Pastores junto a un molino de agua, C. 1850-1855

Andrés Cortés y Aguilar

Cortes y Aguilar, Andrés

Sevilla, c.1815 - Sevilla, c.1879

Pastores junto a un molino de agua, C. 1850-1855

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: ''Andrés Cortes f. en Sevilla''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

74 x 105 cm

CTB.1995.141

Historia de la obra

  • Fernando Durán, Madrid, 18 de mayo de 1995. lote 279.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004 - 2005

Pintura andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza; Sevilla, Museo de Bellas Artes; Málaga, Palacio Episcopal. Sala de Exposiciones; Almería, Centro de Arte Museo de Almería, n. 10, p. 68, lám. p. 69. (sólo en Málaga).

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 34-35 y 157.

  • -Pintura Andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. García Felguera, María de los Santos; Muñoz, Valme y Díez, José Luis. [Cat. exp. Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 10, p. 68. [Ficha de José Luis Díez].

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 34-35 y 157.[Cat. Exp.]  [ Ficha de José Luis Díez].

Informe del experto

En el recodo de un camino, una familia de pastores de ovejas hace un alto para descansar de su viaje. La madre aúpa a uno de sus hijos a lomos de su cabalgadura, mientras su hermano le echa los brazos para montar también, bajo la atenta mirada de otro pastor anciano, recostado a la sombra de unos árboles, acompañado de sus cabras y un perrillo. Tras las copas de los árboles se despliega un amplio paisaje abierto, atravesado por el ancho caudal de un río, de aguas plácidas y cristalinas, en las que faenan unos pescadores con sus redes. En un remanso de la orilla se levanta un molino, movido por las aguas de los pequeños manantiales que descienden por las laderas del monte.

Es compañero del lienzo Pastores cuidando de su rebaño, y ambos ilustran una de las facetas más curiosas de la fecunda producción del pintor sevillano Andrés Cortés y Aguilar. En efecto, aunque pintó algunos retratos y cuadros de tipos, Cortés es conocido sobre todo como pintor de paisajes con figuras y cabañas de reses; género en el que se incluyen algunas de las mejores pinturas de este artista. Son por lo general composiciones repletas de figuras, en las que los personajes que pueblan sus parajes, generalmente pastores, comparten protagonismo con las cabezas de ganado de su rebaño. Sin embargo, dentro de este tipo de obras, Cortés cultiva una variante paisajística que tuvo un tímido arraigo en la pintura romántica española, pero de gran interés en el desarrollo de este género en las décadas centrales del siglo XIX. En efecto, las enseñanzas académicas en esta disciplina de los modelos del paisaje flamenco y romano del siglo XVII en la estela de los bambocianti -que los profesores y estudiantes de pintura comenzaban a conocer de primera mano desde la apertura de las colecciones reales en el Museo del Prado y la creación de las colecciones de museos y academias provinciales-, propiciaron durante el Romanticismo un tipo de paisaje de fantasía, compuesto en el taller de los artistas, en el que los distintos elementos de la naturaleza aparecen dispuestos con una ordenación clara y articulada, buscando siempre su mayor efectismo, despertando la atracción de los coleccionistas burgueses del reinado isabelino, que las adquirieron fundamentalmente como objetos decorativos para sus residencias. Son paisajes en los que las masas de arboleda y los caminos, frecuentemente transitados por pequeñas figuras secundarias, son protagonistas fundamentales, encaminando la vista del espectador hacia bucólicas lejanías, envueltas en una entonación dorada, de paleta muy reducida, que parece imitar inconscientemente la tonalidad cálida de los paisajes barrocos flamencos de este tipo, debida en buena parte a la oxidación de sus barnices.

José Luis Díez