Puerto de San Feliu II, c. 1968

Josep Amat i Pagès

Amat i Pagès, Josep

1901, Barcelona - 1991, Barcelona

Puerto de Sant Feliu II, c. 1968

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Amat"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

50 x 65 cm

CTB.1991.11

Historia de la obra

  • Sala Parés, Barcelona.

  • Colección particular.

  • Subastas BROK, Barcelona, 29 de octubre de 1991. lote 328.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1969

Josep Amat, Barcelona, Sala Parés, n. 32.

1998

Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d'Art de Girona, n. 44, p. 140, lám. p. 141.

2002 - 2003

Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, n. 46, p. 162, lám. p. 163.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 82, lám. p. 83.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 35, p. 108, lám. p. 109.

  • Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d’Art de Girona, 1998, n. 44, p. 140, lám. p. 141.[Cat. Exp.]

  • Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, 2002, n. 46, p. 162, lám. p. 163. [Cat. Exp.]

  • -El mar en la pintura espanyola. Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 82. [Ficha de Jordi González Llàcer].

  • El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, 2005, n. 35, p. 108, lám. p. 109.[Cat. Exp. Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj ].

Informe del experto

Unos bocetos sobre cartón de mediados de la década de los treinta correspondientes a las primeras estadías de Amat en Sant Feliu de Guíxols, son los antecedentes más antiguos de Puerto de Sant Feliu. En el transcurso de la década de los cuarenta volvió en alguna ocasión a esta temática y, en 1946, pintó una composición de formato vertical cuyo encuadre en picado es casi idéntico al de esta versión de fines de los años sesenta. Aquí el pintor regresa a la arquitectura, aunque ahora se trata de las montañas, las puntas rocosas y las líneas rectas del muelle del pequeño puerto ampurdanés, una estructura que Amat abordó desde ángulos muy diversos, con formatos verticales o más a menudo, como en esta ocasión, apaisados, plantando el caballete en una colina que domina la bahía que los lugareños llaman «El Fortim» a causa de la antigua y pequeña fortificación que se alza sobre su cima. Desde allí, bajo los pinos de este bello rincón de la villa, pintó incansablemente y superado toda tentación de amanera- miento los muelles solitarios, con apenas una barca y algún yate atracados, y sin los enjambres de turistas que invadieron más tarde las playas y el paseo de Sant Feliu.

Esta capacidad del pintor barcelonés de volver una y otra vez al mismo motivo sin repetirse nunca no pasó inadvertida a los críticos que glosaban sus periódicas exposiciones en la Sala Parés. Así en una crónica publicada en La Vanguardia en 1967 el tratadista Joan Cortes escribió: «Se halla el arte de nuestro paisajista José Amat en la etapa de su más aplomada y sensitiva madurez. El conjunto que nos presenta actualmente es la prueba más persuasiva de lo que puede dar de sí una personalidad como la suya tan ágil y despierta constantemente, para la cual no hay repetición jamás y para la cual se diría que la capacidad de sorpresa, de admiración y de maravilla se halla siempre inédita frente al tema más reiteradamente visto por los ojos del artista e interpretado por sus pinceles'» (1).

 

En estas panorámicas del puerto ampurdanés Amat había ido depurando un sistema compositivo básico, por medio de una horizontal que separa el tercio superior del paisaje, con la línea dorada de la playa y las montañas que protegen la margen septentrional de la bahía, y otra gran diagonal descendente de izquierda a derecha a lo largo del recorrido del muelle, junto a la cual aparecen con frecuencia veleros atracados. Esta sencillez estructural no hace sino acentuar la agudeza con que Amat ajusta los matices de la franja azul oscura de los montes con el turquesa intenso del triángulo ocupado por las aguas del puerto; con dos tonalidades de azul que vibran armoniosamente con el matiz ligeramente agrisado de la franja superior abierta al cielo, con el contrapunto potente de los ocres y colores cálidos del primer término, en la parte izquierda, donde otro triángulo reproduce una zona del muelle con la silueta de algún marinero. La leve inclinación de algunos de los mástiles, desviándose un poco de la vertical que domina en los demás, compensa ingeniosamente la caída hacia la derecha de la mencionada diagonal, así como las pinceladas breves y resolutivas con que se representan las banderas. Como ocurre siempre en las obras de Amat no hay nada gratuito en estos elementos narrativos aparentemente banales, unos elementos que se combinan de diferentes maneras y con atmósferas variables pero que quedan reducidos a sur condición de mero pretexto de una síntesis pictórica cada vez más esencial y despojada de todo revestimiento superfluo. En sus lienzos lo anecdótico reviste siempre un sentido pictórico de necesidad. Únicamente en el dibujo de los yates, entre los cabos, los amarres y las velas retorcidas, sobre las cubiertas requemadas por la luz del sol, Amat se permite unos instantes de fruición dejando voluptuosamente que unas manchas de carmines, amarillos, verdes y morados, se alternen en yuxtaposiciones cromáticas perfectamente abstractas, como aparecerían si aisláramos cualquiera de estos fragmentos en que el pintor se deleitaba con sus improvisaciones de maestro.

Jordi González Llàcer

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(1) Joan Cortès, en La Vanguardia, 19 de febrero de 1967.