Mujeres cosiendo bajo el sol
Barrau i Buñol, Laureà
1864, Barcelona - 1957, Ibiza
Mujeres cosiendo bajo el sol, c. 1920 (Remendando la vela)
Firmado en el ángulo inferior derecho: "L. Barrau"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
137 x 115 cm
CTB.1998.87
Historia de la obra
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Sala Retiro Subastas, Madrid, 16 de diciembre de 1998. lote 96.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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– Sons. Analogías musicales en la pintura. Museu Carmen Thyssen Andorra [Cat. Exp. Com.: Giró,P.], Ed. Fundació Museu Andorra (Museand), 2024. P. 18-19, 97, 175, 190 y 191 [Ficha de Pilar Giró].
Informe del experto
Mujeres cosiendo bajo el sol es una obra de madurez de Laurea Barrau, en la que muestra haber encontrado su propio lenguaje ando pistas de su extenso bagaje artístico.
Barrau inició sus estudios en la Escala de Selles Arts de Barcelona, luego se trasladó a Madrid para conocer de primera mano la obra de los grandes maestros españoles del Museo del Prado. Becado con la pensión Fortuny que otorgaba el Ayuntamiento de Barcelona, pudo establecerse tres años en Roma y luego marcharse a París. Allí entró en la Académie des Beaux-Arts y tuvo como tutor al pintor Jean-León Géróme.
En 1912 Barrau vista la isla de Ibiza, lugar donde al llegar afirmó: ¡Aquí está mi pintura! Desde entonces, él y su esposa alternarán estancias entre Caldetes y la isla, hasta 1931 cuando definitivamente se instalan en Ibiza.
Ibiza le ofrece todos los elementos que necesita para trabajar e inspirarse: la luz, cromatismos brillantes, escenas costumbristas, interiores intimistas … La manera como elige plantear el tema de la obra Mujeres cosiendo bajo el sol permite observar claramente elementos de la cultura tradicional ibicenca, como por ejemplo el vestuario de la figura femenina que aparece en primer plano cosiendo. Una escena familiar que, a pesar de desarrollarse al aire libre, no pierde su carácter de intimidad y complicidad; como bién podría decirse de la obra Mujeres cosiendo (1898) de Albert André.
El juego de luces visible sobre el tejido que se extiende como un mar de espuma por la superficie del lienzo le ofrece la excusa perfecta para jugar con maestría y mostrar su dominio de la luz. Resulta casi imposible no pensar en el Luminismo valenciano o en la Escola Luminista de Sitges cuando se percibe la forma en que trata la luz y los mil colores de un blanco que lo tiene todo menos silencio y quietud.
La figura del fondo, cuyo gesto recuerda a algunas figuras de Renoir, parece que utilice su parasol, no solo para cerrar la escena y proteger del sol al bebé sino también para salvaguardar la intimidad del instante. Intimidad enfatizada en la ternura de la criatura amantándose.
Una escena repleta de delicadeza, de luces tamizadas y de gestos de afecto. Una obra que invita a ser un espectador sigiloso, para no estorbar el perfecto equilibrio armónico y cómplice de las tres jóvenes; como también sucede en la obra tardía de Barrau Muchachas en un interior.
Conversaciones y confidencias, sueños y deseos, pues por sus expresiones parece que estén esperando que la chica del sombrero, cuando ponga voz a sus pensamientos diga algo que desean escuchar con agrado. Sólo el arte puede pintar el pensamiento y Barrau aquí lo consigue.
Pilar Giró