Mallorca, 1947

Domènec Carles i Rosich

Carles i Rosich, Domènec

1888, Barcelona - 1962, Olot

Mallorca, 1947

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "D. Carles/1947".
Firmado, fechado y titulado en el reverso.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

59 x 82,5 cm

CTB.1996.96

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 18 de diciembre de 1996. lote 416.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2013

Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 98, lám. p. 99.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 118-119 y 176.

  • -Sisley, Kandinsky, Hopper. Col.lecció Carmen Thyssen. Giró, Pilar (ed.). [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2013, p. 98, lám. p. 99 [Ficha de Victòria Durá].

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 118-119 y 176.[Cat. Exp.]  [ Ficha de Victoria Durá].

Informe del experto

El pintor Domènec Carles i Rosich ha sido calificado en numerosas ocasiones como impresionista por la factura ligera, el predominio de la mancha y el color sobre la línea, el interés en los efectos ambientales y lumínicos, y el realismo con que interpreta las impresiones capturadas del natural. Desde un primer momento, el artista centró su atención en la pintura de flores y bodegones, interés que fue compartiendo paulatinamente con otras temáticas, como las marinas y los paisajes, en las que acabaría destacando por igual hasta ser considerado un gran especialista en ambos géneros.

A través de la pintura Mallorca se pueden analizar las influencias estilísticas y conceptuales que llevaron al artista a la adopción de su personal estilo, que en aquel momento -1947- estaba ya perfectamente asentado. Así, en la manera tan directa de encarar la luz, esa luz blanca y potente que crea el espacio y compone las formas y las texturas, intuirnos la sombra de los grandes maestros impresionistas franceses, sobre todo Renoir y Bonnard, de los que se declaraba especial admirador y cuya obra pudo conocer bien en París durante su etapa formativa (1911-1913). Por otro lado, en la estructura de la obra y en el uso de determinados recursos compositivos convencionales encontramos una continuidad sorprendente con la escuela paisajística catalana del siglo XIX. De hecho, junto a la primera sensación que recibimos de esta obra, amable, grata, deslumbrante, percibimos también elementos extraños a una pintura pretendidamente moderna; elementos y recursos que encontramos fuera de lugar o fuera del tiempo … La misma frontalidad compositiva levemente distorsionada por una sutil diagonal, la pincelada suelta pero marcada, o el anecdótico grupo de personajes que sitúa a la derecha -caracterizados como tipos populares de una manera un tanto anacrónica-, nos recuerdan los recursos utilizados en la construcción del paisaje por las grandes figuras de la pintura catalana decimonónica como Lluís Rigalt o Ramón Martí Alsina. Todo ello contrasta poderosamente con la elección de un tema de actualidad, porque las regatas de vela, que se desarrollaban en la isla desde finales del siglo XIX, se consolidaron precisamente entre las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX: un auténtico símbolo de modernidad.

El lugar concreto que representa Carles es difícil de identificar. Aunque una primera impresión pudiera llevamos a la sierra de Tramuntana, por las características de las geologías terrosas que protagonizan el paisaje, nos aventuramos más a situar el lugar en el borde costero del noreste de la isla, en concreto en algún enclave de la bahía de Alcudia.

Victoria Durá