Choroní, 1968

Miquel Villà i Bassols

Villà i Bassols, Miquel

1901, Barcelona - 1988, el Masnou, Barcelona

Choroní, 1968

© Miquel Villá Bassols, VEGAP, Madrid, 2018

Firmado, titulado y fechado en el reverso.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

80 x 65 cm

CTB.1995.195

Historia de la obra

  • Maragall Subastas de Arte, Barcelona, 4 de mayo de 1995. lote 174.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2013

Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 120, lám. p. 121.

  • -Sisley, Kandinsky, Hopper. Col.lecció Carmen Thyssen. Giró, Pilar (ed.). [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2013, p. 120, lám. p. 121 [Ficha de Helena Batlle i Argimon].

Informe del experto

Esta obra también forma parte de la serie realizada en Choroní, durante la estancia en Venezuela que el artista hizo en el año 1968. En esta ocasión contemplamos un motivo poco común en su repertorio: el pintor en medio del mismo paisaje que está pintando. Se trata de un lienzo de carácter narrativo, que encontramos en otras escenas con figura a lo largo de su carrera, pero que no es muy frecuente en su producción. A pesar de su singularidad, esta pieza puede considerarse una alegoría del método de creación del artista, dado que los aspectos en ella tratados hacen referencia tanto a su posicionamiento respecto a la realidad como a su manera de abordar el cuadro.

Hay sin duda una identificación del autor con el personaje-pintor del lienzo, puesto que éste está pintando la misma montaña, el mismo paisaje, que aparece en la otra pieza de esta serie mostrada en la exposición. Además, le representa trabajando en el estadio inicial de la pintura, que sigue el mismo proceso que Villa para plantear sus composiciones: dibujar y establecer el color local que determina el tema escogido antes de lanzarse de lleno al proceso pictórico.

Sin embargo, este personaje-pintor que está de espaldas no puede ser el mismo artista porqué que se trata de un nativo. Este doble juego de identificación y diferenciación puede leerse como la distinción entre el artista físicamente inmerso en el paisaje y su conciencia o mirada analítica, que le separa. El autor, como resultado del proceso de objetivación que desarrolla en la construcción del cuadro se erige como un ente aparte.

Por otro lado, el artista precisa partir de la realidad para instigar la creación pero, en el desarrollo de la obra, ésta pasa a sustituir la primera. Así lo refleja cuando reemplaza el paisaje original por el que está pintando en el lienzo, que es como decir que la realidad no es otra que la que se aprende, la que se vive, en este caso a través de la pintura.

Por último, y enlazando con lo que decíamos respecto a la otra obra de la serie, cabe remarcar como la cadencia de esta pintura viene determinada, también, por la masa dominante de la formación montañosa. Su silueta encuentra ecos en la anatomía del pintor nativo. Su color resuena en su piel, así como en las construcciones del cuadro. Y ambos dan fundamento a las relaciones plásticas que construyen el cuadro.

Helena Batlle i Argimon