Regreso al convento, 1868

Eduardo Zamacois y Zabala

Zamacois y Zabala, Eduardo

Bilbao, 1841 - Madrid, 1871

Regreso al convento, 1868

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: 'E. Zamacois / 68'
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.

Óleo sobre lienzo

54,5 x 100,5 cm

CTB.1997.26

Historia de la obra

  • Goupil & Cie., París, 1869. n. 3778.

  • Robert L. Cutting, Nueva York, 31 de diciembre de 1869.

  • Venta de la colección de Robert L. Cutting, Nueva York, 1892.

  • Mr. C.F. Crocker, San Francisco, 1893.

  • Parke-Bernet Galleries, Nueva York, 6 de octubre de 1966. lote 75.

  • Colección Baloyan, México, 1966-1989.

  • Christie’s, Nueva York, 25 de octubre de 1989. lote 181.

  • Sotheby’s, Londres, 20 de noviembre de 1996. lote 100.

  • Sotheby’s, Nueva York, 23 de octubre de 1997. lote 167 (como: «Domando el burro»).

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1869

Salon, París, n. 2443.

1876

New York Centennial Loan Exhibition of Paintings, selected from the Private Art Galleries. 1876, Nueva York, National Academy of Design, n. 232.

1998 - 1999

Fortuny e la pittura preziosista espagnola. Collezione Carmen Thyssen-Bornemisza, Catania, Museo Civico Castello Ursino; Roma, Accademia di Spagna, n. 38, p. 96.

1999

La pintura preciosista española de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 39, p. 112.

2006 - 2007

Zamacois, Fortuny, Meissonier, Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao, n. 34, p. 161, lám. p. 163.

2019 - 2020

Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX. El espíritu de una época. Sala Fundación Mapfre Recoletos, Madrid. Cat. 32. p. 204-205.

  • -About, Edmond: «Le Salon de 1869». En Revue de Deux Mondes. 1869

  • -Auvray, Louis: Exposition des Beaus Arts. Salon de 1869. París, 1869, pp. 61-62.

  • -P.P.: «Tableaux reproduts par L’Illustration». En L’Illustration. Enero de 1869, p. 325.

  • -Mantz, Paul: «Salon de 1869». En Gazette des Beaux Arts. Julio de 1869, p. 10.

  • -Strahan, Edward [seudónimo de Earl Shinn]: The Arte Treasures of America. Filadelfia, George Barrie, 1879-1882 , vol. II, pp. 33 y 36.

  • -Lafenestre, G.: L’Art vivant. La peinture et la sculpture aux salons de 1868 à 1877. París, 1881, t. I, p. 134.

  • -Ossorio y Bernard, Manuel: Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Madrid, 1883-1884, p. 707.

  • -«Nuestros grabados» en La Ilustración Artística. Febrero de 1889, p. 481.

  • -Clement, Clara Erskine y Hutton, Laurence: Artists of the Nineteenth Century and their Works. Boston-Nueva York, The University Press, 1893, vol. 2, pp. 368-370.

  • -«Famous Paintings Owned on the West Coast» en The Overland Monthly. Octubre de 1893, pp. 830-831.

  • -Temple, A.G.: Modern Spanish Painting. Londres, Arnold Fairbairns & Company Limited, 1908, pp. 87-88.

  • -García Cisneros, José: José Martí y las Artes plásticas. Madrid, Ala, 1972, p. 178.

  • -González, Carlos y Martí, Montse: «Zamacois, nuestro pintor internacional». En Revista Anticuaria. Año VII, n. 61, abril de 1989, pp. 26-31, p. 31.

  • -Reyero, Carlos: «Eduardo Zamacois en el Salón de París y la crítica de arte». En Boletín de Arte. Málaga, Universidad de Arte, 1990, pp. 219-230, cit. pp. 225-226.

  • -Cavaliers and Cardinals: Nineteenth-Century French Anecdotal Painting. [Cat. exp. Taft Museum, Cincinnati, Ohio – Corcoran Gallery of Art, Washington DC – Arnot Art Museum, Elmira, Nueva York]. 1992, p. 22.

  • -González, Carlos y Martí, Montse: En Cien años de pintura en España y Portugal (1830-1930). Arnáiz, José Manuel [et al.]. Madrid, Antiqvaria, 1988-, vol. 11, 1993, p. 375.

  • -Reyero, Carlos: París y la crisis de la pintura española, 1799-1889. Del Museo del Louvre a la torre Eiffel. Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1993.

  • -La Pintura Preciosista Española de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs y Garín, Felipe (ed.). [Cat. exp. Edificio del Reloj del Puerto de Valencia]. Nápoles, Electa, 1999, n. 39, p. 112. [Ficha de Miguel Zugaza].

