Naturaleza muerta, 1948

Pau Roig i Cisa

Roig i Cisa, Pau

1879, Premià de Mar - 1955, Barcelona

Naturaleza muerta, 1948

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "Roig/1948"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

54 x 65 cm

CTB.2003.27

Historia de la obra

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 150, lám. p. 151.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 150, lám. p. 151 [Ficha de Josep Casamartina i Parassols].

Informe del experto

Pau Roig es, sin duda, uno de los artistas catalanes más próximos a la pintura francesa del fin del siglo XIX y las primeras décadas del xx. Su decoración mural para la tienda de pianos Casadó & Moreau de Barcelona, realizada en 1900 para el exquisito decorador Gaspar Homar, se puede contar entre los mejores ejemplos de pintura simbolista catalana, estéticamente muy conectada con el movimiento francés, en su caso en concreto con Alexandre Séon y Maurice Denis. No es de extrañar, pues, que Roig se fuera a París en 1901 y se integrara perfectamente en el ambiente artístico de la capital francesa a la vez que mantenía contacto con los miembros del Salón de la Libre Esthétique en Bruselas, con el que también estaba conectado Darío de Regoyos. De hecho, Roig vendió casi toda su producción en Bélgica durante décadas; quizás por ello circula muy poca obra de sus inicios y apenas es conocida.

Roig vivió muchos años en la capital francesa y se casó con Maríe- Hélene Watremez Quarré. Publicó ilustraciones en las célebres revistas Le Rire, L’Assiette au beurre o Frou-Frou y también se dedicó a pintar escenas de circo, de music hall y algunas españoladas, siempre filtradas por la visión refinada del simbolismo francés y el japonesismo. Igualmente se dedicó al grabado y con ello alcanzó un gran reconocimiento hasta que a causa de un accidente en la vista tuvo que abandonarlo en 1932. Al año siguiente volvió a Barcelona y se integró en el ambiente catalán. En 1939 se exiló en Francia y de nuevo volvió a París, pero en 1943 retornó definitivamente a Cataluña, instalándose entre Barcelona y su pueblo natal de Premia de Mar, en donde su familia tenía una finca y donde pintaría gran parte de su obra, desde entonces centrada en paisajes, bodegones y figuras. A partir de 1944 expuso asiduamente en las Galeries Syra. En 1950 recibió en Barcelona el Prernio Condado de San Jorge y en 1952 tuvo lugar su primera retrospectiva en la capital catalana en las Galerías San Jorge. Asimismo Roig participó en las exposiciones barcelonesas de Primavera y de Otoño y en las primeras ediciones de la Bienal Hispanoamericana de Arte. A raíz de su muerte en 1955 el Cercle Maillol del Instituto Francés de Barcelona le organizó otra gran antológica con carácter póstumo.

 Naturaleza muerta es un cuadro muy representativo de la última etapa pictórica de Roig desarrollada en los últimos trece años de su vida. Una etapa caracterizada por la nitidez de la composición y la sencillez, unido a una gran luminosidad y transparencia y el predominio de los amarillos y los tonos claros con un aire de placidez que evoca la producción de los pintores nabis del fin de siglo que él conocía de primera mano. Una pintura callada, como la música de Joaquim Mompou.

La composición de esta naturaleza muerta es claramente cézanniana pero también remite directamente a Bonnard, con su pincelada vibrante, su composición intuitiva y antíacadémica y su colorido tierno y sensual. Detrás de la delicada representación de los objetos existe sin embargo una interesante estructura geométrica y abstracta, a base de diagonales, perpendiculares y círculos. Por la época en que fue pintado este lienzo incluso podría tornarse como un precedente de la obra de Albert Rafols Casamada, que siempre tendió un puente entre la abstracción y la figuración, la geometría y la representación. La utilización del color también es interesante, con el contraste del rosa con el negro y el amarillo, el mantel a rayas, más estridente, y el fondo azul con flores blancas apenas insinuadas, como un papel de pared, Igual que Rafols Casamada, la pintura aquí está poco insistida de forma voluntaria, aplicada tiñendo la tela, sin apenas perfilar los objetos, algo que le confiere un aspecto casi matissiano. Por otra parte, el jarrón con flores, aquí situado en la parte derecha de la obra, es un  tema muy recurrente en la obra última del pintor.

A sus casi setenta años, y con plenas capacidades y buena difusión local de su obra reciente, Roig aparecía como un pintor joven en el campo de la figuración junto a Joaquim Sunyer, Jaume Mercadé, Josep Mompou o Miquel Villa, que eran de los pocos artistas consolidados que no habían sucumbido al realismo conservador y rancio que se había impuesto en la posguerra española incluso en artistas de vanguardia. La figuración sensible y transparente del pintor de Premia irrumpía silenciosamente en la oscura década de 1940 como un puntal de la modernidad, en paralelo a otras vías más atrevidas, como la abstracción que empezaba a renacer o el surrealismo mágico y crepuscular de los protagonistas de Dau al Set, que serían quienes impondrían el arte contemporáneo. Pero entre algunos jóvenes artistas catalanes que tardaron años en dar el paso hacia la abstracción o los que quisieron quedarse en la retaguardia de la figuración sin por ello abrazar la pintura retrógrada imperante en aquel momento en Barcelona, Pau Roig fue considerado un auténtico maestro al que seguir.

Josep Casamartina i  Parassols