A, Desierto, B, Soledad, 1950

Antoni Tàpies i Puig

Tàpies i Puig, Antoni

Barcelona, 1923 - 2012

A, Desierto, B, Soledad, 1950

© Comissó Tàpies, VEGAP, Madrid, 2017

Firmado, titulado y fechado en el reverso: "A, desert. B, solitut./Tàpies - 1950"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

60 x 81 cm

CTB.1996.67

Historia de la obra

  • Colección particular, París.

  • Subastas BROK, Barcelona, 29 de octubre de 1996. lote 473.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2003

De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna dins la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya, pp. 76, 78, lám. p. 77, detalle p. 79.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 178, lám. p. 179.

2012

Paisatges de llum, paisatges de somni. De Gauguin a Delvaux. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 136, lám. p. 137.

2012 - 2013

Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, n. 62, p. 184, lám. p. 185.

  • -Gatt, G.: Antoni Tàpies. Bolonia, 1967, lám. 27.

  • -Cirici-Pellicer, A.: Tàpies. Testimoni del silenci. Barcelona, 1973, lám. 68, p. 110.

  • -Tàpies, A.: Memoria personal: fragment per a una autobiografia. Barcelona, 1977, p. 282.

  • -Agustí, Anna: Antoni Tàpies. Obra Completa. Vol. I. Barcelona, Poligrafa; Fundació Antoni Tàpies, 1988, n. 296, p. 141, lám. [Como: «Composición»].

  • De Fortuny a Tàpies. Aspectes de la pintura catalana moderna en la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Tomàs Llorens (ed.) [Cat. exp. Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2003]. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza – Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2003, pp. 76, 78, lám. p. 77, detalle p. 79 [Ficha de Arnau Puig].

  • La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2011, p. 178, lám. p. 179. [Cat. exp.]

  • Paisatges de llum, paisatges de somni. De Gauguin a Delvaux. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2012, p. 136, lám. p. 137.  [Cat. exp.]

  • Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, 2012, n. 62, p. 184, lám. p. 185. [Cat. exp.]

Informe del experto

Hay que inscribir plenamente este cuadro en el Surrealismo Mágico que caracteriza las obras de este momento. El Surrealismo como procedimiento de creación, tal como lo había practicado en las obras anteriores, manifestación exteriorizada de una sátira y de una ironía hacia los hechos y productos de la sociedad, que el artista aplicaba a las obras de 1948-1950- donde se quería que la plástica fuera alusiva al mundo exterior y la intención recogiera los pensamientos y juicios subjetivos del artista-, en esta nueva etapa ha dejado de tener sentido. Es posible que la obra, pintada en Barcelona, fiera expuesta en otoño de aquel año en la exposición individual que celebro en las Galeries Laietanes, antes de ir a Paris pocos días después, becado por el Gobierno francés. Sin embargo-a causa de la ambigüedad del título-, podría haberla pintado ya en Francia, dado que por imaginería que hay plasmada en ella podríamos encontrar la desesperanza, con promesa final, de una situación personal que marcaba la transición de la estancia infructuosa en Barcelona, que acababa de superar, y la situación del momento, Paris y las dificultades iniciales reales de separación a las que se veía sometido respecto a su querida Teresa.

La obra muestra, en una escenografía indefinida –donde es bien patente la tridimensionalidad-, una atmosfera propicia a la indeterminación en la que, sin embargo, en las tinieblas evidentes se vislumbra una posibilidad de luz que, por la difícil definición, podríamos decir que hace referencia a una trascendencia espiritual, que el pensamiento y la sensibilidad de Tàpies se estaba abriendo camino después del estricto grito surrealista de ironía social.

Unos objetos de mobiliario y unas alusiones a unas oberturas o posibilidades de entrada de luz natural (ventanal) con un foco de luz artificial (bombilla o farolillo), nos confunden con respecto a los posibles elementos astrales (sol y luna) que nos indicarían que más bien nos encontramos bajo el imperio de una embrujada noche de la naturaleza. Todo sin definir, perdido en una atmósfera mágica. Pero con unos estallidos, puntas luminosas de saeta, que sugerirían que hay irradiación respecto a este núcleo central de la obra. Unos signos de geometría y color (rojo y blanco) bien definidos, frente a toda la indecisión comunicativa hasta ahora señalada, nos sitúan en un momento de la obra del autor que quizás nos emplaza entre la transición y estado de espíritu de una situación de la que quiere huir(el misterio de tendencia diabólica e infernal, pero que, también, en esta obra ambigua, denota el profundo ansia de espiritualidad con la que se siente ligado con la amada-en aquel momento, mas una Beatriz entrelucida que la Teresa concreta en la que se convertirá después-), que empieza a plasmarse en los elementos geométricos estructurales y coloreados bien concretos, uno de los procedimientos para constreñir la locura imaginativa.

Recordemos que aquel año de 1950, en Paris, Tàpies fue visitado por el arquitecto y escultor constructivista André Bloc. En una conversación, sin que ninguno de los dos quedara convencido, quedó muy claro que si bien el arte tiene que dejar de ser un romance personal propio, también tiene que dejar de ser una historia de las tinieblas de la humanidad para convertirse en un proyecto y una estructura que eduquen la espiritualidad de la humanidad y la conduzcan hacia una senda que, cierto, deberían establecerse, pero que no eran aquellas en las que se habían basado la humanidad hasta entonces. Todo ello es lo que encontramos en esta obra, donde Tàpies personalmente muy enamorado y sensible, pero también consciente de una próxima tarea personal suya, que debe reflejarse en su arte, crea este cuadro de transición curiosamente titulado en los archivos del fondo Thyssen-Bornemisza A, Desierto B, Soledad, y en la catalogación de la obra completa de Antoni Tàpies, Composición. Las cuestiones de titulación manifiestan un planteamiento en abstracto de una situación bien concreta, que se hace evidente en esta obra pictórica, preludio de filosofías implícitas, cuya definición debe ser iniciad todavía por el artista.

Arnau Puig