Balandros, c. 1962

Josep Amat i Pagès

Amat i Pagès, Josep

1901, Barcelona - 1991, Barcelona

Balandros, c. 1962

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Amat"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

60 x 81 cm

CTB.1996.73

Historia de la obra

  • Galería Barcino Art, Barcelona, 30 de noviembre de 1996.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1963

Josep Amat, Barcelona, Sala Parés, n. 11, 19- 22.

1998

Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d'Art de Girona, n. 40, p. 132, lám. p. 133.

2002

Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, n. 14, p. 46, lám. p. 47.

2002 - 2003

Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, n. 42, p. 154, lám. p. 155.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 80, lám. p. 81.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 34, p. 106, lám. p. 107.

  • Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d’Art de Girona, 1998, n. 40, p. 132, lám. p. 133.[Cat. Exp.]

  • Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, 2002, n. 14, p. 46, lám. p. 47.[Cat. Exp.]

  • Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, 2002, n. 42, p. 154, lám. p. 155.[Cat. Exp.]

  • -El mar en la pintura espanyola. Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 80. [Ficha de Jordi González Llàcer].

  • El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, 2005, n. 34, p. 106, lám. p. 107. [Cat. Exp.]

Informe del experto

A causa de la estricta fidelidad del pintor a sí mismo, se hace difícil establecer una delimitación precisa y que no caiga en arbitrariedades excesivas entre los diferentes períodos de la pintura de Amat. Por eso, son de gran utilidad ciertos hitos temáticos para situar los límites que enmarcan estas fases de un proceso que se desarrolla paso a paso, sin saltos bruscos, ni cambios espectaculares pero con un avance metódico y constante hacia la máxima simplificación de los medios expresivos. Aquí radica el singular valor de la producción de Amat ambientada en las playas y los muelles de Sant Feliu, donde pintó obras que representan más claramente que las otras modalidades temáticas, la juventud artística del Amat maduro, la maestría alcanzada por el pintor en la renovación constante de su lenguaje y en la eliminación de lo superfluo que hay siempre tras sus mejores realizaciones de este período.

Glosando esta madurez creativa de Amat en su doble vertiente temática (Barcelona / Sant Feliu), el crítico Ernesto Foyé escribió desde su tribuna de la Hoja del Lunes: «El ilustre pintor continúa mostrándose fiel a su doble temática predilecta. Con una fidelidad de enamorado, para quien nada más bello ni amable existe que el objeto de su pasión. Nada tenemos que objetar a este reiterado culto rendido por el artista a un paisaje que, por íntimas razones estéticas y humanas, sintoniza de un modo entrañable con la vena creadora del pintor. Mayormente si tenemos en cuenta que éste, lejos de repetir estos asuntos sin apartarse una tilde de su cuajado y maduro lenguaje de más que probada eficacia, sabe encontrar aún nuevos matices de expresión, sintetizaciones narrativas y armonías cromáticas por las que su pintura parece recién estrenada, como animada por un frescor, una vibración y una luz que les prestan mágica e insólita lozanía'»(1).

Sin embargo, hay algunos rasgos que distinguen la pintura de Amat de este período o, por lo menos, una parte importante de sus obras que comenzaron a salir de sus pinceles a partir de la década de los sesenta. El de mayor trascendencia es sin duda el notable cambio de su registro de colores. La paleta de Amat se había ido aclarando de una manera progresiva. A medida que el pintor simplificaba simultáneamente el tratamiento cromático y la transposición de la luz, su concepto del color de raíz pleinairista pasó por el tamiz de la pintura fauve y la herencia de Bonnard. Unos referentes que Amat fue asimilando de un modo muy sui generis a su propia personalidad haciendo difícilmente defendible su adscripción a alguna de estas corrientes.

Por otra parte, la síntesis cromática y lumínica que determina este aclaramiento de la paleta va acompañada de un proceso paralelo de simplificación del dibujo, de una acentuación de la libertad caligráfica, de la incisividad del trazo lineal, del gesto -si se me permite emplear un término del cual ha abusado tanto la crítica contemporánea-. De hecho, el otro rasgo diferencial relevante de estas obras de comienzos de la década de los sesenta es precisamente esta simplicidad sabia, la economía de medios expresivos y la depuración técnica que confieren un carácter particular al estilo de madurez de Amat visto en su conjunto.

Todos estos tratadistas coinciden en apreciar, no sin una cierta sorpresa, la excepcional vitalidad del pintor, el espíritu jovial y lozano de sus cuadros, su don para darles un aire de frescura, una espontaneidad y una viveza que hacía olvidar la reiteración de los mismos temas, como si Amat los hubiera acabado de descubrir y los viese con la inocencia de la primera mirada. Y este frescor, esta honestidad de pintor profundísimo y sensible, sólo puede ser fruto de la sabiduría, de la experiencia acumulada a lo largo de muchos años de praxis contemplativa, de adiestramiento constante de las dotes de observación, de depuración seria y paulatina de los recursos técnicos, de fidelidad a una vivencia sincera de la pintura como herramienta de crecimiento espiritual, como expresión poética de un sentimiento, de una determinada actitud ante la existencia.

Jordi González Llàcer

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(1) Ernesto Foyé en Hoja de Lunes, Barcelona, 1 de marzo de 1971.