La esclava, c. 1926

Josep Clarà i Ayats

Clarà i Ayats, Josep

1878, Olot - 1958, Barcelona

La esclava, c. 1926 (Estática. Torso)

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Ejemplar 7/8. Firmado y numerado en el borde inferior.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Bronce

82 cm de altura

CTB.DEC97.114

Historia de la obra

  • Artfrance, París.

  • Colección particular.

  • Subastas BROK, Barcelona, 28 de octubre de 1997. lote 406.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1984

50 Ans d'Art Espagnol. De 1880 à 1936, Burdeos, Galerie des Beaux-Arts.

1985

A la recerca de la libertat. Barcelona-París 1900-1960, Barcelona, n. 89, (como: "L'esclava").

2015

Barcelona, París, New York. D'Urgell a O'Keeffe. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 82, lám. p. 83.

  • -Kjellberg, P.: Les bronces  du XIXe siècle. París, Les Editions de l’Amateur, 1987, p. 208, lám. (como: “L’Esclave”).

  • -Barcelona – Paris – New York. D’Urgell a O’Keeffe. Co.lecció Carmen Thyssen. Giro, Pilar (ed.). [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2015, p. 82, lám. p. 83 [Ficha de Elena Llorens Pujol].

Informe del experto

Cuando en 1926 Josep Clarà presentó en el Salon d’Automne de París la escultura Estática -versión de cuerpo entero de este Torso por la que su amigo y mentor Aristide Maillol no dudó en felicitarle-, su nombre ya formaba parte desde hacía varios años del elenco de artistas españoles residentes en la capital francesa que habían conseguido labrarse allí un porvenir más que respetable.

Clarà había abandonado su Olot natal en 1897 con los lápices y pinceles bajo el brazo con destino a Francia y, tras unos pocos años de paciente trabajo y fecundo aprendizaje en la École des Beaux-Arts de Toulouse, a finales de 1900 había desembarcado en París ya como escultor en ciernes, marcado por la profunda huella de la enseñanza académica. El destino quiso que llegara a tiempo para visitar la magna exposición de Rodin instalada en la Place de I’Alma; como tantos otros escultores, Clarà se rindió a los desafíos y a la potencia expresiva del lenguaje renovador de Rodin, si bien al poco tiempo arrinconó aquellos «versos libres» a favor de una rima mucho más consonante y en consonancia con los aires mediterraneístas que soplaban, de un lado, en París (cuyo primer y principal exponente, en escultura, era Maillol y su obra maestra Mediterráneo [1903-1905]) y, del otro, y muy en particular, en Cataluña con el noucentisme, cuya ideología había de regir de forma hegemónica su destino político, social y cultural en una idiosincrática «llamada al orden» que en materia plástica se concretaba, entre otros, en la vuelta a las raíces clásicas de la tradición mediterránea.

La amistad que Josep Clarà entabló con Eugeni d’Ors, principal ideólogo del noucentisme desde que en 1906 empezara a publicar sus «Glosas» en el Diari de Barcelona, no hizo más que reafirmarle en la opción escogida. De ahí que las piezas que Clarà empezó a trabajar a partir de 1907-1908 -y con las que obtuvo éxito y reconocimiento en los distintos certámenes oficiales- persiguieran ya sin ambages la representación de la belleza ideal, sin renunciar, por descontado, a la naturaleza como fuente de inspiración primaria para el artista. El cuerpo femenino desnudo fue para Clarà el campo de pruebas privilegiado en el que ensayar su dominio y perfección técnicos (tan alejados ya del virtuosismo rodiniano) y donde plasmar su particular versión del clasicismo, en el que predominan los valores de armonía, serenidad, estructura y equilibrio. Y ello a pesar de que a Clarà le gustaba ensayar con las variadas posturas que puede adoptar el cuerpo. Como en el caso de esta Estática, una joven de rasgos serenos y armónicos no exentos de cierta individualización, cuya pose con los brazos enlazados en alto permite al escultor explorar la tensión que resulta de contraponer torsión y estatismo. Y ello, no obstante, sin renunciar ni un ápice a la plenitud y rotundidad del ideal de belleza clásico.

Este ejemplar de Estática. Torso es una edición póstuma (realizada en los primeros años de la década de 1980 y a la que se tituló La esclava), puesto que no sólo su pátina es ajena a las habituales en los bronces del escultor, sino que además está numerada, algo que nunca hizo Clara en las ediciones de sus obras. Sea    como fuere, se conocen tres torsos realizados en vida del escultor: uno en terracota, en el Musée Goya de Castres (depositado por el Centre Pompidou); otro en bronce, en el Museu Nacional d´Art de Catalunya, un tercero en granito, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Elena Llorens Pujol