Taberna, c. 1903

Ricard Canals i Llambí

Canals i Llambí, Ricard

1876, Barcelona - 1931, Barcelona

Taberna, c. 1903

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Canals"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Pastel y gouache sobre papel

45,5 x 61 cm

CTB.2003.3

Historia de la obra

  • Subastas Segre, Madrid, 20 de mayo de 2003. lote 266.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 82, lám. p. 83.

  • La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 82, lám. p. 83 [Ficha de Josep Casamartina i Parassols].

Informe del experto

Taberna es una obra que se sitúa en la mejor etapa creativa de Ricard Canals, durante los primeros años del siglo xx, en su larga y exitosa estancia en París. Canals estudió durante un breve periodo en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Barcelona, más conocida como Llotja, y allí coincidió con su amigo Isidre Nonell. Pronto ambos artistas dejaron la escuela para dedicarse a pintar, y junto con Joaquim Mir y Ramon Pitxot formaron el grupo conocido como La Colla del Safrà. Canals se desplazó con Nonell a París en 1897 y ambos expusieron pronto en la galería Le Barc de Bouteville. Gracias a la ayuda del marchante barcelonés Pere Manyac también entraron en contacto con Berthe Weill, quien también expuso sus obras en el conocido establecimiento que regentaba en la capital francesa. La aventura parisina de Canals duró mucho más que la de su colega, ya que residió allí a lo largo de la primera década del siglo XX. En París coincidió con el malogrado Carles Casagemas y Pablo Picasso compartiendo con ellos el ambiente bohemio de Montmartre, sus mismos lugares lúdicos y su misma iconografía. Incluso la paleta de colores de la época en los tres es bastante parecida y el uso habitual del pastel tratado con gran maestría también. Taberna es un buen ejemplo de ello. Pero si en la obra de Casagemas y, sobre todo, en la de Picasso el expresionismo y la estilización serían cada vez más evidentes, la de Canals se mantendría siempre dentro del orden y la contención; no en vano el artista barcelonés había obtenido el beneplácito del famoso galerista Durand- Ruel, que lo tuvo bajo contrato y vendió muy bien sus obras a escala internacional durante los primeros años del nuevo siglo.

Tras la muerte prematura de Casagemas, acaecida en 1901, Canals y Manolo Hugué pasaron a ser los principales amigos catalanes de Picasso en la capital francesa. Fue Canals quien enseñó al malagueño la técnica del grabado, que dio su fruto inmediato en el espléndido La comida fruqal, que precisamente representa una pareja en una mesa, igual que los protagonistas de Taberna. A su vez, Picasso fotografió en 1905 a Canals y retrató a su compañera y futura esposa Benedetta Blanco Coletta, ex modelo de Degas, en un célebre lienzo conocido también como La mantilla negra.

 Canals dejó pronto de lado el desgarro de corte expresionista de Nonell y de Picasso para dedicarse a una pintura más amable, de gran calidad, pero con los temas tópicos propios del casticismo español que tenía mucha demanda tanto en el ambiente francés como en el resto de Europa y América. El cuadro más famoso de Canals en esta línea sería Las cigarreras, inspirado en una célebre escena de la ópera Carmen de Georges Bizet y en el que el tema, demasiado anecdótico y presente, acabaría por empañar su técnica. En Taberna esto a aún no sucede y el tema está tratado con elegancia y sutileza. La pareja del primer término remite directamente a las del Picasso de esos alias, situadas en tabernas y tugurios, a veces representando a sus amigos barceloneses Rafael Nogueras Oller o Sebastia Junycr- Vidal junto a compañeras de copas o incluso prostitutas. La pareja de Canals, sin embargo, es algo más costumbrista, aunque comparte con las otras el mismo gesto, el encuadre, la iluminación en la penumbra y aun los mismos elementos y el decorado tenebroso. Por otro lado, esta obra de Canals presenta también un juego muy interesante entre sombra y luz, con dos escenas contrapuestas que se disputan el tema central de la pieza, creando un juego velazqueño. La pareja de tintes picassianos acapara, en primer término, bastante más de la mitad del cuadro, la parte restante, sin embargo, absorbe toda la luz y acaba siendo el centro de atención. Un grupo de bailarinas mira por una ventana que deja entrar un sol radiante, en contraposición a la penumbra con la que están sumidos los dos bebedores, la mujer y el hombre del primer plano. El tratamiento y la iconografía de las bailarinas, por su parte, parece remitir a las obras más emblemáticas de Edgar Degas, precisamente maestro en la técnica del pastel, que también influiría en Picasso, especialmente en su producción del cambio de siglo.

Ya en la década de 1910, una vez instalado de nuevo en Barcelona, Canals mantuvo su estrecha amistad con Picasso aunque no compartió la dirección radical hacia la vanguardia que este había tomado. El pintor barcelonés dejó atrás su popular pintura costumbrista, sin cambiar en absoluto su excelente técnica, que dedicó, sobre todo, al arte del retrato.

Josep Casamartina i Parassols