Vista de un puerto tropical

Ambroise Louis Garneray

Garneray, Ambroise Louis

París, 1783 - 1857

Vista de un puerto tropical, 1817

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y datado en el ángulo inferior izquierdo: "L. Garneray, 1817"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre tabla

48,6 x 28,9 cm

CTB.2003.4

Historia de la obra

  • Subastas Sotheby´s, Nueva York, Old Master painting. Lote 41, 29 de mayo de 2003.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 56-57 y 162-163.

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 56-57 y 162-163.[Cat. Exp.]  [ Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Ambroise Louis Garneray es un personaje con una vida digna de ser novelada. Su padre, Jean-François Garneray, había sido alumno de Jacques-Louis David, y tanto él como sus dos hermanos, Auguste Simeon y Hippolyte Jean-Baptiste, también se dedicaron a la pintura.

Garneray, con tan solo trece años, se enroló en la marina y pasa aproximadamente dieciocho años en el Océano Índico, entre las colonias francesas de la Isla de Francia (actual Mauricio) y la isla de Bourbon (actual La Reunión).

Sin haber dejado nunca de pintar, será en Inglaterra donde desarrollará intensamente su talante, tal como continuará haciendo a su regreso a Francia. Utilizó su conocimiento marítimo y su experiencia para pintar tanto las batallas navales como para decorar sus historias de aventuras.

Siguiendo el estilo de la época e influenciado por las obras de Joseph Verner, a parte de los puertos de Francia, acerca a Europa sus visiones sobre las colonias del océano Índico.

La obra que nos ocupa, Vista de un puerto tropical, trata muy probablemente del perfil litoral sudeste de la costa de Isla Mauricio. De este lugar es característica la vista desde el mar de su montaña más elevada, la Piton de la Petite Rivière Noire. Es maravilloso poder contar con un testigo de primera mano para mostrar a los ojos europeos las maravillas paradisíacas de los territorios de ultramar. No deja de ser relevante que en un primer plano de la costa haga figurar de manera preeminente una iglesia, poniendo de manifiesto el cariz de civilización que en la época se le podía asociar, pero sin perder de vista el detalle de la isla opuesta, en la que el artista ha dejado testimonio de la presencia criolla.

Pilar Giró