Excursión marítima, c. 1920

Laureà Barrau i Buñol

Barrau i Buñol, Laureà

1864, Barcelona - 1957, Ibiza

Excursión marítima, c. 1920

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "L. Barrau".
Titulado en el reverso.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

100 x 73,5 cm

CTB.1996.84

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 29 de octubre de 1996. lote 472.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2015

Días de verano. De Sorolla a Hopper, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 57, pp. 146-147, lám.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 122-123 y 177.

  • -Días de verano. De Sorolla a Hopper. Moreno, Lourdes (ed.)[Cat. exp. Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2015, n. 57, pp. 146-147, lám.

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p.122-123 y 177 [Cat. Exp.]  [ Ficha de Joana María Palou i Sampol].

Informe del experto

Algunos autores, entre ellos algún crítico coetáneo del pintor, han señalado la constante y ardua búsqueda de Barrau de un estilo propio, lo que durante largo tiempo le llevó a fluctuar entre diversos caminos artísticos, si bien siempre desde la excelencia técnica. Entre los años 1900, cuando comienza a pasar largas temporadas en Caldetes, y 1931, en que se establece definitivamente en Ibiza, Barrau realiza la obra que determina su estilo más definido: colores limpios y vibrantes, escenas costumbristas bien construidas y depuradas, con elementos precisos y con la luz como protagonista fundamental, siempre con un tono mesurado, con todo lo cual alcanza la madurez pictórica. Esta Excursión marítima se enmarca en la época de plenitud artística de Barrau. Un barquero erguido, vestido con calzón elemental y tocado con un gorro marinero, con rasgos fisonómicos esbozados, impulsa con la pala un patín o pequeño catamarán sobre el que va sentada una sonriente jovencita con un moderno bañador rojizo, mirando directamente al espectador. A lo lejos casi se insinúa un bañista sobre un segundo patín. La línea rotunda del horizonte divide las tonalidades azul pálido del cielo y azul intenso del mar. Se ha buscado el contraste entre los elementos rectilíneos y las líneas sinuosas de cuerpos y telas, todo ello modelado con toques de luz y remarcado por los trazos largos y precisos del pincel. Barrau quiere dar la impresión de escenas frescas y cálidas, de fijar un instante como si se tratara de un apunte o de una escena tomada directamente del natural. Sin embargo la precisión académica sobre la que aquí y siempre se apoya, la composición perfecta y la proporción casi clásica, así como su método a base de diferentes apuntes y de numerosos esbozos, ya sea partiendo directamente del dibujo primero o de la fotografía, contradicen la  espontaneidad y la viveza pretendidas al tiempo que explican la forma de trabajo de un pintor excelente y esforzado.

Se desconocen las exposiciones en las que el cuadro pudo mostrarse u otros documentos que puedan datar la obra con exactitud. Sin embargo resulta fácil la comparación con las series de pescadores o de escenas de playa que Barrau realiza particularmente entre los años 1910 y 1920 y que muestra en América y también en París o Barcelona. Este trabajo remite en particular a representaciones conocidas de 1920, aproximadamente, realizadas en Caldetes, con  pescadores de gambas o de ánforas, muchachas en la playa, niños jugando en el agua…, todas las cuales parten de multitud de dibujos y esbozos y que terminan en obras muy atractivas que, sin embargo, desde su primera presentación se relacionaron con la pintura de Sorolla. La crítica de la época ya señaló los rasgos “sorollescos” de la pintura de madurez de Barrau, a manera de marchamo que ya le acompañaría para siempre, por mucho que pretendiera desligarse de la estela del pintor valenciano. Barrau y Sorolla eran coetáneos y tuvieron una formación casi exacta, pero Sorolla abrió caminos que de forma más o menos precisa fue trillando Barrau. Y hay que señalar también que Barrau consigue dar un tono diferenciado a su “sorollismo”, que en él resulta más íntimo, mesurado y hasta clásico. Son estos algunos de los rasgos que se encuentran en Excursión marítima.

Joana Maria Palou i Sampol