Plaza de La Alfalfa, Sevilla

Joaquin Turina y Areal

Turina y Areal, Joaquín

Sevilla, 1847 - Sevilla, 1903

Plaza de La Alfalfa, Sevilla, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: ''Turina / Sevilla''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito Museo Carmen Thyssen Málaga

Óleo sobre tabla

26 x 17,5 cm

CTB.2002.16

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, 23-26 de septiembre de 2002. lote 235.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004 - 2005

Pintura andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza; Sevilla, Museo de Bellas Artes; Málaga, Palacio Episcopal. Sala de Exposiciones; Almería, Centro de Arte Museo de Almería, n. 54, p. 162.

2005

Pintura andaluza na Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Pontevedra, Fundación Caixa Galicia-Café Moderno; Lugo, Fundación Caixa Galicia, n. 23, p. 96, lám. p. 97 (sólo en Lugo).

2005 - 2006

Pintura andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Murcia, Centro Cultural Las Claras. Fundación Cajamurcia, n. 26, p. 102, lám. p. 103.

  • -Pintura Andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. García Felguera, María de los Santos; Muñoz, Valme y Díez, José Luis. [Cat. exp. Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 54, p. 162. [Ficha de Carlos G. Navarro].

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 176-177 (Ficha Carlos G. Navarro).

Informe del experto

De medidas prácticamente idénticas a otras pinturas de este artista en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, tal similitud de formato se debe a que todas pertenecen a un particular género dentro del costumbrismo andaluz, de producción regular desde los años setenta del Ochocientos, en el que se representaron recurrentemente escenas urbanas en un formato adecuado para un mercado fijo interesado en ellas –por lo general visitantes ocasionales de la ciudad y, por ello, con necesidad de transportarlas fácilmente, pero también para las complacidas clases burguesas de la capital– y que tienen una perfecta continuidad en la literatura, en obras como los sainetes de los hermanos Álvarez Quintero, o en La tierra de María Santísima, de Mas y Prat, entre otros ejemplos.

Así, con una factura ligeramente acharolada, inserta en el decorativismo preciosista de gusto alfonsino y de entonaciones suaves, equilibradas por un cielo sereno e intenso, Turina ofrece una visión parcial de la plaza de la Alfalfa, en el castizo barrio de Santa Cruz, cerca de la iglesia de San Salvador. Ese enclave de la ciudad, junto con el postigo del Aceite, se postulaban en las guías para forasteros por su encantador bullicio, desde mediados de siglo, como mercados al aire libre muy frecuentados por los visitantes de la ciudad. De hecho, se conocen algunas fotografías con un punto de vista coincidente con la composición de esta obra, como la anónima fechada entre 1886 y 1895 (colección particular) en la que apenas sí se pueden señalar diferencias en cuanto a la topografía urbana, pero con las que mantiene, sin embargo, una significativa divergencia en cuanto al tratamiento de los personajes que lo pueblan.

En la pintura pueden apreciarse varias figuras, todas ellas ataviadas con atuendos típicos pero reservados para los momentos de mayor lucimiento, como parecen los trajes de corto de los caballeros y los costosos mantones bordados –típicamente sevillanos– que exhiben las mujeres, y que recuerdan a los actores en plena escenificación de un texto de su repertorio, cuyo argumento está basado en la exaltación de lo regionalista. La joven morena, envuelta en su confortable mantón encarnado, mira al espectador de manera sugerente, invitándole a tomar parte en el idílico paraíso en el que Turina ha convertido la plazuela, en una cálida pose de modelo fotográfica que es evidente preludio de las escenas de seducción que tienen lugar en ella. Aparecen dos parejas más, una tras la muchacha, en la que el mozo galantea a una joven con un ramillete de flores, y otra junto a la entrada de un establecimiento, en la que el hombre mira descaradamente a una moza que con recato aparta la cara, pero con su abanico insinúa una comprometida complicidad entre ambos.

Carlos G. Navarro