Naturaleza muerta en rojos, 1951

Francisco Bores

Bores, Francisco

Madrid, 1898 - 1972

Naturaleza muerta en rojos, 1951

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: 'Bores 51'.
Etiqueta al dorso de Sheldon Memorial Art Gallery de Nebraska (EE.UU.)
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

60 x 81 cm

CTB.1999.42

Historia de la obra

  • Colección Alexander Liberman, Nueva York, 30 de junio de 1953.

  • Sheldon Memorial Art Gallery, Nebraska.

  • Ansorena Subastas de Arte, lote 77, Madrid, 23 de mazo de 1999.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1952

Malerei in Paris Heute, Zúrich, Kunsthaus, n. 18, no rep. (con medidas 81 x 60 cm)

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 170, lám. p. 171.

  • -Dechanet, H.: Francisco Bores. Catálogo razonado de pintura, 1917-1972. Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía – Telefónica, 2003, 2 vols., vol. II, n. 1951/27, p. 198, lám. c.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 170, lám. p. 171 [ficha de Inés Vallejo].

Informe del experto

En los años de posguerra europea, cuando París perdió la hegemonía artística en favor de Nueva York y la pintura estuvo sujeta a una reordenación cifrada en abstracto, Bores siguió fiel a su ideario estético. En su figuración lírica no hubo cabida para la reflexión de los horrores bélicos y su pintura no se tiñó de la veta dramática de los acontecimientos. Ajeno a todo ello, el pintor ratificó su camino y la década de los años cincuenta fue un momento de gran confianza en sí mismo. Esta seguridad provocó una profundización en el estilo ya adquirido. El Bores de este momento es el pintor virtuoso de la figuración lírica que ha adquirido una posición altamente confortable en el mercado artístico.

Pese a la convicción con la que el pintor se enfrenta entonces al lienzo, Bores aspira todavía en sus obras a una mayor luminosidad que conseguirá gracias a lo que la crítica denominó «manera blanca». Con el término no se hace referencia únicamente a una claridad producida por el uso del blanco, sino que se trata de un procedimiento pictórico en el cual la sensación de luz va unida al color. El pintor insiste en sus bodegones, como en Naturaleza muerta en rojos, en un predominio monocromo que le sirve para manejar la luminosidad del cuadro. Los logros conseguidos a través del color pueden ponerse en relación con el atrevimiento matissiano que tanto ansiaba ver Tériade en la joven pintura de los años veinte. Por su parte, las figuras parecen reducirse a una mínima expresión formal, a una presencia evanescente perdida en cierta medida en ese maremágnum resultante de la extensión de color. La presencia espectral de los objetos aligera la composición y favorece la intención de Bores de cifrar un ambiente.

En esta manera de hacer, el color no es únicamente monocromo. En la estructuración del cuadro, el pintor plantea un enfrentamiento, en rojos y azules, que le sirve para distribuir los espacios. En el catálogo de la exposición de Bores celebrada en la galería Louis Carré en 1957 se recogen unas palabras de André Lhote que aluden a este duelo: “¿qué color del prisma -se preguntaba Lhote- será el elegido como dominante? y, si ha de haber oposición entre dos tonos, ¿cuáles serían estos y cómo habrán de estar dosificados?, si el tema no puede ser tratado más que en multitonalidad gradual de un color, ¿cómo poder sugerir el lejano prisma?”. A lo que el pintor español añadía mostrando la utilidad de esta dicotomía: “Lo cierto es que le di a la luz una mayor importancia, logrando así que el cuadro respirase”.

Inés Vallejo