrupto en el imaginario moderno de Palencia. La frustración de la derrota y el exilio de muchos de sus amigos dejaron al pintor aislado en una España a la que le costaría recuperar sus apuestas vanguardistas. En esta tesitura, Palencia recupera el paisaje. Hacia 1942 realiza una segunda experiencia en torno a la Escuela de Vallecas, junto a artistas más jóvenes, que lo ratificará en la elección del paisaje. En estos años comienza a pintar en la localidad abulense de Villafranca de la Sierra, un paraje agreste cuyas montañas llenan sus composiciones. Su canto a los campos de Castilla está cifrado en un diálogo directo con la materia y el color. La intensidad de las texturas y la importancia del color habían sido características propias de su obra anterior y continuarán estando presentes en su futura producción. Sin embargo, frente a las posteriores composiciones de colores fauvistas, los paisajes realizados en los primeros años cuarenta son severos, adustos y sólidos. El cielo y las montañas están tratados con el mismo ímpetu y parecen pesar de igual manera. Los verdes se tornan grísáceos y el lamento que parece emitir este paisaje llevó al crítico Ramón Faraldo a escribir en su monografía sobre el artista: «Lo que pinta Palencia es más la sensación o la electricidad del paisaje que su postal inerte. Pinta, no por procesos de imitación, sino de identificación, de sustanciación con la tierra y con la fronda, con el secreto trabajo del cielo y la tormenta».

Inés Vallejo