Tarde de verano en el lago, 1846

Genaro Pérez Villaamil

Pérez Villaamil, Genaro

Ferrol, 1807 - Madrid, 1854

Tarde de verano en el lago, 1846

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tabla

54,5 x 76,5 cm

CTB.2000.51

Historia de la obra

  • Colección privada, Alemania, c. 1985.

  • Subastas Sotheby’s, Londres, lote 3, 22 de junio de 2000.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2012

Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 17, p. 100, lám. p. 101.

  • -Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin. Moreno, Lourdes (ed.). [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen-Málaga]. Málaga, Fundación Palacio Villalón, 2012, n. 17, p. 100, lám. p. 101 [Ficha de Enrique Arias Anglés].

Informe del experto

Representa este cuadro un paisaje fluvial que discurre entre altos promontorios montañosos, coronados por las siluetas de las ruinas de dos castillos medievales. A los pies de los mismos flu- ye el río hasta el primer término. En la orilla izquierda, vemos un abigarrado caserío con barcas de vela y personajes populares faenando en ellas o charlando; mientras que en la ribera derecha se nos muestra, al fondo, una arboleda de abundante vegetación, y hacia el primer término escenas de lavanderas realizando sus trabajos.

Lo habitual en la producción pictórica de Genaro Pérez Villaamil es que, tanto en sus paisajes campestres como urbanos, campee la silueta de algún castillo, palacio, catedral o iglesia, normalmente tomados de la realidad y, otras veces, inventados. Aquí, en este cuadro, los dos castillos que figuran, en el término medio y en la lejanía, no pasan de ser meras siluetas sin ningún viso de verosimilitud real, viéndose claramente que son producto de su fantasía, así como también lo es el paisaje en general. Se trata, pues, de un paisaje romántico de invención, que aúna la evocación del mundo del medioevo, mediante la representación de los dos castillos, cuyas siluetas se perfilan en la lejanía, con el costumbrismo pintoresquista, presente en las escenas populares que se desarrollan en los primeros términos, a ambas orillas del río y que proporcionan a la escena un fuerte sabor local.

O sea, que el paisaje sintetiza, siguiendo la línea del gusto de pintores románticos como David Roberts o John Frederick Lewis, el pasado medieval español con el folclorismo populista, combinación exitosamente desarrollada por éstos y otros pintores románticos europeos que visitaron España, creando así una particular visión romántica de nuestro país que alcanzó amplio eco en Europa y que contribuyó tanto a enriquecer el acervo cultural romántico como a forjar una visión tópica de España.

El colorido es cálido y la técnica empastada, sobre todo en los personajes y barcos, como suele ser habitual en las obras de Pérez Villaamil, gustando de representar la escena, como en otras muchas obras suyas, en el momento crepuscular vespertino, cuando los tonos dorados del atardecer proporcionan a la composición una atmósfera dorada y vaporosa, que baña todo el cuadro y que contribuye a crear la ilusión de la distancia difuminando las formas en la lejanía. Se asemeja esta obra mucho en esto, así como también en estructura, composición y distribución de los personajes, al cuadro del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina) titulado El Castillo de Alcalá de Guadaira (Sevilla). Pero
aquí, el color dorado de la atmósfera, que todo lo envuelve, confiere a los personajes populares ya las lejanas ruinas de los castillos un ambiente algo onírico y misterioso, trayéndonos remembranzas de la pintura de J.M.W. Turner, que Pérez Villaamil debió de conocer durante su estancia en Londres en 1841.

Por lo demás, es éste un tipo de paisaje bastante desarrollado por Pérez Villaamil, siendo su principal peculiaridad la de componer dichos paisajes a base de naturaleza y monumentos históricos anónimos e inventados, particularidad que les proporciona un fuerte sabor romántico respecto al otro tipo de paisaje, también de invención, que nos muestra sólo un fragmento de naturaleza sin ningún monumento de carácter histórico o, a lo sumo, adornado con algunas arquitecturas de carácter popular, como podemos ver en el paisaje de esta colección titulado Paisaje romántico.

Enrique Arias Anglés