Petit Castell de focs al «Pla de la calma»

Perejaume Borrell i Guinart

Borrell i Guinart, Perejaume

Petit Castell de focs al "Pla de la calma", s.f.

© Perejaume, VEGAP, Madrid, 2017

Titulado, firmado y fechado en el reverso: "Petit castell de focs al pla de la calma / Perejaume 86 /Sant Pol de Mar"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

81 x 130 cm

CTB.2005.7

Historia de la obra

  • Galería Montenegro, Madrid, 1987.

  • Colección privada, Madrid.

  • Christie’s, Madrid, 5 de octubre de 2005. lote 101.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1986

Galería Montenegro, Madrid.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 188, lám. p. 189.

2012

Paisatges de llum, paisatges de somni. De Gauguin a Delvaux. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 132, lám. p. 133.

  • La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 188, lám. p. 189 [Ficha de Sergio Rubira].

  • Paisatges de llum, paisatges de somni. De Gauguin a Delvaux. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, [Cat. exp.], 2012, p. 132, lám. p. 133. [Ficha de Sergio Rubira].

Informe del experto

La exploración del tema del paisaje es recurrente en la obra de Pere Jaume. Una investigación casi obsesiva que comenzó ya desde sus primeros contactos con la pintura a mediados de la década de los setenta, influido por el propio entorno en el que nació y creció, la zona del maresme barcelonés, con su particular orografía de playas encerradas entre montañas, y la tradición paisajista catalana de  herencia impresionista y postimpresionista que dominaba entre los pintores  locales con los que se relacionaba, creadores para los que, según sus propias palabras, la pintura era todavía “una forma suntuosa de agricultura”

Pronto sus paisajes empezaron a adquirir un carácter onírico que lo acercaban a los surrealistas por el modo en el que usaba la pintura y  la introducción de elementos extraños en la representación, como sucede en Bas paisatge per l’as (1977), en el que un par de ases del palo de bastos de la baraja española rompen dos de sus esquinas mostrando lo que de construcción tiene el cuadro, o en L’encanyadura tenora(1977), en el que sobre el bosque, que podría  pensarse actúa como fondo teatral de lo que sería un truco de magia, aparece una escoba flotando. Un componente teatral del paisaje que estará presente en su trayectoria posterior en series como Pintura y representación, de finales de los ochenta y principios de los noventa, en la que traslada las butacas de conocidos coliseos a espacios naturales o en Rambla 61(1993), una butaca portátil en la que el espectador puede sentarse y contemplar un paisaje a través de una estructura que reproduce el patio de un teatro.

Esta consideración del paisaje como telón teatral y también como “piel que cubre el mundo”, explica óleos como personatge contemplant l’informalisme(1985) en el que la propia pintura adquiere estas características, se hace paisaje, cuando en la esquina de un cuadro en el que el pigmento esta aplicado siguiendo los métodos del informalismo, supuestamente abstracto, se incluye una barandilla sobre la que se asoma un pequeño personaje que recuerda a los paseantes del pintor decimonónico alemán  Caspar David Friedrich, vinculando la categoría estética de lo sublime, nacida en el romanticismo, con este movimiento de gran importancia en el desarrollo del arte catalán de la segunda mitad de siglo XX.

Una estrategia, la de hacer la pura pintura un paisaje, que sigue en este Petit Castell de focs al pla de la calma, fechado solo un año después y en el que sobre una piel de pintura oscura, que se aclara en la mitad de la parte superior formando un horizonte, el del plano de la calma, sin no es ese plano la propia superficie del lienzo, Perejaume pinta tres pequeñas llamas- fuegos fatuos tan artificiales como ese otro castillo de fuegos al que alude el titulo-, cada una de las cuales es de uno de los colores primarios- amarillo, rojo y azul- que son la base de cualquiera de los demás colores. Una sutil manipulación y transformación inesperada de la imagen que es habitual en todos sus trabajos.

Sergio Rubira