Bodegón con flores y peras, 1945

Francisco Bores

Bores, Francisco

Madrid, 1898 - 1972

Bodegón con flores y peras, 1945

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: 'Bores 45'
Titulado sobre el bastidor: "Vase de fleurs et poires"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

46,5 x 55,2 cm

CTB.1998.91

Historia de la obra

  • Galeries Alfred Poyet y Renou et Colle, septiembre de 1945.

  • Colección particular.

  • Durán Subastas de Arte, lote 170, Madrid, del 19 al 23 de octubre de 1998.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 168, lam. p. 169.

  • -Dechanet, H.: Francisco Bores. Catálogo razonado de pintura, 1917-1972. Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía – Telefónica, 2003, 2 vols., vol. II, n. 1945/6, p. 13, repr. b/n.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 168, lám. p. 169 [ficha de Inés Vallejo].

Informe del experto

Como el propio Bores relató en numerosas ocasiones, el inicio de su biografía artística debe situarse en su traslado a París No contento con la repercusión que el arte joven estaba teniendo en el Madrid de la década de 1920 y ansioso de conocer de cerca la modernidad, el pintor se trasladó a la ciudad del Sena en 1925. A la hora de abrirse camino en la vorágine parisina, Bores plantea un estilo propio en el que sintetiza la herencia plástica de Braque y Cézanne y las exigencias del lirismo, tal y como él mismo definiría. Este nuevo lenguaje encontró a su gran defensor en E. Tériade, quien advirtió en la obra de Bores una nueva concepción de la pintura. El crítico subrayó que el pintor partía de elementos pictóricos simples, los propios de la pintura pura, para llegar a un efecto plástico de una enorme sensualidad carente de artificio.Desde las páginas de Cahiers d’Art, Tériade de nominó a este lenguaje «nuevo fauvismo» e invitó a que la joven pintura de mediados de los años veinte mostrara en sus lienzos la audacia que había caracterizado la obra de Matisse. De esta manera, la figuración lírica de Bares tendría su eco en algunos de los pintores españoles afincados en París, como sus amigos Pancho Cossío, Joaquín Peinado y Remando Viñes, entre otros.

En sus obras, Bores perseguía la transcripción de un ambiente más que la traslación directa de la realidad. Este interés en capturar el momento le llevó a trabajar en escenas de interior y naturalezas muertas. En estas últimas, el pintor se centraba en la traducción pictórica de una sensación, de ahí que se refiriera a una etapa de su producción como la de la «pintura fruta». Bores reivindicaba la pintura como un acto de placer sensual, parecido al que se tiene al palpar y saborear una fruta. El historiador Eugenio Carmona ha señalado la cercanía existente entre la obra boresia na y el concepto estético de lajouissance, puesto que el pintor identificaba los placeres diarios y sencillos con el goce de vivir. Este interés por lo cotidiano haría que Bores fijara su mirada en lo cercano: una escena de café, una mujer leyendo o el simple estar de una naturaleza muerta. Además, su absoluta confianza en lo cotidiano hizo que se mantuviese firme en su posición artística cuando, finalizada la Segunda Guerra Mundial, el arte comenzó a expresarse en la clave abstracta del informalismo europeo.

En los años cuarenta, tal y como demuestra Bodegón con flores y peras, sus bodegones se vuelven más rotundos. En este momento Bores basa la figuración en una suerte de síntesis constructiva heredada de planteamientos poscubistas. Con ella, los objetos adquieren un mayor aplomo debido a que sus formas aparecen remarcadas como si, en el lenguaje de la yuxtaposición del blanco y el negro, la corporeidad de los objetos ayudara al pintor a aprehender el ambiente.

Inés Vallejo