Bodegón de la Sandía
Cossío, Pancho
San Diego de los Baños, Cuba, 1894 - Alicante, 1970
Bodegón de la Sandía, c. 1962-1964
Firmado en el ángulo inferior derecho: 'P. Cossio'
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
81 x 101 cm
CTB.1999.44
Historia de la obra
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Artelandia, Madrid.
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Ansorena Subastas de Arte, lote 103, Madrid, 23 de marzo de 1999.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 172, lám. p. 173 [Ficha de Inés Vallejo].
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– KHRÔMA. El Universo emocional del color. Museu Carmen Thyssen Andorra [Cat. Exp.], Ed. Fundació Museu Andorra (Museand), Principado de Andorra, 2023. P. 24, 25, 104, 170 y 171 [Ficha de Inés Vallejo].
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– Modernidad latente. Vanguardistas y renovadores en la figuración española (1920-1970). Colección Telefónica. Museo Carmen Thyssen Málaga [Cat. Exp.]. Ed. Fundación Palacio de Villalón, 2024. P. 168-169.
Informe del experto
Tras su primera exposición individual en el Ateneo de Santander en 1921, el poeta Gerardo Díego recomienda al pintor, desde las páginas de El Diario Montañés, viajar más allá de nuestras fronteras. Dos años más tarde, y con la ayuda del escultor Daniel Alegre, Cossío se establece en París. En la capital francesa entrará en contacto con los artistas españoles que van instalándose allí en los años veinte: Ismael González de la Serna, Manuel Ángeles Ortiz, Joaquín Peinado, José María Ucelay, Alfonso Olivares, Luis Fernández, Francisco Bores y Remando Viñes. Con estos dos últimos trabaja en una figuración lírica que el crítico E. Tériade alaba y denomina nuevo fauvismo, una manera de hacer que busca con los elementos propios de la pintura pura resultados de mayor espontaneidad.
Francisco Bores definió esta nueva pintura como una síntesis entre las demandas del lirismo y la obra de Cézanne y Braque. Para Cossío, como para otros compañeros generacionales, la influencia del maestro cubista fue esencial. El Braque de los años veinte planteaba una posible salida de la reiterada codificación del cubismo que fue aprovechada por los jóvenes pintores españoles afincados en París.
En 1926 Pancho Cossío comenzó a trabajar en uno de los temas que dominaría su producción en el que afloraría su lenguaje artístico: las naturalezas muertas, prestadas de la tradición pictórica española y del imaginario cubista. El pintor se enfrentará a ellas a través de un lirismo figurativo que se llena de botellas, copas y naipes, elementos propios de la quintaesencia cubista, pero también de las más variadas clases de fruta y objetos de diversa índole. Será en esta temática donde Cossío alcance la síntesis de su lenguaje, especialmente en los bodegones fechados a partir de los años cuarenta.
En la década de los sesenta, las naturalezas muertas alcanzarán su momento culminante, como demuestra el Bodegón de la sandía. Esta obra tiene algo de recopilatorio de su trayectoria. Por un lado, podemos observar la presencia de los objetos que son propios de su lenguaje -entre ellos aparecen sus características y fantasmales peras y la sandía que titula el lienzo-; por otro, la presencia espectral de las formas, la reducida paleta cromática y el punto de vista elevado, convierten a esta pintura en un glosario de su léxico artístico. Asimismo, la mesa que centraliza la composición pone de manifiesto la deuda existente con los guéridons que Braque trabajó en los años veinte. El Bodegón de la sandía puede ponerse también en relación con la propia trayectoria de Cossío, puesto que es posible rastrear en él tanto la estela de las Dos mesas de 1954, como la rotundidad de La gran mesa de 1962, piezas que tienen en común la presencia de un velador negro y el haber sido galardonadas ambas en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año en el que fueron realizadas respectivamente.
Inés Vallejo