Marina

Casimir Martínez Tarrassó

Martínez Tarrassó, Casimir

1898, Barcelona - 1980, Barcelona

Marina, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "Tarrasso"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

51 x 62 cm

CTB.1996.163

Historia de la obra

  • Galería Barcino Art, Barcelona, 5 de julio de 1996.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2014

L'ideal en el paisatge. De Meifrèn a Matisse i Gontxarova. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 120, lám. p. 121.

  • -L’ideal en el paisatge. De Meifrèn a Matisse i Gontxarova. Col.lecció Carmen Thyssen. Giró, Pilar [ed.]. [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Fundació Privada Centre d’Art Col.lecció Catalana de Sant Feliu de Guíxols, 2014, p. 120, lám. p. 121 [Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Tarrassó, tal y como firmaba sus obras este artista perteneciente a la generación catalana de 1917, dirigió su pintura hacia una renovación plástica, tal como marcaba la necesidad de su generación. Su obra se caracteriza por el protagonismo del paisaje, muy lejana del naturalismo, buscando la expresión a partir del color y del gesto impreso en la pincelada.

Su obra manifiesta casi una obsesión cromática, por la riqueza de luces y un trazo  ágil y rápido que impregna de movimiento la obra. La influencia de la obra de Mir, sobre todo de la primera época del artista, se torna evidente ya no sólo en el resultado plástico sino también en la elección del tema.

El recurso de colores vivos, impactantes, hace que su obra sea calificada en ciertos aspectos de fauve. E[ cuadro Marina sería un ejemplo válido para esta definición, en el contraste de blancos y azules, un mar cuyo movimiento deseado surge fuera de sus límites, impregna la roca y provoca sobre el paisaje una sensación como si estuviese impregnado de un soplo de lava azul, mediterránea, una lava cuya función sería la de modelar el paisaje, lejos del sosiego, en constante movimiento, buscando en él el frágil equilibrio entre la verticalidad de una roca abrupta y la horizontalidad profunda y casi infinita de un mar placentero sobre el que se desplazan bucólicos veleros a merced de un viento que hemos aprendido a dominar. Un juego de corrientes, que Tarrassó traslada a la pintura para relatar un paisaje cercano y a su vez de ensueño, un lugar en el que la mirada es acogida en la pequeña cala que aparece en primer plano y evoca la posibilidad de restablecer sobre la arena la Arcadia perdida.

Pilar Giró