La Coronación de la Virgen

Bernardo Lorente Germán

Lorente Germán, Bernardo

Sevilla, 1680 - Sevilla, 1759

La Coronación de la Virgen

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza,
en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Óleo sobre lienzo

35 x 26 cm

CTB.2009.5

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, Madrid, 23 de junio de 2009.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza,

     

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 42-43. Ficha Trinidad de Antonio.

Informe del experto

Este pintor forma parte de la generación de artistas que siguieron la estela de Murillo y fueron capaces de adecuar su estilo a los cambios estéticos del XVIII, en especial tras recibir la influencia directa de la pintura francesa a partir de la llegada de la corte de Felipe V e Isabel de Farnesio a Sevilla en 1729. Se formó con su padre, modesto pintor local, y después con un poco conocido Cristóbal López (c. 1671-1730), que hizo fortuna realizando imágenes devocionales para el mundo americano.
Vivió toda su vida en Sevilla, donde se dedicó fundamentalmente a realizar obras religiosas para retablos, cuadros de altar y cuadros de pequeño formato de contenido devocional, así como algunos retratos y obras de naturaleza muerta, ya que se conservan en el Museo del Louvre dos trampantojos suyos. Tuvo éxito y cierto reconocimiento, pero no parece, por la documentación conservada, que tuviera un taller muy grande ni numerosos discípulos. Tampoco logró vincularse al círculo artístico de la corte, a la que no siguió tras su regreso a Madrid. Según Ceán, tuvo un carácter melancólico y reservado y «no quiso ser pintor del rey como se le propuso», pero el propio artista, en carta a José de Hermosilla, declara que se le cerraron las puertas de la corte por envidia. Sin embargo, hacia 1730 pintó un retrato del infante Felipe de Borbón, futuro duque de Parma, que fue muy del gusto de su madre la reina Isabel de Farnesio, mostrando en él, como en otros de su mano, un evidente eco francés, especialmente de Ranc.
Pintor de ejecución rápida, poseyó una técnica suelta y un estilo en el que predominó claramente el color sobre el dibujo, con gran interés por los contrastes cromáticos y el protagonismo de la luz. La Iglesia fue su principal cliente y realizó numerosos cuadros de la Divina Pastora, siendo uno de los principales difusores de esta iconografía, creada por Tovar, hasta el punto de ser llamado por Ceán «el pintor de las pastoras». Al final de su vida recibió el reconocimiento de la recién creada Academia de Bellas Artes de San Fernando al ser nombrado académico de mérito.
Por el inventario realizado tras la muerte de su esposa en 1738, sabemos que poseía una interesante biblioteca compuesta por treinta libros, entre ellos El Arte de la Pintura de Pacheco, los Discursos Apologéticos de Juan de Butrón, textos religiosos, de matemáticas y perspectivas, además de unas seiscientas estampas, las que con toda probabilidad utilizaría como inspiración y soporte para sus composiciones.

Trinidad de Antonio