Paisaje vacío

Zoran Music

Paisaje vacío

Music, Zoran

Görz (hoy Gorizia), 1909 - Venecia, 2005

Paisaje vacio, 1960 (Paysage vide, 1960)

© Zoran Antonio MUSIC, VEGAP, Madrid, 2015

Firmado y fechado en el centro del borde inferior:  ''MUSIC/ 1960''.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

131 x 162,5 cm

CTB.2000.1

Historia de la obra

  • Galerie de France, París

  • Colección particular, Madrid

  • Galería Guillermo de Osma, Madrid, 2000

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

2008

Zoran Music. De Dachau a Venecia, Barcelona, Fundació Caixa Catalunya, La Pedrera, p. 191, lám. p. 109

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 186, lám. p. 187

2012

Paisatges de llum, paisatges de somni. De Gauguin a Delvaux. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 128, lám. p. 129

  • -Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Arnaldo, Javier (ed.). 2 vols. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, vol. 2, p. 326, lám. p. 327 [ – Ficha de Anna Maria Guasch]

Informe del experto

Paisaje vacío (1960) es una obra realizada en París en unos años en que la pintura de Zoran Music se debatía entre su «verdad personal» figurativa y el Informalismo y las diferentes versiones de la abstracción lírica, gestual y tachista que reflejaban la filosofía existencialista de la época a través de un compromiso del cuerpo con la acción pictórica. A principios de los años sesenta Zoran Music compartía en efecto el credo existencialista con su predilección por el género del paisaje, un paisaje silencioso, cercano a la idea de muerte, donde el ruido y el gesto no existían y todo era expresión de lo universal y eterno. Unos paisajes anónimos sin aparente referencia ni lugar aunque siempre conectados con las vivencias del artista, sus viajes, sus recuerdos o sus estancias bien en Castilla, en Dalmacia, cuyos lugares salvajes, sus monasterios antiguos y sus mosaicos fantásticos tantas huellas dejaron en él, o en la Venecia donde descubrió el reencuentro entre Oriente y Occidente: «Fue en Venecia donde descubrí Oriente. Yo, que venía justamente de Oriente, encontré en Venecia a Oriente y Occidente mezclados tan íntimamente que entendí que allí estaba mi tradición y mi verdad».

Zoran Music, tras una primera familiarización en los años treinta con el arte de Kandinsky, Mondrian, Derain, Bonnard o Picasso en la Academia de Zagreb, descubrió que su peculiar idiosincrasia, sus orígenes eslavos (él siempre se reconoció inmerso en la cultura austro-húngara) se situaban más cerca de la tradición oriental, de Bizancio y de un arte alusivo y reservado que de la tradición occidental que el artista veía unida a la herencia romana con una mezcla de barroquismo y teatralidad.

De ahí su gusto por la pintura plana, sin perspectiva, sin volumen, de ahí el uso de colores tierras, ocres y sombríos sin apenas texturas buscando la transparencia natural de las telas, preparadas con colas, telas en las que la materia quedaba absorbida por la superficie en la creencia de que«mucha materia puede restar espiritualidad». Y de ahí la predisposición de Music a reducir sus paisajes a lo esencial, sin nada superfluo, sin máscaras, en la búsqueda de lo «interior» y lo «invariable» de los mismos.

Como dijo en una ocasión Music: «Es hermosa Suiza y también son hermosos los paisajes nórdicos cubiertos de árboles, de flores, de verde. Pero esto no me emociona. Lo que amo es el paisaje semidesértico que no cambia según las estaciones, que permanece parecido, eterno, como un paisaje bíblico. Esto me atrae y no sé por qué».

Paisaje vacío refleja en concreto su fascinación por las tierras de Dalmacia, por las inmensas extensiones de piedras, interrumpidas por pequeños montículos redondeados a modo de áridos cerros, paisajes monótonos, pobres, secos, con pequeños oasis de tierras rojas que para Music son como un edén, cerradas al mundo pero no al hombre y a su angustia existencial y en definitiva al propio artista: «Al reencontrar el paisaje de mi infancia me reencontré a mí mismo. Comprendí hasta qué punto aquella tierra era mi tierra. Este país se impuso a mí y yo intenté traducirlo. Hasta el punto de convertirse en mi tema familiar, fatal, casi obsesional».

Anna Maria Guasch