La palmera

Ramón Martí i Alsina

Martí i Alsina, Ramón

1826, Barcelona - 1894, Barcelona

La palmera, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

55 x 46 cm

CTB.2005.9

Historia de la obra

  • Subastas Lamas Bolaño, Barcelona, 29 de diciembre de 2005.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2012

Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 23, p. 112, lám. p. 113.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 68-69 y 165-166.

  • -Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin. Lourdes Moreno (ed.). [Cat. exp.]. Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2012, n. 23, p. 112, lám. p. 113 [Ficha de M. Concepción Chillón Domínguez].

     

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 68-69 y 165-166.[Cat. Exp.] [Ficha de M. Concepción Chillón Domínguez].

Informe del experto

“Cuanto se hay dicho sobre acercarse o deberse acercar, apartarse o deberse apartar, más o menos, la pinta de la naturaleza (que todo se ha dicho) algo es cierto, que la Naturaleza ha originado la pintura, que la pintura vive de la naturaleza. Esta verdad llega a ser trivial, y sin  embargo es necesario repetirla, y sentarla como base de cuestión”.

Ramón Martí Alsina escribió sobre teoría pictórica, estética e incluso filosofía. Sobre esta ultima disciplina, por ejemplo, existe un manuscrito titulado “Sobre el ateísmo”, un comentario a un texto de Leopardi en el que también cita a otros románticos, como Shelley. Estos textos no solo demuestran que era  conocedor de la cultura romántica europea, sino que, en consecuencia, el mismo y su obra responderían, de alguna manera, a su ideología.

La cita que me he permitido recoger solo es un ejemplo de los muchos que nos ha legado y, de nuevo, este pintor de prosa inteligente pero, a la vez, sensible, apasionado y entusiasta, demuestra que sus palabras son fundamentales para entender su obra.

La Palmera, en este caso, es una obra en la que se podría aplicar la cita antes referida. Está fechada en el año  1868 y, por tanto, corresponde a la época de su consolidación y éxito (1860-1872).

Lejos quedan los paisajes donde las ruinas cantaban odas al pasado, y la vegetación era. Quizás demasiado frondosa para ser real. Eran los paisajes que bebían de las enseñanzas de su maestro Lluis Rigalt, y respiraban los aires patrióticos de la Renaixença catalana. Antes de 1868 Martí Alsina ya había estado en París – en 1853₃, 1855, 1863, 1867-, y desde entonces en sus obras fue tanteando,  primero sutil, y progresivamente más espontaneo y vivo, el estilo realista con el que creó escuela.

Una palmera majestuosa es la protagonista de la composición. El pintor se recreo en todos los detalles minuciosos que integran sus algunas y recovecos, así como las sombras y la flexible sinuosidad del tronco. La pequeña pastora del primer termino actúa como la presencia anecdótica que equilibra y, a la vez,  pone de manifiesto, la grandeza de la Naturaleza frente a la humanidad.

Es posible que, por cronología, esta obra hubiera formado parte de la exposición que se celebro en 1870 en la Sociedad para Exposiciones de Bellas Artes. El hecho de que el catálogo especifique que participaba “para sola exposición”, demuestra que, quizás, formaba parte de una colección particular.

Anteriormente no aparece ninguna obra con titulo parecido en otros catálogos, pero el pintor cultivó el mismo tema posteriormente. En una carta de su marchante Miguel d’Elias, fechada el 9 de julio de 1876, le hace una relación de las obras destinadas a la venta en Barcelona₅. Entre ellas, con el numero de inventario  390, hay un “país con palmeras” (60×34 cm) y con el numero 394, otro “país con palmeras” (28 x 38 cm).

En obras como “La Palmera”, Marti Alsina habría llegado a integrar  la voluntad de representar el realismo del tema representado sin perder el toque romántico de la emoción subjetiva. Fue esa búsqueda incesante de todo lo que pudiera aportar la Naturaleza a la representación del Arte lo que le llevo a escribir un discurso para la sesión pública de la Academia que se celebró el día 8 de noviembre de 1863. Y Marti Alsina, ávido conocedor de la cultura en general, y de lo francés en particular, seguro que tuvo en cuenta en su discurso a Camille Corot, quien se había expresado de la misma menta antes de él: “Al tiempo que busco una imitación fidedigna, no pierdo ni un instante de la emoción que me ha embargado”.

La Palmera es un claro ejemplo de lo que Martí Alsina entendía por la simbiosis ideal entre emoción y realidad, inspiradas en la  Naturaleza y vertidas en la Pintura.

Concepción Chillón Domínguez