Retrato de una mujer

Diego Rivera

Retrato de una mujer

Rivera, Diego

Guanajuato, 1886 - Ciudad de México, 1957

Retrato de una mujer, c. 1912

© Banco de México Diego Rivera-Frida Kahlo Museums Trust, Mexico D.F./ VEGAP, 2015.

Firmado en el ángulo inferior derecho: "D. Rivera"
Firmado en el reverso: "DIEGO RIVERA"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

73 x 54 x 0 cm

CTB.1999.118

Historia de la obra

  • Subastas Christie´s, Londres, lote 366, 9 de diciembre de 1999.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004 - 2005

Mexique-Europe. Allers-Retours 1910-1960, Villeneuve-d'Ascq, Musée d'art moderne Lile Métropole, n. 14, p. 27

2018 - 2019

Femina Feminae. Las Musas y La Coleccionista. De Piazzetta a Delaunay. Museu Carmen Thyssen Andorra. p. 46-47 y p. 116-117.

  • -Dalmace, Michèle: «Diego Rivera: de l’espace et des portraits cubistes aux oeuvres murales». En Diego Rivera. Les années cubistes, Burdeos, Le Festin-Musée des beaux-arts de Bourdeaux, 2011, pp. 93-121, p. 95, lám.

  • – Femina Feminae. Las Musas y La Coleccionista. De Piazzetta a Delaunay. Museu Carmen Thyssen Andorra.[Cat. Exp. Museu Carmen Thyssen Andorra], 2018. P.  46-47 y p.  116-117 [Ficha de  Guillermo Cervera]

Informe del experto

Comentario de la obra:

Diego Rivera fue uno de los pintores mexicanos más importantes y un gran artista del siglo XX. Conocido principalmente por ser un famoso muralista de ideas comunistas que retrató la sociedad en grandes edificios de México y de los EE. UU., una parte de la formación de Diego Rivera transcurrió en los entornos artísticos de Madrid y de París, en una etapa muy enriquecedora que desembocaría en una fructífera y exitosa carrera profesional.

Con sus dibujos y pinturas de lugares pintorescos de México, Diego Rivera ya demostraba ser una promesa a los dieciséis años. El padre de Diego llevó muestras de estos cuadros al gobernador del estado de Veracruz, Teodoro A. Dehesa Méndez, un amante de las artes que buscaba jóvenes artistas prometedores que pudieran estudiar en Europa para convertirse en maestros de la cultura del Estado. El gobernador Dehesa advirtió el talento del joven Diego y lo becó con una pensión para instruirse cerca de los artistas europeos. Con tan sólo 21 años, Diego Rivera emprendía su viaje hacia Europa, principalmente a España y a Francia.

En 1907, Diego Rivera llegó a España y se estableció en Madrid, donde recibiría formación en el taller del pintor Eduardo Chicharro y Agüera, uno de los retratistas más relevantes de Madrid, con una enorme facilidad para el dibujo minucioso y capacidad para el color en sus pinturas de sociedad. Rivera se convirtió en uno de los alumnos destacados de Chicharro y, aprovechando que estaba en Madrid, estudió y copió las obras maestras del Prado: Goya, El Greco, Diego Velázquez, Pieter Brueghel, Lucas Cranach y El Bosca. El estilo de estos artistas quedó reflejado en la obra Retrato de una mujer, realizada por Diego Rivera en torno a 1912. Cautivado por las escenas cotidianas de la España del siglo XIX, Rivera realizó esta composición que muestra elementos ornamentales de la tradición folclórica española como el clavel (o la rosa roja) que la protagonista lleva en el pelo, los colores de la vestimenta y la postura. La paleta reducida y la iluminación del rostro, el escote y las manos sobre un fondo de penumbra evocan el naturalismo tenebrista de Velázquez. Esta afinidad también es patente en la oscuridad de los retratos de El Greco y de Goya.

La obra de caballete de Diego Rivera no es tan conocida como sus murales, pero merece una indudable atención. Rivera nunca dejó de pintar cuadros y lo que pintó durante su estancia en Europa cada vez son más reconocidos, especialmente los bodegones cubistas, aunque sus obras más famosas fueron los paisajes, los personajes populares mexicanos y los retratos de mujeres. Estos últimos reunían las dos grandes pasiones de Rivera: la pintura y las mujeres.

«Creo firmemente que la mujer no está hecha de la misma pasta que el hombre. La mujer es la humanidad. Los hombres somos una subespecie de animales, casi estúpidos, sin sentido ni sentidos, inadecuados completamente para el amor, creados por la mujer para ponerse al servicio de la especie inteligente y sensitiva que ellas representan». D. Rivera.

Durante su estancia en Madrid, Diego Rivera se encontró con numerosos intelectuales mexicanos de la época, como el escritor Alfonso Reyes o el arquitecto Jesús Acevedo, y estuvo en contacto con la vanguardia española a través de Ramón Gómez de la Serna, Ramón del Valle-Inclán y María Blanchard.

Las estancias en París y en Italia sumaron muchas otras influencias en el arte de Rivera, que conoció a los artistas más ilustres del período cubista y los frescos de los pintores italianos del Quattrocento.

Durante los catorce años que Diego Rivera estuvo en Europa, nunca perdió el contacto con España, ya que mantuvo amistad con pintores del país, como Pablo Picasso o Joan Miró.

En 1921, Diego Rivera vuelve a México. Su estilo llega a la madurez; recibe numerosos encargos, principalmente murales en edificios públicos, donde el pintor podía expresar sus ideales, y se convierte en un líder de la revolución artística mexicana. A principios de los años treinta, sus murales se exhibían en importantes edificios de San Francisco, Nueva York, Chicago y Detroit: Diego  Rivera se había convertido en uno de los pintores de prestigio internacional más solicitados en los EE. UU.

Guillermo Cervera