Playa nevada. La Barceloneta,1887

Eliseu Meifrèn i Roig

Meifrèn i Roig, Eliseu

1858, Barcelona - 1940, Barcelona

Playa nevada. La Barceloneta, 1887

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Meifren / 1887"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

60 x 121 cm

CTB.1998.50

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, del 20 al 23 de octubre de 1998. lote 263.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2000 - 2001

Eliseo Meifrén i Roig. 1857-1940, Valencia, Museo del Siglo XIX, p. 104.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 40, lám. p. 41.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 11, p. 56, lám. p. 57.

2006

Meifrèn y el paisaje catalán en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Castejón (Navarra), Museo de Castejón, p. 22, lám. p. 23.

2013

Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 40, lám. p. 41.

  • -El mar en la pintura espanyola. Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomás (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 40. [Ficha de Isabel Coll Mirabent].

  • -Meifrèn y el paisaje catalán en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Castejón (Navarra), Museo de Castejón, 2006,  p. 22, lám. p. 23. [Ficha de Isabel Coll Mirabent].

  • -Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2013, p. 40, lám. p. 41. (Cat,. Exp.)

Informe del experto

Eliseu Meifrèn  inició su carrera con la pintura de marinas, un buen número de las cuales fueron realizadas en el puerto de Barcelona, donde el pintor evitaba las vistas típicas para centrarse en escenas que le permitieran pintar el mar, embravecido o en calma, y el cielo, con sus más variados matices. El fruto de su intensa actividad en la pintura de este género se puso de manifiesto en la muestra individual que se inauguró en la Sala Parés el 24 de marzo de 1889. En aquella ocasión expuso sesenta óleos, todos paisajes marítimos, entre-los que destacaba uno que tenía una superficie nevada como protagonista. Así decía la crónica: «Ni descuella, ni por otra pretende descollar Meifrèn, ni por la figura ni por el paisaje terrestre. Hay, sin embargo, en la colección uno de éstos, por extremo apreciable, sencillo a no poder más, como que apenas es otra cosa que estudio de terreno mojado por la nieve»

Lógicamente, esta crítica hace referencia a la obra Playa nevada que representa un rincón de la Barceloneta, barrio de Barcelona estrechamente ligado al puerto y famoso por sus playas y sus baños, Si en la crítica no se habla de «playa», nombre con que se conoce hoy este cuadro, se debe a que aquel espacio que había servido de motivo a Meifrèn no era realmente playa, sino un terreno lindante, el lugar donde se construían las barcas. Por este motivo, en el cuadro se sitúan en primer plano las dos barcas y en el suelo se pueden ver las maderas que servían para construirlas. En el segundo plano de la composición están los bancos y otros artefactos que los carpinteros utilizaban para sostener las barcas mientras trabajaban en su construcción.

Para trazar la línea que, junto con las horizontales que dominan el conjunto, conforma la composición, el pintor se sirvió de la representación del establecimiento de baños que  se había inaugurado en 1856 en aquel enclave y que se llamaba «Baños de los Astilleros» o «Baños del Astillero». En la obra aparecen otros elementos arquitectónicos del Paseo Nacional, que sirven para identificar el lugar representado.   Al mismo tiempo, los bergantines que se ven a la izquierda del cuadro indican que allí está el muelle de la Riba, donde atracan los barcos que iban a América.

La obra se pintó durante la nevada que cayó sobre Barcelona los días 9 y 10 de febrero de 1887. Tan inusual acontecimiento motivó que fotógrafos y pintores saliesen a la calle para captar diferentes puntos de vista de aquel singular espectáculo. Meifrèn sería uno de los que no dudaron en tomar los pinceles, y decidió pintar una composición que iba mucho más allá de una visión topográfica. Lo que realmente le motivó fue la posibilidad de trabajar en captar los matices de la luz y el color, además de describir las sutilezas del ambiente que encontraba en aquellos espacios nevados. Así que tomó los pinceles y se dirigió a un lugar al que acostumbraba ir, pero esta vez escogiendo un escenario distinto: un rincón sencillo y sin anécdota, donde la luz se reflejaba proyectando variadas sombras crornáticas, Estos son los efectos que, con gran seguridad de ejecución, Meifrèn describió en el lienzo mediante delicados matices cromáticos que van desde el gris perla hasta el azul lavanda o el pálido con toques de cobalto, además de algunos rosas. El espacio queda dividido por un pequeño reguero de agua formado por el deshielo de la nieve, cuyo color gris y frío destaca entre el espacio nevado que, junto con las barcas, ayuda a definir el espacio pictórico.

Meifrèn no coloca en esta obra a ningún personaje, sino que prefiere mostrar un rincón solitario, en medio de una atmósfera silenciosa e inmóvil. Los únicos elementos vivos son los pájaros que aparecen en primer plano, unos puntos negros que destacan en medio de aquella soledad; protagonistas que Monet también situaría en su obra La urraca (1869). Del cuadro de Meifrèn hay que observar también la habilidad con que el pintor consigue el fondo, donde las montañas se recortan sobre un retazo de cielo con la luz del atardecer, mientras que el resto del cielo, que ocupa la mitad de la composición, está descrito por una luz gris de sutiles matices que ayudan a transmitir la idea del frío. Así pues, da el mismo espacio al cielo y al suelo nevado, unos espacios que quedan relacionados mediante las verticales de los palos de los bergantines, las farolas, los árboles y la arquitectura.

Con este cuadro, Meifrèn se situaba junto a los grandes impresionistas franceses como Monet o Sisley, entre otros, que encontraron en la transcripción de la nieve un sugestivo reto pictórico.

Isabel Coll  Miravent