Bulevar parisino
Miró i Lleó, Gaspar
1859, Vilanova i la Geltrú (Barcelona) - 1930, Barcelona
Bulevar parisino, s/f
Firmado en el ángulo inferior derecho: "G. Miró"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre cartón
23,5 x 32 cm
CTB.1993.20
Historia de la obra
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Durán Subastas de Arte, Madrid, 21 de diciembre de 1993. lote 124.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-Barcelona – Paris – New York. D’Urgell a O’Keeffe. Col·lecció Carmen Thyssen. Giro, Pilar (ed.). [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2015, p. 64, lám. p. 65 [Ficha de Pilar Giró].
Informe del experto
Gaspar Miró llega por primera vez a París en 1884, en pleno apogeo del impresionismo. Allí frecuentó diversas academias libres. En el proceso de aprendizaje, su trazo, su pincelada se fue soltando. Iniciado en el realismo de la Escola de la Llotja, descubrir la Ciudad de la Luz fue decisivo para el desarrollo de su carrera artística. París y Barcelona serán urbes ligadas a la vida del artista. En la primera reside entre 1884 y 1886. En 1901, se instala nueva- mente en Paris, ahora con toda la familia, hasta 1914 (excepto un breve período a mediados de 1903 en que tuvo que regresar a Barcelona por motivos de salud).
El impresionismo centraba su interés en captar la luz, las sensaciones y la fugacidad del instante. Es decir, pintar la realidad tal cual se aparece a través de la mirada del artista. Gaspar Miró solía dirigir su centro de atención hacia la vida cotidiana, el ajetreo de las calles, y encontró en París el escenario perfecto. La prensa parisina le califica de peintre de la rue, e incluso el Ayuntamiento de París le concedió el título honorífico de «peintre de la vil/e de París», lo cual le daba derecho a poder instalar su caballete en cualquier parte de la ciudad, incluso en los edificios y balcones públicos. Gaspar Miró logró ser un pintor muy popular. Durante diez años desde 1904, expuso en la prestigiosa sala de subastas Hotel Drouot.
La obra Bulevar parisino nos ofrece una perspectiva de la avenida de la Ópera de París, que enfatiza plásticamente las transformaciones de las arquitecturas y las figuras a merced de la evolución de las luces y los colores del instante, dando claro protagonismo al movimiento. La atmósfera líquida, cargada de la humedad de la lluvia, junto con las luces, provocan ese instante en el que se desdibujan los contornos y se torna difícil precisar los límites. El objeto, el tema, el personaje y su áurea se aúnan; el color es mancha y forma, explosión de luz y espejo de modernidad. Una nueva pintura para una ciudad que se erige como emblema de lo moderno. No en vano, unos años antes, Napoleón III comisionó al barón Haussmann para que ejecutara los cambios necesarios para convertir a París en la ciudad más moderna del mundo en su época. Se demolió gran parte de la ciudad antigua y medieval y se dio paso a los grandes bulevares y a los edificios modernos, el más destacado de los cuales fue la Ópera de Garnier, objeto de esta pintura de Gaspar Miró.
Pilar Giró