Puerto

Guillermo Gómez Gil

Gómez Gil, Guillermo

Málaga, 1862 - Cádiz, 1946

Puerto, 1899

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: "G. Gómez Gil/99"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito Museo Carmen Thyssen Málaga

Óleo sobre lienzo

48 x 91 cm

CTB.1995.208

Historia de la obra

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004 - 2005

Pintura andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.Madrid/Sevilla/Málaga/Almería 2004-2005, n. 86, p. 228.

2005

Pintura andaluza na Colección Carmen Thyssen-Bomemisza. Pontevedra/Lugo 2005, n. 40, p. 132, lám. p. 133.

2005

Pintura andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bomemisza, Murcia, Centro Cultural Las Claras. Fundación Cajamurcia, del 24 de noviembre de 2005 al 8 de enero de 2006. Murcia 2005-2006, n. 46, p. 144, lám. p. 145.

  • -Pintura Andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Madrid 2004, n. 86, p. 228. [Ficha de Teresa Sauret Guerrero]

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 340-341 (Ficha Teresa Sauret Guerrero).

Informe del experto

En esta ocasión, Guillermo Gómez Gil juega con el tratamiento de la naturaleza, interesándose por ella hasta el punto de construir una marina, y el anecdotario que genera en torno a ella, mediante la recreación de un puerto, configurando una obra que participa de duales claves temáticas: el paisaje marinista y la pintura de género.

Un mar apacible, el paseo en barca de unas señoras en medio de un puerto, barcos fondeados y, en primer término, otro en reparación, nos muestran actividades y movimientos que dan vida y cargan de narrativa la supuesta ausencia de ésta en una composición paisajística.

Especializado en marinas, Gómez Gil se aleja aquí de su tratamiento habitual, en el que le interesan casi en exclusividad los juegos tonales que le permiten experimentar con las variaciones ambientales de una naturaleza cambiante, poética o agresiva, y la usa como pretexto para expresar la vitalidad de la actividad que se puede desarrollar en torno a ella. Contribuye a esa sensación de vida y movimiento la técnica, de pinceladas cortas y seguras, que mueven las superficies mediante pequeños toques de color.

Se trata de una obra madura en la que todos los accidentes dispuestos sobre la escena no distraen de la personalidad que adquiere en la obra el tratamiento de la naturaleza y de lo pictórico en general. En esta pintura, el autor se rinde ante modos y usos compositivos habituales en los marinistas locales, especialmente en los de Emilio Ocón, su maestro, y se integra en una dinámica pictórica en donde el objetivo de la obra es la plasmación de una visión instantánea de la realidad, en este caso de la naturaleza marítima, haciendo un ejercicio de localismo al pronunciarse por una luminosidad que se había convertido en una seña de identidad.

Su intención podría vincularse con el movimiento renovador del paisajismo del fin de siglo español, pero cierta estereotipación en temas y juegos narrativos nos lleva a pensar, en este caso, que se mueve más en los parámetros eclécticos de la escuela local que en los de la modernidad española.

Teresa Sauret Guerrero