Niñas a la luz de un farol

Lluís Graner i Arrufí

Graner i Arrufí, Lluís

1863, Barcelona - 1929, Barcelona

Niñas a la luz de un farol, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: ''L. Graner''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

90 x 94 cm

CTB.1995.101

Historia de la obra

  • Sotheby’s, Madrid, 25 de abril de 1995. lote 28.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004

Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, n. 13, p. 64.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 45, p. 134, lám.

2007

Pintura Catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Oviedo, Sala de Exposiciones Banco Herrero, n. 45, p. 134, lám. p. 135.

2019 - 2020

“Influencers” en el arte. De Van Goyen al “Pop Art”. Museu Carmen Thyssen Andorra. p. 32, 33, 114 y 115.

  • -Pintura Catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 45, p. 134. [Ficha de Lluïsa Faxedas].

  • -Litvak, Lily: «La noche iluminada. De la luz de gas a la electricidad». En Madrid 2005-2006, pp. 51-100, cit. p. 82.

  • -Luz de gas. La Noche y sus Fantasmas en la Pintura Española (1880-1930). Jiménez Burillo, Pablo y Litvak, Lily (eds.). [Cat. exp.]. Madrid, Fundación Cultural Mapfre Vida, 2005.

  • -“Influencers” en el arte. De Van Goyen al “Pop Art”. Museu Carmen Thyssen Andorra.[Cat. Exp. Museu Carmen Thyssen Andorra], Andorra, 2019, p. 32, 33, 114 y 115  [Ficha de Lluïsa Faxedas].

Informe del experto

La obra de Lluís Graner se enmarca en la corriente de la pintura catalana de finales del siglo XIX que toma partido por el Realismo, incorporando a menudo elementos de crítica social. Graner se formó, precisamente, en la Escuela de la Llotja, con dos de los más destacados representantes de la tendencia realista, Antoni Caba y Benet Mercadé; y después de su viaje a Madrid en 1887 para visitar el Museo del Prado, en el que se interesó especialmente por la obra más costumbrista de Velázquez y Murillo, la inclinación de Graner por la pintura de género quedó definitivamente encauzada. Desde ese momento la influencia de los grandes maestros del Siglo de Oro español estará siempre presente en sus obras, así como la de algunos pintores franceses a los que descubrió en París, en una estancia iniciada el mismo año y que no se prolongó más allá de 1891: entre sus contemporáneos, sobre todo Jean-François Millet y Jules Bastien-Lepage, y en el museo, los hermanos Le Nain y muy especialmente Georges de La Tour. Es sobre todo la fascinación ejercida por este último la que haría que su realismo se tiñera muy a menudo de tenebrismo, y que tendiera a retratar sus temas en ambientes nocturnos, de forma que pudiera insistir en el contraluz causado por fuentes luminosas artificiales.

En efecto, si hubiera que destacar un elemento que caracterice la pintura de Graner, más que en la variada iconografía que trató, centrada alrededor de la vida en la gran ciudad y muy especialmente en las vivencias de algunos de los personajes marginales que la habitaban (borrachos, pobres, marineros…), tendríamos que fijarnos en su personal tratamiento de la luz. En ese sentido esta obra es sumamente representativa, puesto que nos muestra uno de sus temas predilectos del que creó múltiples versiones: unos personajes, en este caso dos niñas, en un ambiente nocturno e iluminadas por la luz de un farol. La luz rojiza del mismo nos muestra sólo el rostro y el vestido de una de las niñas e insinúa el perfil de la otra, dejando en la penumbra el resto del cuadro. En otras ocasiones las fuentes luminosas que utiliza serán quinqués, hogueras, velas, hornos, o incluso la punta de un cigarro; luces que brillan en tabernas, puertos, fábricas o talleres, y alrededor de las cuales se congregan los personajes de sus obras, mostrados siempre al contraluz.

La importancia de estos efectos lumínicos en la obra de Graner fue claramente advertida por los críticos desde sus inicios, y así Raimon Casellas, crítico de arte de La Vanguardia, le calificó con un tono entre irónico y elogioso de «rebuscador infatigable y un tanto dado a los efectismos que no se satisface nunca con lo trillado y conocido […], extremoso en sus propensiones; lo mismo se interesa por la luz y sus espejismos que por las sombras y sus arcanos»1. En este sentido cabe señalar también para esta obra, además de las ya indicadas, la influencia de Goya, que en sus Fusilamientos del tres de mayo dio una lección magistral sobre el uso de un foco de luz para acentuar el dramatismo de una escena. La preferencia de Graner por los ambientes nocturnos, por lo demás, conecta también su obra, aunque sea tenuemente, con la sensibilidad modernista y decadentista de la que fue contemporáneo, de la que por la temática tratada en su obra se encuentra en principio bastante alejado.

Lluïsa Faxedas