La puerta de El Khemis, Mequinez, Marruecos

Théo van Rysselberghe

La puerta de Al-Monsour, Mequinez, Marruecos

Rysselberghe, Théo van

Gante, 1862 - Saint-Clair, 1926

La puerta de El Khemis, Mequinez, Marruecos, 1887

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

 Monografiado en el ángulo inferior izquierdo: ''Mekinez 87/ VR'' (en un cuadrado).
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

40,5 x 61 x 0 cm

CTB.2000.57

Historia de la obra

  • Émile Verhaeren, Bruselas

  • Winch Gallery, Londres

  • Christie’s, Londres, 4 de julio de 1980, lote 444

  • Christie’s, Londres, 30 de noviembre de 1993, lote 144

  • Colección Guy Heytens

  • Sotheby’s, Londres, 28 de junio de 2000, lote 150

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

1889

VI Exposition des XX, Bruselas, Musée d´Art Moderne

2006

Théo van Rysselberghe, Bruselas, Paleis voor Schone Kunsten; La Haya, Gemeentemuseum Den Haag, p. 256, lám. p. 33

2013

Le Grand Atelier du Midi 1880-1960. De Cézanne à Matisse, Aix-en-Provence, Musée Granet, n. 147, pp. 208 (lám.) y 287

2019

L’Orient des peintres, du rêve à la lumière. Musée Marmottan Monet, París. Cat. 42, p. 149.

  • -Picard, Edmond: El Moghreb-Al-Aksa: Une Mission Belge au Maroc. Bruselas, Éd. Largier, 1889 (Relato de viaje, ilustrado con dibujos de Van Rysselberghe), n. 252, p. 192, lám.

  • -Sotheby’s (aut. corp.): Impressionist & Modern Art. [Cat. subasta]. Londres, 28 junio 2000 , p. 65, lám.

  • -Feltkamp, Ronald: Théo van Rysselberghe (1862-1926). Buselas, Éditions Racine-París, Les Éditions de l’Amateur, 2003, n. 1887-026, p. 46 (lám.), p. 276 (fig.)

  • -Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Arnaldo, Javier (ed.). 2 vols. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, vol. 2, p. 174, lám. p. 175 [Ficha de Giséle Ollinger-Zinque]

  • -Théo van Rysselberghe. Bertrand, Olivier (comisario). [Cat. exp. Bruselas, Paleis voor Schone Kunsten; La Haya, Gemeentemuseum Den Haag]. Bruselas, Mercatorfonds – Paleis vooor Schone Kunsten – Belgian Art Research Institute, 2006.

  • -Jlaidi, Khadija: «De lokroep van het oosten». En Bruselas/La Haya 2006, pp. 19-37, lám. p. 33.

  • -L’Orient des peintres, du rêve à la lumière.  Musée Marmottan Monet, París [Cat. Exp. Musée Marmottan Monet]. Ed. Hazan, Vanves, 2019, Cat. 42, p. 149.

  • -Amiot-Saulnier, E.: “Un nouveau terrain d´expériences” en Connaissance des arts,  Vol. L’Orient des peintres, du rêve à la lumière. Musée Marmottan Monet. n. 846, marzo 2019, p. 31.

Informe del experto

Théo Van Rysselberghe fue un gran viajero y pintó este paisaje de Mequinez durante su tercera estancia en Marruecos, del 4 de diciembre de 1887 al 5 de marzo de 1888. Fue allí acompañando al jurista y escritor belga Edmond Picard, desplazado en misión oficial ante el sultán Muley Hassan. Su cometido consistía en realizar algunos apuntes que sirvieran para ilustrar el libro de Picard, titulado El Moghreb Al Aksa. Une mission belge au Maroc. El libro, muy buscado y del que hoy existen escasísimos ejemplares, se publicó en 1889 en Bruselas, en la editorial Larcier, con un frontispicio de Odilon Redon y 27 litografías a toda página, en blanco y negro o rojo, de Van Rysselberghe.En él se pone de manifiesto todo el esplendor y el misterio de este lejano país. El artista, que se había iniciado en el realismo y luego había pasado por un impresionismo autóctono, acababa de descubrir a Seurat y el Neoimpresionismo francés, gracias a su amigo el poeta belga Emile Verhaeren. Juntos habían admirado Un domingo de verano en la Grande-Jatte en París en 1886 y en el Salon de los XX en Bruselas, en febrero de 1887. Cuando parte para Marruecos, Van Rysselberghe está todavía bajo los efectos de este descubrimiento.

Aunque en principio le desconcierta esta técnica en la que, siguiendo los principios científicos de Chevreul y Rood, se yuxtaponen pinceladas y colores puros que inmediatamente sintetiza el ojo, no tardará en adoptar esta revolución pictórica, adaptándola a su propia personalidad y a sus necesidades artísticas. Siempre fiel a un planteamiento realista de las cosas, y aunque tomando de Seurat el procedimiento técnico, que no la estilización hierática, Van Rysselberghe conserva su originalidad innata. Pero fragmentará la pincelada y variará su tamaño para conseguir una luminosidad mayor que cuando mezclaba los colores en la paleta. Gracias a las numerosas cartas que envía desde Marruecos, en particular a su amigo Verhaeren, sabemos que al artista le impresionó el país, su luz, sus colores y su ambiente tan particular. Todo ello queda reflejado en su pintura, de la que el propio artista comenta: «Me gustaría que se perciba que hace calor.» o «Hace un tiempo precioso, tan bueno y tan agradable que no te lo puedes ni imaginar. Tanto que no me atrevo a pintar. Mis colores me parecen sucios, pesados, opacos. ¿Cómo representar la fluidez, la transparencia, el sabor puro del aire? ¿Cómo reproducir estas tonalidades tan variadas y, al mismo tiempo, tan puras y cristalinas?. Pero lo intento. Tomo apuntes de color y en Bruselas desarrollaré algunos de estos temas que he esbozado y que me resultaría absolutamente imposible pintar aquí de manera relativamente definitiva: los efectos son fugaces, el tema es demasiado hermoso y anula cualquier esfuerzo por plasmarlo. Me limito a mirar, observar, escribir.Hago acopio de notas, acumulo miles de cosas que impregnan mi espíritu y, más adelante, lo iré reconstituyendo basándome en mis bocetos. Este viaje será para mí uno de los recuerdos más hermosos de mi vida».

No se sabe si el artista pintó este paisaje de Mequinez del natural o en el estudio, después de volver del viaje. Pero sí sabemos que se llevó en el equipaje seis lienzos en blanco, dos o tres de los cuales ya estaban «manchados» cuando llegó a Mequinez. Pero lo que importa no es el lugar donde los creó, sino el resultado. En las seis obras pintadas o inspiradas en Marruecos, que expone en Bruselas, en elSalon de los XX de 1889, Van Rysselberghe pone de manifiesto una gran originalidad. Su pincelada ligera y tremendamente vibrante no tiene nada que ver con el puntillismo sistemático de un Seurat. Es capaz de reproducir tanto el ambiente especial, la belleza del colorido y el juego de luces sobre los edificios como el estremecimiento del aire y el ligero movimiento de las nubes.

Giséle Ollinger-Zinque