Paisaje de Vinaroz,1932

Francisco Bores

Bores, Francisco

Madrid, 1898 - 1972

Paisaje de Vinaroz, 1932

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: 'Bores / 32'.
Al dorso, etiqueta de la sala Parés de Barcelona
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

38 x 46 cm

CTB.2000.17

Historia de la obra

  • Galerie Vavin-Raspail, París.

  • Sala Parés, Barcelona.

  • Ansorena Subastas de Arte, lote 184, Madrid, del 29 al 31 de mayo del 2000.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2011

La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, p. 164, lám. p. 165.

  • -Dechanet, H.: Francisco Bores. Catálogo razonado de pintura, 1917-1972. Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía – Telefónica, 2003, 2 vols., n. 1932/11, vol. I, p. 193, lám.

  • -La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 164, lám. p. 165 [ficha de Ángel Llorente Hernández].

Informe del experto

Francisco Bores pasó con su familia el verano del año 1932 en el pueblo valenciano de Vinaroz. Allí pintó al menos tres cuadros relacionados con esa localidad. Uno de ellos es este de la Colección Carmen Thyssen. Representa a un campesino que rotura la tierra con un arado del que tira un burro. Al fondo, tras el hombre y en su vertical, se ve una puerta -que nimba al agricultor- y parte de una casa, oculta tras varios árboles situados a ambos lados. La figura humana divide la pintura en dos partes de un tamaño similar, lo que equilibra la composición, aportando serenidad a la representación. Las diagonales de los surcos y las posiciones del animal y del hombre -que marcan la línea imaginaria que divide en dos triángulos el rectángulo del cuadro- transmiten, en cambio, una sensación de movimiento. El pintor captó ese momento de trabajo de la labranza con unos pocos trazos firmes y sueltos, intencionadamente ingenuos, de apariencia infantil y primitiva, especialmente en la figura del asno. Bores, como solía hacer, apenas cargó los pinceles, por lo que tras las pinceladas lavadas, se ve perfectamente la imprimación en varias zonas del cuadro, pero sin llegar a utilizada como reserva, al contrario de lo que hizo en muchos de sus cuadros de interiores y bodegones de la segunda mitad de los años veinte. Para formar el matorral y el árbol de la derecha hizo manchas de color, que vistas en detalle parecen abstractas. Los verdes de uno de los árboles y de su sombra alteran la tonalidad cálida de la pintura y disminuyen un poco su fuerte luminosidad, debida sobre todo a la dominante rojiza y a la imprimación que le da claridad desde el fondo. El predominante rojo cálido se debe más a la preferencia del artista por la monocromía, tan frecuente en sus obras, y a su deseo de lograr una pintura fresca, agradable a los sentidos, que al asunto representado. El cuadro fue pintado con rapidez, alla prima, en húmedo sobre húmedo, lo que le da un aspecto de boceto, pero sobre todo de espontaneidad.

Sabemos, por la fecha de realización, que este cuadro pertenece al periodo del artista que él mismo dató entre 1929 y1933 y denominó «pintura fruta», para enfatizar los valores sensitivos y táctiles de la pintura. Una etapa en la que además de pintar naturalezas muertas e interiores, se interesó por los paisajes, a raíz de su viaje de 1930 a la Provenza, tras casarse a los treinta y dos años con la rusolituana Rala Perewozska.

Aunque podemos ver este cuadro como un paisaje tonal, no debemos obviar su asunto: el trabajo de la tierra, tan distinto a los de los obreros de París y su ambiente de gran capital europea, ciudad donde Francisco Bores vivía desde siete años atrás, y donde compartía amistad con artistas y escritores de la talla de Derain, Picasso, Gris, Zervos y Breton. También fue amigo y compañero de profesión de otros españoles, entre los que se encontraban Hernando Viñes, Pancho Cossío y Joaquín Peinado, miembros de la Escuela de París, de la que Francisco Bores fue uno de sus principales representantes.

Ángel Llorente Hernández