La Bailaora

Manuel Benedito Vives

Benedito Vives, Manuel

Valencia, 1875 - Madrid, 1963

La Bailaora, 1905

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "M. Benedito/ Madrid, 1905"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

100 x 77 cm

CTB.2018.134

Historia de la obra

  • Abalarte Subastas, sub. diciembre 2018, Sub. n. 27, lote 1193.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2024 - 2025

Sons. Analogías musicales en la pintura. Museu Carmen Thyssen Andorra. P. 22, 23, 90, 168 y 193.

  • Sons. Analogías musicales en la pintura. Museu Carmen Thyssen Andorra [Cat. Exp. Com.: Giró,P.], Ed. Fundació  Museu Andorra (Museand), 2024. P. 22, 23, 90, 168 y 193 [Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Manuel Benedito es considerado uno de los pintores más destacados de la pintura valenciana de la primera mitad del siglo XX. Si bien su maestro Joaquín Sorolla ejerció una enorme influencia sobre él, cierto es que Benedito logró encontrar su propia forma de expresión incorporando a su obra las lecciones estéticas aprendidas durante sus viajes y estancias en Italia, Francia, Bélgica y los Países Bajos.

Una buena muestra de ello se puede apreciar en dos obras importantes, ambas realizadas en 1905: Pescadoras Bretonas, pintada durante su estancia en Concarneau, en la Bretaña francesa (Colección Museo del Prado), que le permite alejarse del luminismo sorollista y de los modelos mediterráneos, y La Bailaora (Colección Carmen Thyssen-Bornemisza).

El cuadro de La Bailaora impacta sin duda por su fuerza y vigorosidad cromática. En una visión general de la pieza, el artista juega con el recurso del claroscuro, lo que le permite que nuestra mirada se detenga sobre el rostro y escote de la figura principal, reforzado por la expresión valiente de la bailaora dirigida a los ojos del espectador. En segundo plano, enmarcando por los lados la figura principal, le acompañan dos personajes de tez oscura, el guitarrista a la derecha y la palmera a su izquierda.

El recurso de focalizar la luz y, por ende, el color, destacando en el escenario a la bailaora por encima de los músicos, se aprecia igualmente en una obra posterior de Anglada Cama rasa, Baile Gitano (c.1914-1921) expuesta en el Museo Carmen Thyssen de Málaga.

La Bailaora demuestra que Benedito ha asimilado y llevado a su propio terreno las lecciones de maestros modernos y contemporáneos. Sacábamos a colación el claroscuro de reminiscencias barrocas que otorgan dramatismo y espectacularidad a la escena, pero también es fácil establecer conexiones con el desenfado de la obra de Toulouse-Lautrec, así como una cierta atmósfera de retratos de Renoir.

La expresión de la pincelada y la luz de los blancos, rosados, azules y carmines confieren a la obra aspectos de la pintura modernista similares al tratamiento plástico de ciertas obras de Joaquim Mir o de Lluís Masriera.

Llaman la atención los lunares negros superpuestos al tejido de la cola del vestido de la bailaora, que parecen hacer alusión al origen de su historia en el traje de gitana, según el cual dichos topos fueron fruto de la casualidad por un error de estampación en el siglo XVIII.

Pilar Giró