Casas y tapias subiendo al Tibidabo, c. 1918

Francesc Gimeno i Arasa

Gimeno i Arasa, Francesc

1858, Tortosa - 1927, Barcelona

Casas y tapias subiendo al Tibidabo, c. 1918

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "F. Gimeno"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre cartón

23 x 28,5 cm

CTB.1998.100

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, lote 186, 14-17 diciembre de 1998.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Informe del experto

Francesc Gimeno pintó centenares de paisajes durante toda su trayectoria profesional. Su evolución partió de los parámetros realistas aprendidos junto a Carlos de Haes a mediados de los años ochenta del siglo XIX y de manera progresiva elaboró un lenguaje formal naturalista de formas esbozadas, de pincelada impulsiva y cromatismo claro y vivaz. En general sus paisajes de plena madurez, como el que se analiza en este comentario, son de ejecución impetuosa, quebrada y expresionista, con una factura llena de grosores. En el aspecto cromático, hay un insistente dominio de los colores intensos, en muchos casos del rojo. Durante los años de plenitud creativa, liberado de cualquier convencionalismo, Gimeno llegó a plasmar unos paisajes torturados, acordes con los incisivos cuadros de figura y sobretodo con los abruptos autorretratos. Por otra parte, desde inicios de los años noventa del siglo XIX, el artista fue un pionero de la representación pictórica de los suburbios barceloneses y los alrededores, aun en proceso de urbanización.

Precisamente, Casas y tapias subiendo al Tibidabo plasma una zona de las afueras de la ciudad, donde conviven todavía, los huertos, los chalets de la burguesía y los edificios de pisos. El pintor plasma ese lugar de una manera directa, sin ninguna anécdota ni detalle pintoresco. En la parte izquierda de la composición, un muro forma el eje de profundidad y por encima de él sobresale la vegetación desordenada. En la parte central destaca el pequeño camino que serpentea entre las tapias. Los edificios de pisos de la parte derecha muestran el contrapunto con su verticalidad y su aspecto aislado denota su situación suburbial. El carácter fuertemente expresivo de este óleo es fruto de su ejecución espontánea y ágil, sin ninguna preparación previa. Gimeno, que se vio obligado a trabajar como pintor decorador casi toda su vida, realizó en sus horas libres numerosas notas de los alrededores del barrio de sant Gervasi, donde residía con su familia. La parte alta de calle Balmes, la subida al Tibidabo, la carretera de les Aigües y la Bonanova fueron motivos recurrentes de sus paisajes urbanos, ya que le eran cercanos. El artista siempre representó su entorno más próximo. Solo durante el verano, cuando se trasladaba al pueblo de su esposa, Torroella de Montgrí, realizaba paisajes rurales y vistas del abrupto litoral de la cercana Costa Brava. En los años en los que Gimeno realizó esta nota su pintura culminaba estilísticamente y, por otra parte, empezaba a ser reconocida por un pequeño círculo de aficionados, que le financiaban campañas paisajísticas por Cataluña y Mallorca, para luego adquirir las pinturas resultantes. Finalmente, dicho mecenazgo, junto con las escasas ganancias proporcionadas por las ocasionales ventas en las exposiciones, posibilitaron al pintor subsistir de forma sencilla sin tener que trabajar en talleres de pintura decorativa. Ello le permitió al fin dedicarse exclusivamente a su vocación artística. No obstante, su obra no fue plenamente reconocida hasta después de su muerte, acaecida en otoño de 1927. Fue entonces cuando se organizó una gran retrospectiva de su obra y su éxito rotundo la consagró definitivamente considerándose, a partir de entonces, entre lo más destacado de la pintura catalana del cambio de siglo.

Jordi A. Carbonell