Paisaje rondeño con bandoleros, 1856

Manuel Barrón y Carrillo

Barrón y Carrillo, Manuel

Sevilla, 1814 - Sevilla, 1884

Paisaje rondeño con bandoleros, 1856

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
en préstamo gratuito en el Museo Carmen Thyssen Málaga

Óleo sobre lienzo

73 x 113 cm

CTB.2014.40

Historia de la obra

  • Fernando Durán Subastas, Madrid. Subasta 392, Lote 784, 27 de febrero de 2014.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

2014 - 2015

Manuel Barrón. Bicentenario, 1814-2014. Museo Carmen Thyssen Málaga. Del 02 de diciembre de 2014 al 11 de enero de 2015.

2016 - 2017

La Ilusión del Lejano Oeste. Museo Carmen Thyssen Málaga. Del 19 de noviembre de 2016 a 19 de marzo de 2017. Cat. MA-13, p. 160.

  • -La Ilusión del Lejano Oeste. Museo Carmen Thyssen Málaga, 2016 (Cat. Exp.), Cat. MA-13, p. 160. (imagen).

Informe del experto

Aunque las vistas urbanas o los ámbitos rurales que rodeaban a las poblaciones protagonizaron la mayor parte de la producción de Manuel Barrón, otra parte destacada de su obra fueron también los paisajes serranos andaluces, con sus aparatosos picachos entre los cuales aparecen sinuosos senderos poblados por bandoleros, contrabandistas y personajes vestidos con ropas populares que dotan a sus pinturas de un pintoresquismo característico de la ideología del romanticismo. Dentro de estos prototipos paisajísticos se encuadra este Paisaje rondeño con bandoleros, en el que podemos encontrar los elementos característicos de Barrón a la hora de realizar estas obras.

Ocupa el primer plano de la composición una pareja de viajeros montados a caballo que dialogan amistosamente mientras continúan su trayecto; a pie, retrasado unos metros, los sigue otro personaje tapado con una gruesa manta y que debe de ser su escolta, puesto que sujeta entre sus manos un trabuco preparado para cualquier posible asalto de bandidos, muy habitual durante los viajes durante esta época.
El mismo clima de serenidad y tranquilidad se transmite al resto de la composición. Una luz rosácea y crepuscular inunda el paisaje confiriéndole un carácter ligeramente melancólico y que refleja la influencia que ejerció la obra de Richard Ford en Manuel Barrón. La falta de dramatismo se evidencia en el amplio horizonte de llanuras que se salpica de pequeñas masas de bosques y colinas y en el tranquilo río sinuoso que aparece en el lado derecho de la pintura. Cierra la composición, en su parte central, un gran macizo pétreo de formas redondeadas, vislumbrándose en la lejanía el perfil de la serranía.

Enrique Valdivieso