  • -Zamacois. Fortuny. Meissonier. Reyero, Carlos [et. al.]. [Cat. exp. Museo de Bellas Artes de Bilbao, 2006-2007]. Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao, 2006, n. 34, pp. 160-161. [Ficha de Mikel Lertxundi Galiana y Javier Novo González].

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 184-185 (Ficha Miguel Zugaza).

  • -Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX. El espíritu de una época. Sala Fundación Mapfre Recoletos, Madrid. [Cat. Exp. Fundación Mapfre], Madrid, Fund. Mapfre, 2019. Cat. 32,  p. 204-205.

Informe del experto

Característica escena costumbrista del pintor bilbaíno Eduardo Zamacois que describe, en clave cómica, el regreso de un grupo de franciscanos al convento tras visitar el mercado del pueblo, cuyas edificaciones se observan desde la altura en el lateral derecho del cuadro. La composición se centra, en primer plano, en el anecdótico suceso al que se enfrenta un monje calvo que no consigue dominar al burro, del que tira por dos cuerdas asidas a la boca, mientras el animal se deshace de la carga que portaba en el lomo, desparramándola por el suelo. Mientras tanto, los demás franciscanos situados en el umbral de la puerta del convento y al lado de otras dos parejas de burros atados, se ríen de su compañero. La carrera de un pequeño perro negro en el margen inferior izquierdo, figura que se repite en la misma disposición en otras obras del mismo año como The Snowball de la colección Stewart de Nueva York, termina de animar la composición.

El pintor sitúa la escena a las afueras de una vetusta edificación monacal, que abarca más de la mitad izquierda del fondo, mientras, a la derecha, el cielo nuboso cierra la composición. Un amplio pretil, cerrado en los laterales por dos pilares rematados en alto por dos leones que portan sendos escudos, preside la entrada al convento, cuya fachada principal, en penumbra, muestra una rica decoración mural.

El naturalismo que Zamacois trata de imprimir a este cuadro de género se aprecia tanto en los retratos y ademanes de sus protagonistas como en el cuidado con el que sitúa y describe los pequeños objetos que portan los animales o se posan sobre el suelo. Resulta especialmente delicado el bodegón de recipientes que compone sobre el pretil, en el que reúne, como si de un ejercicio se tratara, objetos de diversos materiales: cerámicos, acristalados y metálicos. La obra, de tamaño mayor que la media habitual de sus cuadros, demuestra su capacidad para componer escenas, tanto en interiores como en exteriores, en las que intervienen gran número de figuras.

El pintor realiza Regreso al convento coincidiendo con su primer viaje a Roma, donde acude en 1868 por indicación de Eduardo Rosales, residiendo durante su estancia en el estudio de su amigo Mariano Fortuny. Corresponde a un amplio ciclo temático dedicado por el pintor a las costumbres de la vida monacal, al que pertenece también la obra El refectorio de los Trinitarios en Roma, presentada en el Salon de París de ese mismo año. La obra ahora comentada participará en el Salon de 1869, en un envío que incluía también su obra Buen Pastor, donde fue adquirida por el coleccionista americano Robert Cutting, quien junto a William Hood Stewart, se convertirá en uno de los principales difusores de su obra en el mercado norteamericano.

Regreso al convento se sitúa, por tanto, en el momento de consagración de la corta pero exitosa carrera de Zamacois en Francia, bajo la tutela de Goupil, el mismo marchante de su compatriota Fortuny. Sin abandonar las influencias de su maestro Meissonier, aquí demuestra el pintor un personal dominio del dibujo y de la vis cómica, que caracterizaron todas sus producciones predilectas dentro de la pintura costumbrista y de género.

En 1866, el mismo año en el que presenta esta obra en el Salon parisino, el escritor Eugene Benson observa en un artículo publicado en The Art Journal que «las pinturas de Zamacois tienen la atracción de lo bizarro y lo perfecto. Lo pintoresco, lo grotesco, lo elaborado, todo en uno; esto es más que lo que el severo Gérôme nos ofrece en sus sensuales estudios, más que lo que el frío y prosaico Meissonier nos da en sus estudios de vestuario y carácter».

Sin embargo, debemos decir que frente a sus contemporáneos y, principalmente, frente a su compatriota Fortuny, el pintor bilbaíno carece de la riqueza cromática y del brillo preciosista de éste. Así, dominan en su obra los tonos sordos, ocres y negros, permitiéndose gamas más vivas tan sólo en los detalles de los objetos.

Miguel Zugaza