Puerto de Honfleur y la Lieutenance, 1936

Celso Lagar

Lagar, Celso

Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1891 - Sevilla, 1966

Puerto de Honfleur y la Lieutenance, 1936

© Celso Lagar, VEGAP, Madrid, 2016

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: 'Lagar'
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

60,5 x 73,2 cm

CTB.1998.7

Historia de la obra

  • Castella 150, lote 178, Madrid, 5 y 6 de febrero de 1998.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1997

Celso Lagar, Salamanca.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col•lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 74, lám. p. 77.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 32, p. 100, lám. p. 103 y cubierta.

2016 - 2017

Celso Lagar. El genio mirobrigense. Palacio de los Águila, Ciudad Rodrigo. Del 25 de noviembre de 2016-5 de febrero 2017. p. 67.

  • -El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, pp. 74-76. [Ficha de Isabel García].

  • -El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, 2005, n. 32, p. 100, lám. p. 103 y cubierta. [Ficha de Isabel García].

  • -García García, Isabel: Celso Lagar. Madrid, Fundación Mapfre, 2010, lám. p. 113.

  • -Celso Lagar. El genio mirobrigense. Palacio de los Águila, Ciudad Rodrigo, 2016, p. 67. (Cat.  Exp.)

Informe del experto

A finales de los años veinte Celso Lagar descubre los paisajes del norte de Francia. En Honfleur pasa largas temporadas en casa de Valseme y en Roulage St. Nicole. Desde allí se traslada en una vieja roulotte en busca de nuevos parajes que inspirarán parte de su pintura. Es una etapa que marca toda una época en la que se hace palpable el abandono del fragor de la vanguardia practicada en España y su relevo por un gusto sereno, melancólico, sombrío… Este segundo período está dominado por una nueva figuración cuyas temáticas preferidas son el paisaje y el circo, influidas por el periodo rosa de Picasso, el expresionismo de Rouault y, en ocasiones, el casticismo de Solana con la sombra de Goya al fondo.

Este alejamiento de la pintura moderna le permite, sin embargo, ser más apreciado en los círculos artísticos parisinos. Sus exposiciones en la galería Zborowski -donde es saludado en 1928 por Max Jacob como «el pintor de alma y de corazón, de ojo y espíritu [ … ]»-, en la Galerie Barreiro, en la Galerie A. Drouant, en la Galerie Druet, etc., o sus participaciones en los grandes eventos oficiales como Le Salon des Independants, Le Salon des Surindépendants o Le Salon de la Photo consiguen, por un lado, la atención del Estado francés, que comienza a adquirir algunas de sus obras, y por otro las continuas apariciones como ilustrador en revistas tan prestigiosas como Sagesse o Beaux-Arts; por ejemplo, sus vistas de Honfleur o Forains sur la route,  Saclay en el año 1934.

En el año 1936 participa en la última exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en el Museo de Jeu de Paume, que llevaba por título L’ Art Espagnol Contemporain. En aquella excepcional ocasión, donde se reunieron cientos de obras de decenas de pintores y escultores, Lagar aceptó enviar algunas de sus obras más apreciadas, que fueron muy bien recibidas por los medios de prensa españoles y galos, y por el público parisino. Como consecuencia de dicho éxito, el Estado francés adquirió La Parade, presente en la exposición junto a otras tres: La novia del torero, Feriantes en la carretera de Vauhalan, y El Acróbata .

Pocos meses después, fecha en que se datan estos dos puertos de Honfleur, se produce el estallido de la Guerra Civil, de la que fue entusiasta de la causa republicana, recuerdo que cristalizaría pictóricamente en una inmensa composición titulada La Guerra Civil española, que anuncia el repertorio de imágenes dramáticas que se iban a ver en la capital francesa con motivo de la Exposición Internacional de 1937, donde el pabellón de la República española fue uno de los más atrevidos.

Las vistas de Honfleur, convertidas en la actualidad en exquisitos fragmentos de naturaleza urbana y portuaria, fueron consideradas en esos años -así lo declaraba la crítica del momento-, como el triunfo de un «gusto por la pintura literaria; la naturaleza vituperada por algunos romanticismos le basta. Le hace falta, en los paisajes, añadir la presencia humana, la tristeza humana, que es un viejo asunto: amad lo que jamás veréis dos veces. A partir de eso, una serie de paisajes donde el estado del alma le lleva a la única realidad, que sin embargo está allí».

El puerto de Honfleur es aquí traducido a un esquema de amontonamiento de edificios y barcas contra sus muelles, amenazados por los continuos cielos tormentosos. De hecho este aspecto de la naturaleza, fue uno de los inconvenientes y quejas más habituales del pintor. En algunas de sus cartas se puede leer su abatimiento por el mal tiempo, que le impedía trabajar y le obligaba a esperar mejores condiciones de luz.

Esos cielos que anuncian tormenta y esos horizontes planos que tiñen sus pinturas han relegado por completo las primeras composiciones sobre puertos, donde la alegría de los colores, en muchas ocasiones derivados del movimiento fauvista, era uno de los principales argumentos; recordemos, por ejemplo, las orillas del Sena, el puerto de Bilbao, Marsella y otros. Esta nueva forma de afrontar la naturaleza fue para algunos: «un método perfectamente admisible (basta con saber mezclar con arte literatura y plástica) pero entraña una serie de consecuencias. En primer lugar la obligatoria tristeza de los tonos: todos los cielos son grises y bajos; todos los paisajes o casi son desolados. A esta tristeza de tonalidad corresponde una pasta, una materia, voluntariamente bastante pobre y, en fin, la importancia de la humanidad entraña a veces un excesivo adelgazamiento de los personajes, aspecto todavía más sensible por una cierta debilidad del dibujo. Lo repito, hay que admitir el principio mismo, el punto de partida romántico, y entonces se puede degustar este arte sólido, trágico, bastante específicamente ibérico, tan lleno de sentimiento y aunque se piensa en principio de un oficio tan hábil'».

Aunque el contenido se apoderó de la mayoría de su producción de estos años, sí conviene resaltar un aspecto de sus composiciones que sin duda sólo se explica por su biografía vanguardista anterior. Me refiero al peculiar sentido plano de la perspectiva, a la falta de espacio o al espacio aplastado, que articula los conjuntos de casas en una misma línea, bruscamente cortada por un mar cuyos colores anti-naturalistas evocan el recuerdo de prácticas cercanas a la abstracción.

Isabel García