Paisaje, c. 1915-1927

Francesc Gimeno i Arasa

Gimeno i Arasa, Francesc

1858, Tortosa - 1927, Barcelona

Paisaje, c. 1915-1927

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: ''F. Gimeno''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

24,5 x 39,5 cm

CTB.1996.78

Historia de la obra

  • Subastas Brok, lote 465, Barcelona, 29 de octubre de 1996.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1997 - 1998

El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, n. 9, p. 54, lám. p. 55.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 16, p. 70, lám.

2006

Meifrèn y el paisaje catalán en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Castejón (Navarra), Museo de Castejón, p. 42, lám. p. 43.

2007

Pintura Catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Oviedo, Sala de Exposiciones Banco Herrero, n. 16, p. 70, lám. p. 71.

  • -El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 9, p. 54. [Ficha de Jordi À. Carbonell i Pallarès].

Informe del experto

Los paisajes constituyen la parte más abundante de la obra de Francesc Gimeno. Desde sus primeros años de formación en Tortosa, el artista se interesó por la representación del entorno natural. Su posterior estancia en Madrid junto al paisajista Carlos de Haes lo orientó hacia la representación realista.

Gimeno siempre tuvo claro que la pintura tenía que plasmar el mundo y la vida sin prejuicios, de una manera directa, lo cual suponía trabajar al aire libre. Con el paso de los años su estilo evolucionó desde este naturalismo inicial hasta una interpretación vigorosa e impulsiva de la realidad, que culminó con un expresionismo intuitivo y profundamente vital durante la última etapa de producción del artista  (1915-1927).

El cuadro objeto de este breve comentario es muy ilustrativo del estilo que Gimeno desarrolló en los últimos años de su vida. Nos presenta un paisaje montañoso en las últimas horas del día, lo que da lugar al fuerte contraste entre las tonalidades oscuras del ámbito terrestre y los tonos dorados del reducido fragmento de celaje que aparece en la parte superior de la composición. Hay que destacar la factura abrupta, rica en empastes, conseguida a base de pinceladas largas y espesas, de impetuoso trazo. No cabe duda de que el cuadre de dimensiones muy reducidas, fue ejecutado rápidamente, en una única sesión al aire libre.

Gimeno pintaba sus paisajes alla prima, sin bocetos preparatorios, con una gran seguridad, sin rectificaciones, lo cual pone de manifieste su gran dominio de la técnica. La agilidad y el nervio de los que hace gala en su ejecución confieren al cuadro un aspecto áspero, audaz y enormemente expresivo. En ningún momento se detiene en detalles accesorios y su síntesis intuitiva hace que se imponga de una manera radical la visión de conjunto.

El carácter irreflexivo y directo de esta obra es un buen ejemplo de la interpretación profundamente vital que Gimeno solía ofrecer de la naturaleza y del mundo en general durante los últimos años de su vida. Sin embargo, el aspecto abocetado y poco elaborado de este cuadro y de la mayoría de los que pintó no siempre agradaban al gran público. Sólo un reducido círculo, compuesto por profesionales liberales como el doctor Bedós de Sabadell, empresarios como Martí Monteys o artistas como Rafael Benet, admiraron estas obras y apoyaron al pintor. No obstante, Gimeno, consciente de la valía de su pintura, no hizo concesiones y prefirió vivir precariamente antes que tener que renunciar a su libertad creativa.

Jordi À. Carbonell