Iglesia

Carles Nadal i Ferreres

Nadal i Ferreres, Carles

1917, París - 1998, Sitges, Barcelona

Iglesia, 1985

© Carlos Nadal, VEGAP, Madrid, 2017

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "Nadal / 85"
Titulado en el reverso
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

73 x 92 cm

CTB.1996.144

Historia de la obra

  • Sala Parés, Barcelona.

  • Colección particular.

  • Subastas BROK, Barcelona, 26 de marzo de 1996. lote 464.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2022 - 2023

Made in Paris: La generación de Matisse, Lagar y Foujita. Museu Carmen Thyssen Andorra. P. 52-53,83, 122, 173 y 176.

  • Made in Paris: La generación de Matisse, Lagar y Foujita. Museu Carmen Thyssen Andorra. [Cat. Exp.], Ed. Fundació Museu Andorra (Museand),  Principado de Andorra, 2022, p. 52-53, 83, 122, 173 y 176  [Ficha de Guillermo Cervera]

Informe del experto

Comentario de la obra:

Aunque nacido en París, Caries Nadal inició su forma­ción artística en Barcelona, primero en el taller de pintura decorativa de su padre y luego en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge (La Llo­tja) becado por el Ayuntamiento de la ciudad. Nadal anhelaba re­gresar a París para ampliar allí sus conocimientos artísticos jun­to a las nuevas tendencias, pero se presentó la Guerra Civil, en la que el joven Nadal estuvo re­clutado en el bando republicano, luego prisionero y finalmente li­berado; pasado el conflicto pudo reanudar sus estudios becados en Barcelona. Después de ven­cer ciertos obstáculos, el joven aspirante consiguió un préstamo del Ayuntamiento de Barcelona para instalarse en la capital fran­cesa. Allí el Estado francés le otorgaría una beca como estudiante extranjero para estudiar en la Escuela de Bellas Artes.

Los años en París fueron decisivos en la evolución artística y personal de Caries Nadal. En la Académie de la Grande Chaumiere conoció a George Braque. Además de entrar en contacto con la vanguardia parisina, conoció a su es­posa, la escultora belga Flore Joris, con quien se trasladó a Bélgica durante unos años. En Bélgica, Nadal descubrió los matices del color que aplicaría a su rica paleta cromá­tica y trabó amistad con el matrimonio Magritte, Paul Delvaux, además de conocer a Pablo Picasso.

Tras pasar cerca de treinta años en París y Bélgica, Na­dal estableció su residencia definitiva en la casa-estudio de Sitges (Barcelona). Fue durante esa etapa que el pintor ejecutó Iglesia de la colección Carmen Thyssen, óleo sobre lienzo que retrata una iglesia rodeada de árboles y prece­dida por una plaza con bancos. En la composición llaman la atención los árboles, pareciendo estar en movimiento.

El artista había afirmado en una de sus notas que “… en la composición hay que tener siempre presente el ritmo y el movimiento con la proporción del negro y el blanco … ” (19 de abril de 1943). El árbol de la izquierda, representa­do con un tronco sinuoso, parece estar bailando al tiem­po que agita sus ramas exuberantes. El resto de árboles también parecen oscilar en diferentes direcciones mien­tras exhiben sus densos follajes. Se distinguen diversas especies según la tonalidad de verde aplicada y delineada con tonos más claros en unos y más oscuros en otros. En esta forma de pintar se aprecia cómo el artista aplicaba las capas de color en primer lugar y por último definía las formas con una pincelada más fina encima. En la agenda personal del artista (anotación del 31 de enero de 1943) escribía: “El dibujo será reo de la pintura, y no aquella de este”. Con este convencimiento, en Iglesia Nadal logra convertir un paisaje en una danza de colores alrededor de un edificio que permane­ce impávido ante la vitalidad de su entorno. El efecto con­seguido en la representación de este vibrante conjunto de elementos suscita un cierto estilo naíf.

Aunque Nadal no perteneció a la generación de los pintores fovistas, sus pinturas reúnen las características más fau­ves, como los trazos espon­táneos, la llamativa coloración o la ausencia de perspectiva, sin deseo de representar la realidad tal cual es. En efecto, Nadal estaba claramente influenciado por el universo Ma­tisse y de hecho muchos de los interiores y exteriores pin­tados por Nadal recuerdan a los matissianos. Asimismo, existió un vínculo con la obra del fovista Raoul Dufy (ya que en ocasiones se le ha llamado “el Dufy español”) y con Maurice Utrillo. En cuanto a artistas catalanes, Emili Grau i Sala fue uno de los que también marcó el estilo de Nadal.

A lo largo de su carrera profesional, Carles Nadal, también calificado como “el fovista catalán”, cultivó toda clase de técnicas: acuarelas, óleos, grabados, acrílicos, guaches y litografías con temas urbanos, vistas marítimas, paisajes, interiores, modelos, bodegones y otros ambientes de ocio, que definen, sin duda, la originalidad y personalidad de este artista.

Guillermo Cervera