Vendedor de limones

Laureà Barrau i Buñol

Barrau i Buñol, Laureà

1864, Barcelona - 1957, Ibiza

Vendedor de limones, c. 1913

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "L. Barrau"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

100 x 81 cm

CTB.1997.60

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 29 de abril de 1997. lote 338.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1935

Laureano Barrau, Barcelona, Galeries Laietanes.

1935

Laureano Barrau. Les Baléares, París, Galerie Charpentier, n. 9.

1996

Laureà Barrau, Ibiza, n. 18, p. 60, lám.

Informe del experto

Sentado de manera descuidada en el umbral de la puerta de casa, un niño rubio de diez o doce años se concentra en la acción de pelar uno de los limones que ofrece y que se muestran, brillantes y luminosos, en un plato y en un gran cesto. Descalzo, viste camisa rosada y pantalón corto, verdoso. El muchacho se apoya en el portón que crea una dura sombra de fondo que contrasta con la luminosidad de la escena. La composición es simple y cada uno de los elementos, desde la figura, sus cabellos, su ropa, las frutas, la puerta e incluso la solería casi resplandeciente, se han tratado como buscando el protagonismo de cada uno de ellos. La simplicidad del momento, la forma de individualizar las partes y sobre todo la actitud ensimismada del niño confieren intimidad y una cierta gravedad al cuadro, tratado entre la sobriedad elemental y el esplendor lumínico. En la tónica habitual de la madurez pictórica, Barrau trabaja con colores puros y transparentes, con pinceladas largas y justas, precisas, siempre con perfecta corrección académica.

Desde sus inicios artísticos Barrau trabajó habitualmente en series que desarrollan una idea que va repitiendo y explotando en diversas escenas, casi como en un retablo. Una de esas series es la de niños con frutas, vendiendo, comiendo o acarreando naranjas, manzanas…, y corresponde a la época de Caldetes, la más fructífera de la carrera del pintor, desde toda consideración. La composición y el tratamiento son siempre muy similares a este Vendedor de limones, variando únicamente la anécdota. De alguna de las piezas de la serie se conservan dibujos preparatorios, en la línea habitual de trabajo de Barrau. Alguno de los cuadros de la serie se presentó en la exposición de Buenos Aires de 1913 y también en uno de los salones de París. Desde la consideración de que por entonces las muestras individuales de los artistas no se producían ni mucho menos con la frecuencia actual, se entiende que se solía exponer sólo alguna de las piezas que componen las series, y que el resto se comercializaba desde el estudio o en exposiciones muy posteriores a la fecha de realización del cuadro. Es así como esta pieza, realizada sin duda hacia 1913, se expondría en las Galeries Laietanes de Barcelona en 1935. Entonces curiosamente la crónica del Diario de Barcelona (26 de noviembre de 1935) constata y critica las diferencias entre las piezas porque algunas  “ya nos parecen demasiado siglo XIX, por bien pintados que sean”, puesto que evidentemente fueron realizadas en diferentes y muy espaciadas épocas. En el mismo año de 1935, figuró también en la exposición “Les Baléares” de la Galerie Charpentier de París Todo ello documenta el sacrificado oficio del pintor profesional, en este caso bien considerado y de cierto éxito, pero nunca triunfador.

Este cuadro, junto con el resto de la serie de niños con frutas, no puede por menos que remitir a la tradición barroca española, tanto por la composición como muy en particular por el tema que, sin duda, se inspira en lo más popular de la pintura murillesca. No puede olvidarse que Laureà Barrau, pintor de recia y muy consistente formación clásica que le servirá de soporte para la producción a lo largo de su carrera, siguiendo el curso académico habitual de su tiempo, pasó la consabida temporada en Madrid, en cuyo Museo del Prado realizó copias de algunas de las más destacadas piezas de la colección. De  ello dan fe algunas acuarelas conservadas en el Museu Barrau de Santa Eulària del Riu.

Joana Maria Palou i Sampol