Paisaje con pueblo (Sant Pere de Ribes)
Grau i Sala, Emili
1911, Barcelona - 1975, Barcelona
Paisaje con pueblo, 1974 (Sota Ribes -Sant Pere de Ribes)
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "Grau Sala / 1974"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Gouache sobre papel marouflé
50 x 65 cm
CTB.1996.114
Historia de la obra
-
Subastas BROK, Barcelona, 27 de febrero de 1996. lote 409.
-
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Informe del experto
El paisajismo fue tratado por Grau Sala con tanto acierto como sus célebres iconografías femeninas y escenas lúdicas de fin de siglo. Cabe recordar al respecto el interés que le suscitaron las fórmulas impresionistas y con ellas, el tratamiento del color y de la luz, de aquí su curiosidad por probar este género pictórico. Si motivo fueron de inspiraron los parajes marítimos de Normandía, tan tradicionales en la historia de la pintura francesa, no menos lo supusieron los ofrecidos por los también emblemáticos entornos de Barbizon. Fuera por sus paisajes, por experimentar la atracción que el lugar ejerció en artistas de antaño, o por ambos motivos a la vez, fue en este enclave donde el artista se inició en el tema paisajístico aprovechando las frecuentes estancias veraniegas realizadas durante la década de los años cuarenta[1].
Si bien fue el afán por probar nuevos recursos el que introdujo Grau Sala en esta nueva temática, poca afinidad compartió con los modelos naturalistas ni, de hecho, con cualquier otra corriente determinada o precepto académico establecido. Grau Sala se mantuvo independiente, el suyo fue un estilo propio y personal que se alimentaba de la intuición, la observación, la técnica y de aquellos medios que satisfacían sus expectativas plásticas fuera cual fuera su naturaleza. No abandonó la figuración, aunque su factura fue ciertamente innovadora, para investigar en propuestas conceptuales y lenguajes de última generación. Sin ir más lejos nunca fue tentado por el camino emprendido por su buen amigo y compañero de aventuras artísticas Antoni Clavé.
El paisaje que nos ocupa fue realizado poco menos de un año antes del fallecimiento del pintor y muestra como el artista concebía el género, directo y esencial. Representa Sota-Ribas, el núcleo histórico del municipio de Sant Pere de Ribes, y su entorno de naturaleza mediterránea. La ejecución al gouache, técnica muy conocida y utilizada por Grau Sala, logra un efecto cromático de heterogénea plasticidad. La mezcla de colores constituye un fondo tapizado sobre el que actúa un trazo más o menos concreto que acentúa especialmente la vegetación o parte de ella con el dibujo esquemático de hojas y tallos. En un plano alejado, asoma el recinto que alberga el castillo y la iglesia que pueden reconocerse sin dificultad. Manchas indeterminadas de colores claros -blancos, ocres y algún toque rojizo para sugerir los tejados- definen las formas arquitectónicas. La libertad de factura es completa y muestra una percepción inquieta y desenvuelta. La proporción y equilibro, sin embargo, presiden la composición tanto en lo que se refiere a los volúmenes como a la combinación de tonalidades frías y cálidas.
Durante los últimos años de su vida, Grau Sala acude con asiduidad a Sitges, población costera próxima a Barcelona, a la que le unían lazos personales y en la que sería enterrado a su muerte. Lógico es que los lugares significativos de las cercanías se convirtieran en sus escenarios, uno de ellos, Sant Pere de Ribes. La producción artística del pintor en esta última época es ingente, de tal manera que en una velada entre amigos acontecida en Sitges manifestaba sorprendido: “La gente se ha vuelto loca. No doy abasto a pintar, me lo sacan de las manos. No hay manera de trabajar tranquilo[2].
Lluïsa Sala Tubert
————————————–
[1] Gasch.S. “Grau Sala a la luz del recuerdo” en Destino, 5-13 de julio de 1975, p.37.
[2] Pla, J. “Emili Grau Sala: la passió per la pintura” en Revista de Catalunya, n.34, octubre de 1989, p.97-109.